CRÍTICAS ESPECTÁCULOS

TRENES QUE PASAN
Por Juan Monzú (Cronista Oficial de Puebla de la Calzada).

El inabarcable arco iris de la humanidad, ese espectro familiar y cotidiano convertido a veces en borrón que mancha el lienzo de la coherencia hasta seruna sombra perpendicular que termina contaminándolo todo, no es más que una multiplicación de estaciones en donde se detienen, o no, los trenes que cargan con nuestras glorias y miserias, nuestros triunfos y fracasos, junto a lo que nos viene dado por la intrigante voluntad de los hados y los dioses, si es que existen.
     A pesar de nuestra soberbia, elevada a veces a categoría de presunción, de nuestra indiferencia, de nuestras creencias y nuestros ideales, los dioses o el acaso – vaya usted a saber ni no son lo mismo – que acostumbran a ser volubles, caprichosos, inesperados y más de una vez desalmados, de cuando en cuando nos bajan los humos y deciden quitarnos lo que creíamos nuestro y hasta lo que en derecho nos pertenece.
¡Incitados, naturalmente, por los manejos del propio ser humano, que no pone remedio a su contumaz y casi obsesiva costumbre de atentar, desde siempre, contra sí mismo! 
Entonces, nos damos cuenta de que estamos solos a pesar de los ruidos, de las risas ajenas, de las voces de la calle y de las manos que dan y reciben, y que no tenemos, no podemos o no llegamos; entonces, vemos que las luces no brillan, que la calle la alumbran poco más que sombras, y nos convencemos, a cambio de nuestro desengaño, de que la ausencia – o la carencia, o la falta de lo que antes sobraba –, va de nuestra mano, se sienta a nuestra mesa y se enfunda nuestro pijama.
A la sombra de un tiempo mejor,que se ha refugiado – desaparecido, cercenado, roto– tras el viento del recuerdo, se enfatizan los imposibles, las nostalgias, las dificultades, la soledad y los sentimientos, incluso aquellos que parecían dormidos más allá de los sueños y las pesadillas. Las estaciones, sin que hayamos sabido o podido evitarlo, se van quedando vacías y el tren resopla, alguna vía por la que la vida respira de otra manera, un casi inacabable retraso. Y las cosas,  incluso las pequeñas cosas que nos hacen la vida más serena, más llevadera, cambian, se oscurecen, y apagan el ser y su sentido de los más débiles, persona, casa o barrio.
El progreso, el poder y la desorganización, representados en un cuerpo solitario de hierro y hormigón que se muere de inanición y abandono, alarga su sombra sobre el café de Anita, y lo han condenado a ser poco más que una figura obligada a aceptar su moribundo presente, sumida en un extraño olvido; un lugar en donde lamen sus heridas, el resentimiento, la aceptación, el conformismo, las ganas de libertad, los anhelos de sobrevivir y los sueños, de unos parroquianos que intentan resistirse a comenzar a olvidar, por encima de sus derrotas, de la crisis, de los conflictos y de los pensamientos, en medio de una tierra de nadie y un camino a ninguna parte.
El café de Anita se ha convertido en una cueva en la que se refugian a partes iguales la realidad y la incapacidad, los fantasmas y las furias, los miedos y las miserias, las ganas de irse y las de quedarse, las revanchas imaginadas y los silencios consentidos; caminos y veredas del día a día que alguien o algo convierte en sendero obligatorio en pago de su afán, su insaciable egoísmo, su falta de escrúpulos, y la anchura de sus ambiciones, que fortalecen en los infortunios ajenos. Cada uno con sus razones y sus excusas, los clientes buscan vaciar sus recelos y sus desesperanzas, para seguir viviendo sujetos a sí mismos y a lo que fueron y tuvieron un día, cuya pérdida se resisten a aceptar a pesar de palpar su realidad, que apuntala su memoria, y sus consecuencias, que refuerzan su dignidad.
     Don Carmelo, intenta ser la cordura que parece encontrar, como explicación a la mentira o el desacuerdo, en el periódico en donde refugia un pasado mejor y un presente sereno y resignado que salpica de una atenuada rebeldía. Junto a él, Manuel, Fernando y Pepe, y Anita, que sobrevive víctima de sí misma, sus miedos y sus indecisiones, hablan, comentan, viven sus entusiasmos y sus apatías a la sombra deun modo de vida, que han perecido sacrificada por manos y circunstancias que no son suyas y engullida por la voracidad del poder y su poder, y del dinero, cuando imponen sus condicionesy su forma de entender porvenir, progreso y bienestar. 
      Y así se incuba, con la misma fuerza, la venganza de unos y la desidia de otros, la protesta sumisa y la violenta, la voz rota de los sueños extraviados por entre el aroma del café recalentado y las cuentas impagadas, y el grito ahogado de los fantasmas que no descansan en paz; y el regusto de saberse víctimas atadas a la imposibilidad y quién sabe si ancladas en el andén de una estación de la que se han olvidado de pasar los trenes que pasaban
Palique Teatro nos muestra, desde una perspectiva dura y realista que se cubre a veces de crueldad – real, viva, que existe – a un nostálgico y sereno anciano con un pesimista optimismo, a un dolorido trabajador superviviente de los manejos empresariales que busca venganza con su propia vida como moneda de cambio, a un ser conformista que calla y baja la cabeza, al padre de familia que se rompe y se violenta, y a la tabernera, que vive sujeta a un pasado que no arranca de su ser y no se atreve a romper con lo que la asfixia y le duele.
    Rostros de una verdad existente a la vuelta de cualquier esquina de cualquier barrio de cualquier ciudad, que viven una situación fácilmente reconocible, y que si uno a uno forman parte de esta realidad que adorna este cotidiano dia a dia nuestro, tal vez, no se entendería completamente sin todos juntos, como si fuera piezas independientes de un todo que sufren en primera persona, las mismas consecuencias que asolan al grupo.
  Una notable actuación siempre creíble, realista, sin sobreactuaciones, cercana, palpable, tangible, bajo una acertada dirección y un buen juego escénico, dan vida a un texto cuajado de verdad y exento de adornos innecesarios para mostrarnos como sus almas, cada una de esas almas, lloran los mismos dolores que lloran los cuerpos y los sentimientos de todos.
Los trenes que pasaban cerca del café de Anita, han dejado de pasar o, tal vez, son otros diferentes, con destinos diferentes y quién sabe si vacíos de sueños y oportunidades. Pero, en definitiva, trenes que en mitad de este progreso inherente al desarrollo y la evolución de la especie, para una buena mayoría más vienen a ser como aquel tren en el que viajaba el poeta, “siempre sobre la madera de mi vagón de tercera” y “ligero de equipaje”.
Un equipaje, que ha ido desapareciendo paso a paso, en cada estación en la que se han detenido esos trenes quepasan, en manos de poderosos y sin escrúpulos de toda clase, condición, pensamiento, ideología y tendencias, y casi nunca vemos, para llevarse nuestros resultados o para dejarnos sus desastres.

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EL SOLDADITO DE PLOMO
Por Juan Monzú (Cronista Oficial de Puebla de la Calzada).

Algo parecido a las palabras de Alfonsina Storni, “Cuando sobre tu pecho mi alma fue apaciguada, yo puse entre tus manos toda mi fantasía”,llamó a las entretelas de mi imaginación mientras miraba y veía, con la ilusión de un niño, la atención de un adulto y el interés del niño-hombre que habita en mí desde siempre y hasta siempre, la verdad, hecha escena, de la fantasía puesta al servicio de los sentimientos, la realidad de la imaginación hecha impulso tangible que duele en el fondo del alma, y no encuentra consuelo más allá de los bordes de esa misma alma, y de la materia con que ha sido concebida, imaginada, escrita o representada.
    Y es que si, como dijo Ortega y Gasset, “la fantasía tiene fama de ser la loca de la casa”, es posible que cuando falta ese punto de locura, la casa sea diferente, como si se convirtiera en otra cosa o no pudiera ser más que un lugar frío y distante, albergue de sentidos y sentimientos conviviendo en el más completo desorden, lejanos unos de otros, apartados de sí mismos y de su verdad, haciendo del mundo una imagen en blanco y negro.
Porque la fantasía puede convertir un corazón de plomo en una profusa fuente de sentimientos que imagina el instante próximo y sufre con la ausencia; la fantasía, puede hacer vibrar a una muñeca de porcelana, convertir la imagen del optimismo y la despreocupación, de la risa, en un ser cascarrabias y pesimista, e insuflar vida y emociones, en el inanimado cuerpo de una bailarina que hasta entonces, solo ha sabido moverse por la fuerza de un resorte mecánico.
Nacido en 1838, como un cuento para niños, de la imaginación de Hans Christian Andersen, el Soldadito de Plomo muestra un mundo casi tan real desde la inocencia de sus personajes, y sin desvestirse de sus ropajes de fantasía, que hasta lo inverosímil alcanza visos de posibilidad.
Un cuento apropiado para ese niño que sigue, o debiera seguir, eternamente dentro de cada de uno nosotros, hombres y mujeres con experiencias y conocimientos, y que lentamente sucumbe victimas de nosotros mismos. Porque su corazón de plomo rezuma delicadeza, timidez, inocencia; pero también ganas de vivir, esperanza, ilusión, más allá de su condición de muñeco y por encima de su ser inacabado o defectuoso. El soldadito, es inquietud y sufrimiento, y miedo y desaliento, pero también ilusión, confianza, sueño, y afán.
 Sentimientos, valores o debilidades que, si desde el papel parecen humanizar a los protagonistaspor la vía de las emociones, elevados a la materialidad del escenario, la realidad de los cuerpos y la movilidad de los gestos, alcanzan condiciones tan perceptibles, que ennoblecen la condición del ser, supuestamente, superior de la creación. Sentimientos, valores o debilidades que otorgan a la bailarina voluntad y decisión, desde su corazón mecánico, insuflado ya de calor y vida, para abandonar el inmovilismo de su propia naturaleza; que mudan el frío espíritu de porcelana de la muñeca, cansada de todos y de sí misma, en ánimo, utilidad y favor; que transforman la ironía y la burla del payaso en confianza y empeño, y hacen del soldadito un ser que sufre, desde su timidez, por amor, y desde su indecisión, por las inquietudes y los desmanes de la rata, un ser totalmente entrañable y, en el fondo, el más inteligente a pesar de sus bromas y exigencias.
Con un trabajo desarrollado con maestría y representado con un gran dominio de la escena, el tiempo y el espacio y perfectamente contado para niños y mayores, El Avispero Producciones ha llevado al teatro una hermosa adaptación del clásico infantil. Con un sencillo decorado, pero suficiente y delicadamente apropiado, que sostiene el peso de la historia con elegancia y sencillez, con un ritmo narrativo no exento de guiños humorísticos modernos, nos ha contado una historia tan creíble como fantástica, tan sencilla como interesante, que muestra en la piel metálica, de porcelana o de trapo, de seres por naturaleza inanimados, y también bajo la apariencia desagradable de un roedor, todos esos sentimientos propios y únicos, dicen, del ser humano, como son la esperanza, la ilusión, el ánimo, la amistad y, sobre todo, el amor.
      Mientras que Simón Ferrero dibuja con verdadera ternura, bajo su uniforme de soldado con defecto de fabricación, un espíritu apocado de plúmbeo corazón arrebatado de cariño y sufrimiento, Tito Oruga se crece, aumenta, ocupa,  llena, en esencia y presencia el escenario, con un increíble desarrollo de palabras, movimientos y gestos, para dibujar un personaje malicioso, interesado, hábil, inteligente, inquisitivo y, definitivamente, aliado y confidente.
Blanca Chaparro es la muñeca de porcelana que sin olvidarse de su condición, disfruta cuando piensa, cuando siente y cuando protesta con razón o no, y Ana Rodríguez – excelente, como recurso y como figura, la imagen de la muñeca girando en su caja de música – es el corazón más inocente incluso desde su naturaleza metálica de necesario resorte. Los niños rieron y fueron felices; los mayores, sonreímos y nos sentimos afortunados.
    El final feliz con camino que se abre para el soldadito y la bailarina, en un rio de aguas serenas que los llevará al futuro imaginado en su imposible imaginación, aunque se aleja del original, no deja de ser el esperado y deseado por todos y cada uno de nosotros, en nuestros mundos particulares de seres dotados de alma que arde,  corazón que late, y sentimientos que nos mueven, nos enseñan, nos engañan y nos revisten de niños o adultos.
    El Soldadito de Plomo, nos hizo disfrutar de un tiempo que, a todos, se nos hizo corto, pero se quedó en nosotros y, no cabe duda, ahí seguirá durante mucho tiempo en cada una de las ocasiones que nuestros corazones vibren por una ilusión o porque una fantasía adorna nuestras, a veces, endurecidas consciencias.
     Y porque como dijo el poeta inglés Samuel Taylor Coleridge, “la fantasía no es otra cosa que un modo de memoria, emancipado del orden del tiempo”. ¡Afortunadamente!

 

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JULIE – La voz de cristal
Por Juan Monzú (Cronista Oficial de Puebla de la Calzada).

Cuando al hombre le da por hacer bueno el pensamiento del premier británico Neville Chamberlain (1937-1940) de que “para hacer la paz se necesitan dos, pero para hacer la guerra basta con uno solo” y estar en contra de Cicerón, que decía preferir la paz más injusta a la más justa de las guerras (si las hubiera), es cuando se convierte en un lobo para el hombre (Homo homini lupus)y se desata el tiempo de las fieras.
      Es entonces cuando se quiebra el cristal de las voces delos auténticos perdedores de cualquier guerra más allá del bando que celebre la victoria. Es entonces cuando la vozde los inocentesse ahoga de llanto, cuando se le terminan las ilusiones y les arrebatan las esperanzas; es entonces cuando se resienten, se desmoronan y se resquebrajan los sentimientos, cuando la soledad se reviste de desolación, se corona de palabras que nadie escucha y se convierte en refugio y alimento.
Es entonces, consecuencia del desatino del momento, cuando el sentido deja de tener sentido y los instintos se convierten en anfitriones de los ferocescomportamientos y en descarnados tiranoscontra la más elemental y primariade las emociones que se le suponen al ser humano. Y es entonces cuando los resentimientos dejan paso a las venganzas, cuando los odios se disfrazan de extraña legalidad e insólita justicia – personal, enconada y dolorosamente injusta –, y cuando entra en vigor adornándose de potestad y vigencia,lextalionis, la ley del talión, aplicada por el código natural de la represalia más inmoralmente justificada por la conciencia del hombre.
Julíe, la voz de cristal que rasga la noche parisinay vive para sí y para quienes la escuchan hasta desde el fondo quebradizo del deseo contenido, tal vez no entiende, ni quiere, de las ambiciones personales de los tiranos que manejan, tristemente, una parte del mundo, pero esconde sus miedos detrás de un maquillaje obligado, un guiño forzado o una sonrisa dibujada sin ganas y tal vez oculta su temor en el horizonte caliginoso de las noches del Sena, y calma su espanto en el pesado insomnio del inviernode la dominación.
      Pero Julie, la voz de cristal, y tal vez por ello,se ve obligada, empujada, humillada, arecluirse en una insoportablemente caudalosa soledad, en donde su único interlocutor es un perro invisible que parece contestarle tras una puerta que la incomunica con la vida. Su mundo, es un reducido cuchitril en donde sus vivencias, de ayer mismo, no dejan de ser casi ululantes fantasmas que vulneran el más delicado fondo de su alma y sus pasiones; su mundo es apenas un montón de agridulces recuerdos que se mezclan atropellados con la, casi todavía tangible, sensación de latigazo de las voces que le escupen lo prohibido de una actitud, que a ninguno de aquellos defensores de la moral atacó, hirió o perjudicó; y aquel sucio desfilar de manos sobre su cuerpo que, en una corrompida coreografía de golpes, desgarros y burlas, la arrastran a la desnudez más impúdica y vergonzante que una mujer pueda sufrir. Su mundo es un ayer roto por las cóleras de la guerra, y sus consecuencias, que lo arrasa todo, incluso el amor, porque lo convierte en conveniente o prohibido, como una víctima más de las inconsciencias del hombre.
Y es que en el tiempo de las furias, la soberbia humana se eleva y se envanece hasta creerse capaz y suficiente para juzgar y condenar la bondad o no de la intimidad del cuerpo y del alma, la conveniencia o no, de los sentimientos que se quedan en aquel ignorado rincón del corazón que no conoce de bandos ni lugar en las trincheras, aunque tenga que pagar por ello.
Julie, la voz de cristal, se quiebra en mitad de un mundo de silencios que zumban en su interior con el grito desgarrador de las ausencias, el aullido de las alarmas y la detonación de las bombas. Julie, se arruga frente al frío aliento de la absoluta soledad que la prohíbe y la desvanece del mundo de los vivos, del que es parte incontestable a pesar de los manotazos, las burlasy los rencores.Julie, casi ni se queja y no pide nada; Julie solo teme por la persona amada aunque represente a su enemigo en la guerra; pero su guerra es otra, su guerra es el amor por encima de todo, en donde está su futuro, que no tiene, su ilusión, su vida, que le pueden arrebatar en un segundo inesperado.
Julie, la voz de cristal que rasgaba la noche parisina, que no se tiene ni a sí misma, solo es, y a pesar de los salivazos, ni más ni menos queuna mujer enamorada que busca, necesita y reclama el derecho y la libertad de amar y ser, y seguir siendo, amada. Lo que termina por hacer innecesaria la condición de inocencia o culpabilidad que la convirtieron en la víctima más irracional de las pasiones humanas. Porque la verdad de Julíe, lo que mueve el instinto de supervivencia de Julie, lo que a pesar de su marginación y su profusa soledad, de su imaginación, sus recuerdos y sus ilusiones de volver a ver el Sena, la llevaa seguir fundando esperanzas, su ambición, es estar firmemente convencida de que “amar no es mirarse uno al otro, es mirar juntos en la misma dirección” (Antoine de Saint-Exupéry) Y los ojos del alma, hemos de seguir creyendo que ven más que los contaminados ojos del cuerpo, y más allá de los uniformes cuando estosse desprenden de su significado y su esencia.
       Con una precisa puesta en escena que rezumaba la soledad y la oscuridad de un tiempo que jamás ha de volverse a repetir, la compañía Teatro Mutedan, con la obra del extremeño Miguel Murillo, muestra con una impresionante carga de realismo y veracidad, de la mano de su protagonista, la verdad del dolor que duele de verdad, más allá de las muertes y las cárceles, en los corazones de todos, pero especialmente en los corazones a los que les urge amar y ser amados en tiempos de guerra, los corazones que se desangran mientras esperan,a lomos del miedo y sobre los puentes de la soledad,a que amaine el temporal de los ríos poblados de egoísmos, despreciosy hostilidades, que se inundan de muertos.
Los momentos de espeso silencio que pespuntean la obra, parecían gritar que deberíamos llorar por nosotros mismos, si somos capaces de condenar y ejecutar con el desprecio, la soledad y la vergüenza,hasta la intangibilidad de los sentimientos.
     “Tristes guerras, si no es amor la empresa”, dijo el poeta. Y sabía lo que decía.

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Ars Amandi. Induo Teatro.
Por Juan Monzú (Cronista Oficial de Puebla de la Calzada).

Publio Ovidio Nasón escribió, entre los años 2 a.C. y 2 d. C., ArsAmandi (El Arte de Amar), en dos libros dirigidos a los hombres, “Sobre cómo y dónde conseguir el amor de una mujer” y “Sobre cómo mantener el amor ya conseguido”,posiblementecon más intención de ironizar sobre las relaciones entre hombre y mujer, y divertir, que con la de instruir a nadie en tan dificultosa industria del alma y los sentidos, y soliviantar, a pesar de la socarronería de los dos primeros versos del primer libro.
  “Si alguien en Roma ignora el arte de amar, lea mis páginas y ame instruido por sus versos
Movido por la inmediata y popular acogida, escribió un tercer libro que dedica a la mujer, quien sabe si por una avanzada intención de igualarla en el arte y la materia, al que llamó “Consejos para que las mujeres puedan seducir a un varón”. Pero a pesar de la intención entre didáctica y ocurrente, sus palabras fueron vistas por la extensa clase noble de aquella sociedad ensoberbecida, y del propio emperador – hasta entonces defensor de Ovidio – como una alusión directa a su vida privaday un ataque contra la severitas, la moral conservadora y oficial del imperio, impuesta por el propio Augusto con su llegada al poder en el año 27 a.C.
ArsAmandi, a pesar dela intencióny de los consejosque vierte, con el recurso de los dioses, para explicar las circunstancias que rodean el amor y sus circunstancias, es ironía y humor,al mismo tiempo que, tal vez, una sátira o cuando menos una crítica sobre la realidad de las relaciones entre las personas, más allá de su condición de hombre o mujer.
Los versos ahora son alabados, eso sí, pero se acogen con más gusto los dones magníficos. Por barbarote que sea un rico, nunca deja de agradar
Arsamandi, refresca aquellas pequeñas cosas que unen a un hombre y una mujer, víctimas propiciatorias del día a día y de la costumbre, y que nuestros poetas modernos magnifican como visionarios: los detalles, los versos.
   “A unas y otras (las mujeres) encómialas en tus versos y, buenos o malos, al leerlos dales relieve con el primor del recitado; acaso consideren como un pequeño regalo los cantos compuestos en su alabanza
Y todo ello posiblemente pueda ser contado de mil maneras, tan diferentes como exactas, y ninguna de ella se alejará de su esencia, apenas el sesgo con que se adorne cada una de esas maneras. Con más de dos mil años de vida, ArsAmandi sigue resultando tan fresco y actual como en aquel tiempo de doble moral, sorpresas fingidas, permisividad y rigurosidad tan poderosas como frágiles, corrupción y honradez, unidas hasta confundirse, soborno y poder, amantes ocultos de la mano por el Foro, o fortuna e indigencia, cohabitando con naturalidad a la vista de todos y con la anuencia del desapego y el nepotismo de las conciencias. 
  De todas esas mil maneras, Induo Teatro, ha elegido la que parece más apropiada en estos tiempos de tantas dobleces particulares y generales, de tanta supuesta honradez en la disyuntiva del entredicho, de tanto sabihondo, letrado y titulado ignorante  que ni lee ni sabe lo que firma, y de tanta indolencia de tantos lucrándose del esfuerzo de tan pocos, para contarnos el arte de amar que proponía el casi revolucionario Ovidio, al albur de airear los fondos más sucios, más disparatados y más irracionales del Foro de nuestra urbe, todavía, patria.
      Y lo hace de la mano, la capacidad, y el manejo del arte que atesora Chico García, quiensin regatear esfuerzos y ganas y, antes al contrario, en un constante crecerse con la situación dispuesto a darse más y mejor, se abrió en canal, se entregó en cuerpo y alma, para dejarnos todo cuanto de sí mismo le permitieron las fuerzas con que afrontó la tarea, hasta más allá de la fatiga, de hacernos conocer ArsAmandi y sus escenarios, Ovidio y su tiempo – identificado con el nuestro – el ser humano y sus condiciones.
     Nos ubicó con sutil delicadeza, aunque llenando desde el primer instante la escena, en el pensamiento de Ovidio y su magisterio en el arte de amar y la consecución del amor deseado y soñado;y lo consigue yendo con pasmosa facilidad creativa que nos enseña y nos ayuda a entender, de la severidad a la agudeza, de la prudencia a la ocurrencia, de la mesura a la ironía, del amor de Ovidio al desafecto de nuestro tiempo y algunos de los protagonistas de relumbrón que, amor o desamor mediantes, pueblan nuestra sociedad.
      El texto, la representación y el actor, respetan a Ovidio con la solemnidad debida hacia quien se enfrentó con sus versos al sistema y, sin burlarse de él, bromea y pone en duda la facilidad para conseguir el amor siguiendo sus consejos – actualizando fondo y forma del amor entendido en estos tiempos –y los tres principios en los que el poeta basa el buen fin del propósito, con los que juega utilizando los mismos argumentos actuales de forma y fondo, de hombres y mujeres.
Y lo hace,como un maestro de la escuela peripatética bajo la pérgula, sin abandonar el constante ir y venirde la verdad a la broma, de la mojiganga a la naturalidad, ocupando por completo el espacio tiempo de la acción, del mensaje y de la unión con el espectador, en un esplendor de tonos, movimientos, poses, frases, dichos, visajes, y gestos, casi hilarantes a veces, que no solo no llegó a desfallecer, sino que crecía permanentemente de forma casi subliminal, para narrar un gran texto con la sencillez más comprensible, y adornado de la seriedad necesaria que nos mostraba la esencia del buen teatro, grabado a fuego en la piel de un gran actor que hizo vibrar, con su portentosa actuación, a todos; un gran actor que, al mismo tiempo, resultó ser persona cercana y sencilla, lo que pondera mucho más su capacidad para llenar por sí solo la escena y la acción con su casi insuperable actuación.
ArsAmandi, en la voz y la excelsa representación de Chico García, sacudió los rincones del teatro entre risas y poesía, bromas y críticas, lecciones de amor y dedos acusatorios que, manteniéndose a la altura y la dimensión de la grandeza del poeta latino, hicieron al espectador sentirse parte de aquello mismo que veían, casi como protagonistas necesarios, y quien sabe si, tal vez, más de uno identificó, en los versos de  Publico Ovidio Nasón, sus propios errores o carencias en el arte de amar. 
  “Si tienes verdadero empeño en conservar tus relaciones, persuádela que estás hechizado por su hermosura… ¿se adorna con franjas de oro?, asegúrale que sus formas tienen más precio que el rico metal… admitido en su tálamo, ten exquisita cautela en que tus palabras no le parezcan fingidas y el semblante contradiga tus razones…” (Ovidio.- ArsAmandi)

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Tartufo el impostor. La Trapera Teatro.
Por Juan Monzú (Cronista Oficial de Puebla de la Calzada).

Pueblan la historia, un incontable número de personajes que supieron, desde la habilidad y la palabra hueca y vacía pero bien vertida en los oídos de quienes los escuchaban, explotar la inocencia, la ignorancia, la debilidad,el afán o la arrogancia, para ganarse la voluntad de las consciencias crédulas y no tanto, y de otras cuyas razones para dejarse seducir, pertenecen a otras causas, intenciones y circunstancias. La política, los intereses de cualquier clase y condición, fueron caminos expeditos que los tramposos supieron transitar en beneficio propio. Y especialmente la religión, sobre todo en momentos de reformas, contrarreformas y sus secuelas, que fue un campo sembrado en el que florecieron los falsos devotos que manejaron a su antojo, vidas y haciendas, familias y conciencias, dichas y destinos.
La Real Academia de la Lengua llama al hombre hipócrita y falso, tartufo, y el diccionario de sinónimos y antónimos identifica al hipócrita y también al santurrón, como tartufo. A nuestro pesar y del desuso del término, el personaje sigue vivo y activo en estos tiempos nuestros de abundancias y ruptura, y hasta tal vez se haya revitalizado inventando el hábito de santurrón de las finanzas, de la política o la sociedad, en el más amplio sentido de los términos y las situaciones.
      Tartufo es un manipulador, un vendedor de aire, un encantador, un donjuán de los suburbios del alma, un embaucador que aprovecha las debilidades y las necesidades calladas de las conciencias, para adecuar las formas y los fondos a sus ambiciones y someterlas al imperio de su codicia, de la falsedad de sus palabras, la astucia de sus intenciones y su falta de escrúpulos. Tartufo, santurrón, explota los miedos que acobardana los que dudan entre el bien el mal y sufren con los castigos del cielo, siendo un perfecto fariseo que, travistiéndose de impostor, terminará siendo amo de voluntades y deseos, y dueño de los propósitos y las esperanzas ajenas.
 Tartufo no podría sobrevivir en un ambiente en el que su voz fuera una más, un ambiente en el que las decisiones no estuvieran dirigidas por su indescifrable voluntad y su disimulo, y en el que no tuviera nada que torcer, ganar o destruir.
Cuando Jean BaptistePoquelin, Moliere, estrenó su Tartufo en 1664, no recibió otra cosa que las iras de los devotos (naturalmente lo falsos devotos) que encontraron en ella un ataque contra la religión, llegando incluso a amenazarse con la excomunión a quienes asistieran a sus representaciones. Pero Tartufo también ataca al poder (del político o del paterfamilias), a las costumbres y a la propia sociedad, que no por ser las del siglo XVII, han dejado de ser de palpitante actualidad en estos tiempos en el que los tartufos medran, abundan y sobreviven.
      La Trapera Teatro, en un alarde de imaginación y buen gusto, con un ingente despliegue de buen trabajo y profesionalidad y una buena mochila de recursos a sus espaldas, posiblemente nos sacó los colores con su Tartufo; moderno, lleno de luz, revestido de gotas de humor, sereno, dominador, trágico, dramático, lascivo, pero sobre todo pacientemente cruel, serenamente inalterable, vengativo, ejecutor de sus propios apetitos hasta más allá de lo humanamente soportable. Su Tartufo es el mismo Tartufo que fuera prohibido durante cinco años tras ser estrenado, el ruin personaje que, a pesar de sus rezos y sus símbolos, es la imagen de la hipocresía, delamalicia, de la lisonja, del engaño y de la más vil comedia humana.
En medio de una escenografía tan sencilla como espectacular, con un sonido tan ausente como ruidoso, un vestuario tan contemporáneo como exacto, y una iluminación rayana a veces en lo “im – presionante” por cuanto se identifica con la historia y sus momentos hasta hacerse piel de su piel, voz de su voz, sentido de sus sentidos y dolor de su dolor, Tartufo, presente o vivo en las palabras de los miembros de la familia que no se dejan engañar por sus modos y ardides, muestra los bajos barrios de la condición humana, destapando la desnudez más vergonzosa de las pasiones y la fragilidad del burgués Orgón,temeroso del cielo pero tan tiránicocomo inocente, tan intransigente como ingenuo, tan autoritario con los suyos como débil con su capacidad de discernimiento, anulada por el influjo del farsante.
Tartufo y Orgón, a pesar de cuantos los separa, a pesar del principio y el fin de sus horizontes y sus intenciones, a pesar de todo,son tan diferentes como iguales en sus propósitos porque los dos persiguen, sin remediar medios y consecuencias, sin sopesar  ni esperar quien sabe si otro mayor bienestar, la satisfacción personal, debilidades y ambiciones, ya sea escapar del castigo divino a través del falso, pero convencido, devoto o saciar las ansias de riquezas en los bolsillos y la familia del incauto, manejando en cada momento los hilos que mueven vidas y destinos.
Tartufoy Orgón, son en sí mismos, doblez y debilidad, humildad y soberbia, ambición y sencillez, cualidades y defectos que alcanzan momentos de grandeza con la Señora Pernelle, a los que intentan reformar,adornando la situación de inesperados asomos de vis cómica que las sublima,Elmira,contrapunto lúcido del equívoco, yDorina, picardía callejera, desequilibrio en favor de la verdad, totalmente alejada del rol clásico de la sirvienta del teatro del siglo XVII.
Mariana, va y viene por la acción, cruza en medio de todos, siendo la hija obediente y abnegada, dispuesta a ser la mejor moneda de cambio en el negocio de la tranquilidad de espíritu de su egoísta y ególatra padre,y Valerio, resulta fundamental en el exacto decorado de la escena y los momentos de un gran montaje, una obra que en origen está compuesta de cinco actos.
¡Una gran noche de teatro, una gran obra y una mejor representación! Un gran espectáculo que se vio enturbiado con un problema de audición que en varios momentos se hizo sentir por el tono excesivamente bajo de los actores, que actuaban sin ayuda de micrófonos, y la posición alejada que ocupaban casi al fondo de la escena, lo que además de robarle fuerza a la actuación y el interés, levantó la queja murmurada de más de un espectador que, no obstante, guardó silencio y absoluto respeto de la representación y el trabajo de cuantos estaban en el escenario. ¡Permítaseme el apunte, con la mejor de las intenciones!
  A pesar de todo, Tartufo, que sigue entre nosotros porque jamás dejará de haber un impostor acurrucado en los arrabales del sentimiento, nos mostró cara a cara y de frente, una parte de lo más sórdido de nosotros mismos y de lo que nos rodea.

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CÉSAR. De Fernando Sansegundo.
Por Juan Monzú (Cronista Oficial de Puebla de la Calzada).

     “¿Cuál es la muerte más dulce? – preguntaron a Cayo Julio César mientras cenaba en casa de Marco Emilio Lépido, a lo que él contestó de forma confiada al estar entre los que suponía sus amigos: “La que llega sin previo aviso”. Al día siguiente, idus de marzo del año 44 a.C., caía asesinado a manos de una facción de senadores que creyeron salvar la Res Pública que ellos consideraban en peligro si aquel seguía siendo, como era, el dueño de Roma, de sus finanzas y de un poder que superaba al propio Senado. 
      Como tantos salvadores de la patria que han existido, aquellos Senadores,además de privar a Roma de un gran estratega y uno de sus mejores gobernantes, no hicieron otra cosa que precipitar la caída de la república y lo que se suponía eran los sagrados valores que intentaban proteger con la muerte de César, a quien acusaban de querer destruirla, titulándose rey, algo que nunca sugirió y antes bien rechazó el laurel y la diadema con que Marco Antonio quiso coronarlo durante las Lupercales.
Servilio Casca, Marco Junio Bruto y Cayo Casio Longino fueron los principales instigadores del crimen, amparados en “el espíritu de Catón” para defender los intereses de la República, por razones que a la postre no parece que fueran más que intereses personales y particulares entre los que estaba el desagradecimientodeCasca, al que César había perdonado la vida, dos veces, durante la Guerra Civil, o el resentimiento de Casio, espíritu de la conjura, tal vez por la escasa recompensa con que, a su juicio, lo recompensó César tras la batalla de Farsalia. Bruto, quizás fue el único convencido de la necesidadde salvar a la República y de que la única forma de hacerlo era mediante aquel crimen, porqueaunque amaba a César, “amaba más a Roma”.
El montaje sobre la obra de  Shakespeare, Julio César, que Fernando Sansegundo ha puesto en escena, nos acerca al momento de la conspiración y el crimen, en una Roma,que bien podría ser cualquier ciudad, a la que unas mujeres decididas buscan salvar de la esclavitud y la tiranía. Aunque por encima del espíritu y la presencia, y del propio nomenfemenino, las figuras más importantes no se desprenden, a través de sus identidades, del agnomen y cognomen masculinos de la historia – Marcia Bruto– y Claudia Casio –, quedandoen la ambigüedad, Casca, a quien no se le da praenomenalguno. Las otras dos figuras son, también por nombre, mujeres. Marcia Antonia (Marco Antonio) y Lepida Emilia (MarcoEmilio Lépido), que no intervinieron en el magnicidio y se ignora si lo conocían.Porcia es la mujer de Bruto, y, parece, la única mujer participe de la conspiración y por tantocómplice necesaria.
 César altivo, envanecido, que desdeña el consejo, “Cuídate de los idus de marzo” y se ríe de sospechas ajenas, “Solo se debe temer al miedo”, orgulloso de su título de dictador in perpetuum, que le concedió el senado, y con el que gusta sentirse dueño y señor de todos. Pero los ropajes púrpuras del poder, no consiguen esconder a Cesar temeroso de sus propios sueños, en los que nunca creyó, y en los que ahora cree como un mensaje trágico de que su vida perecerá ahogada en su propia sangre; unCésar asustado que busca excusas para no acudir al Senado. César, cansado, invadido de inevitables dudas sobre la vida y la muerte, sobre el triunfo, sobre el poder y el descanso. Cesar, confiado, ignorante de que va a ser sacrificado porlas ideas y las ambiciones de aquellos a los que más quería o que tenía más cerca.
El gran César, engañado y traicionado por quienes se autoproclamaron la voz y la conciencia del pueblo para salvar al pueblo y preservar la libertad de una sociedad tan corrupta como grandiosa, tan depravada como selecta, tan pervertida como autoritaria; el gran César, al que se le podía acusar de casi todo lo bueno y lo malo, inculpado y condenadopor una intención y un deseo que solo imaginaron aquellos que lo temían; el gran César, amado por el pueblo, temido por los poderososy odiado por patricios y optimates, descendiente y protegido de Venus,víctima de la muerte más inesperada y silenciosa que nunca hubiera podido imaginar.
Es la diosa Venus quien justifica la versión de Fernando Sansegundo, porque son las mujeres – “hijas de Venus” – las que sacrifican a César en el nombre de la misma libertad que, en principio, defienden los hombres; Venus dirige su defensa de los valores de la república que otro Bruto, Lucio Junio,  instituyó con la expulsión del último rey casi 500 años atrás; Venus está en las mujeres que representan el poder, sin estar en las instituciones; el espíritu de la Roma ancestral que sienten en peligro, la fuerza para amarla por encima de las cosas y las personas, y la determinación para acabar con cualquier intención que atente contrael aliento del pueblo romano. ¡Que en definitiva es el aliento de todo pueblo, más allá de su nombre, y de su gente!
      Y es Venus, sus ojos, su media sonrisa, el último e intemporal testigo del postrer hálito de Julio Cesar, derrotado con 23 puñadas dirigidas por la voz del pueblo que creían encarnar Marcia Bruto y Claudia Casio, de la misma manera que creyeron hacerlo Marco Junio Bruto y Cayo Casio Longino, en los idus de marzo del año 44 a.C. mientras contemplaban sus despojos a los pies de la estatua de Pompeyo.
Ellas, la historia, nos convirtieron en testigos obligados de una conspiración de la que los mismos conjurados dudan de causas y resultados; fuimos pueblo de Roma que vitorea a César cuando rechaza la corona, Patresconscripti de la Curia, testigos mudos del magnicidio, y turbamulta que reclama justiciaen el Foro, ante las palabras de Bruto para justificar los hechos.
      “Porque fue mi amigo, lo lloro; porque afortunado fue, lo celebro; porque fue valiente lo honro; porque fue ambicioso, lo maté”.
      Con un casi inexistente decorado que en verdad conforma una gran puesta en escena para la ocasión, la conspiración y el asesinato de Julio César, inundaron de tensión el ambiente, nos hizo pensar en la bondad o no de las causas manejadas, amamos y odiamos a ejecutores y ejecutado, porque si es verdad que nada justifica el asesinato, César y su muerte nos obligaron a sopesar la duda razonable de elegir, llegado el momento, entre salvar a una persona o salvar a un pueblo, como lo reflejan las palabras de Bruto: “¿Prefirierais que César viviera y morir esclavos o que esté muerto César y vivir libres?
El gran saber hacer de todos los protagonistas cercano al mejor de los trabajos, despertó interés, angustia, pensamiento y duda en quienes vivieron, aun con nombre y piel de mujer, las inquietudes de uno de los grupos de conspiradores más importante de la historia.
Posiblemente, un guiño cómico al drama, lo puso el director en Casio, personaje que cojea, nada extraño teniendo en cuenta que la raíz de su nombre, Claudia, esclaudus/i, forma latina de “cojo”.

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BRUJAS. Cía. Lolita Corina.
Por Juan Monzú (Cronista Oficial de Puebla de la Calzada).

Desde que el 5 de diciembre de 1484, Giovanni Cybo, más conocido como Inocencio VIII, papa nº 213 de la Iglesia Católica, promulgara la bula Summisdesiderantesaffectibus, reconociendo la existencia de las brujas, que derogaba el Canon Episcopi del año 906,que mantenía que la creencia en la brujas era una herejía, el miedo, la ignorancia y la superstición crearon y vieron la existencia de una población de brujas a las que persiguieron, condenaron y castigaron, con el amparo y el impulso de la propia iglesia  que las persiguió con saña casi hasta finales del siglo XIX.
Sorgina en euskera, bruixa en catalán o meiga en Galicia, abundan los nombres de mujeres que sufrieron la acusación de ser brujas y terminaron pagándolo con sus vidas o, cuando menos, siendo víctimas de un proceso en el que no faltaron torturas y acusaciones falsas. Entre estas mujeres, y una de las que se tienen noticias más antiguas, estuvo Dominica la Coja, mujer que vivió en la primera mitad del siglo XVI en la comarca de Somontano Barbastro como partera y curandera, que en 1535 fue ahorcada acusada de bruja.
Además de las brujas de Zugarramurdien 1610, y otra muchas en Europa, importante fue la caza de brujas en Tarrasa en el siglo XVII seguida contra, entre otras, Margarida Tafanera, Eulalia Toxta, Miquela Casanova o Guillerma Font “Miramunda”que tras ser torturadas, murieron en la horca el 27 de octubre de 1619. Finalmente, en el siglo XIX, Joaquina Bona, “la tía Casca”, vecina de Trasmoz, en la comarca de Tarazona y el Moncayo, fue despeñada por un barranco en 1850 por sus vecinos, acusada de “ser capaz de volar, hablar latín y otras lenguas, o provocar males a niños, animales y cosechas
Después de aquel tiempo de ignorancia y oscurantismo, resulta reconfortante ver los deslavazados sortilegios y procedimientos de las brujas que pone en escena con la mejor intención de entretener sin más ambiciones, el grupo Lolita Corina y que encarnan con desparpajo y deliciosamente alejadas de cualquier estereotipo, tradicional o moderno, que las identifiquecomo tal, Lola González y Coral Ros, permanentemente cargadas de humor, chanza, sarcasmo, y hasta de las más elementales trazas, perfecta antítesis del genero e exacta imagen de las torpezas y los desconocimientos.
La hora de las brujas, cuando todo lo que tiene magia sucede y ocurre, cuando los hechizos llaman al más allá, cuando lo intangible puede hacerse real con la fuerza del propósito, cuando todo y nada son solo uno, puede ser la mejor hora para pintarle la cara de payaso al rostro más serio de la vida, al lado oscuro de la luna, al fondo negro del telón de nuestro escenario, y hacerlocon los títeres de un humor que transita por una invisible cuerda suspendida sobre el absolutoabsurdo, el dilatado imposible, la burla más honesta, la mayor caricatura, el mejor mimo, y la más absoluta y ridícula verdad de los filtros y los ensalmos que, realidad o invento de su empleo y eficacia, costó la vida a muchas mujeres durante siglos, por culpa de quienes veían en cualquier hecho, desconocido en aquellos tiempos, la mano de una bruja. 
Los gatos, animal venerado por los antiguos egipcios como dioses, fiel compañero de las brujas y que simboliza lo mágico y lo oscuro, con estas brujas sestean cómodamente bajo la mesa y los sillones y acaban siendo víctima de sus perdidos pasos y sus despistes y torpezas, desmitificando su imagen convertidos en pacíficos y variopintos peluches.
No hay escoba, ni aquelarre, ni pócimas, ni ungüentos, ni bebedizos de mandrágora,ni falta que hacen; la cromniomancia– adivinación a través de la bola de cristal– no pasa de ser un simple adorno tan inservible como la vela que no se deja encender, no sabemos si por voluntad propia o por influencia de la bruja que permanece aprisionada en un cuadro inanimado, por culpa de un conflicto de competencias y poderes que terminará cobrando su venganza. ¡Brujas!
Nada es, como la imaginación nos quiere hacer creer que es, o fue, el mundo de las brujas, porque Lula y Dora (Lola y Cora) han decidido, no sabemos si embrujo mediante, salirse de madre, iluminar las sombras, pasar al otro lado, ignorar lo adusto y el fundamento, reírse de sí mismas y con todos nosotros, renegar de los fantasmas y sus influencias, usar “pastillas” para la iniciación en el “brujerío”, y contarnos una historia que busca el entretenimiento, buen entretenimiento, por encima del propio argumento, de la fuerza del texto o de la credibilidad.
Credibilidad que no se hace necesaria en ningún momento, porque Lola y Cora (Lula y Dora) son creíbles por sí misma, con su saber hacer, con su saber estar en escena, ocupando, con oficio, el espacio necesario en cada momento y llenándolo, con maestría y “tablas”, con la mueca necesaria, el gesto oportuno, el sentimiento entregado y el alma puesta en la intención y el buen fin de proporcionar y conseguir, un rato de diversión sin más, que falta nos hace, a través de la cómoda senda de la risa.
Las brujas, aquellas, debieron esbozar una sonrisa desde su mundo de ayer.

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NUNCA DIGAS QUE ESTUVE EN CUENCA. Arte-Facto Teatro.
Por Juan Monzú (Cronista Oficial de Puebla de la Calzada).

Hasta casi nuestros días, pespunteó el horizonte de aquella España de charanga y pandereta, la silueta nómada de los cómicos de la legua que, a pie, en carros y,en los primeros años de la posguerra, en arruinados vagones de tercera como los del tren en que viajaba Antonio Machado, que “camina y camina y tose con tos ferina”, o desvencijados autobuses que se asfixiaban cuando subían las cuestas y traqueteaban cuando las bajaban, y con más interés que acierto muchas veces, intentaban llevar el teatro de pueblo en pueblo, a veces por un mísero plato de comida fría y el reposo en un mal jergón en donde descansar los apenados huesos en aquel viaje a ninguna parte.
El camino era demasiado largo, el horizonte, exageradamente ancho, la meta, llegar por cualquier medio, allí en donde representar su función y si fuera necesario al más recóndito lugar de la geografía, para dar vida a los personajes de una comedia, un drama épico, una tragedia, o la más absurda historia jamás contada. Siempre en constante movimiento, de un pueblo a otro pueblo, de un lugar a otro, víctimas de la prisa y la obligación, ignorando casi todo de todo y de todos. 
Teatro itinerante y aficionado que será el germen del teatro independiente que va a oponerse y enfrentarse al sistema ya fuera político, social o de las propias estructuras teatrales profesionales. Teatro por el teatro, sin importar en donde se estaba porque había que estar, o hacia donde se iba, porque había que ir, ni si se llegaba a Toledo o a Cuenca, porque había que llegar. Y trabajar como fuera en lo que fuera – incluso contra los propios ideales y principios – porque había que comer y seguir camino hacia donde fuera.
El hambre de uno, los ideales de otro, la casi ingenuidad de otro acuciada por su amor al teatro, la inconsciencia de la pícara que confunde unos ideales que se tambalean al son de un pasodoble y la experiencia de quien negocia casi a ciegas para conseguir los billetes que les permita salir en un autobús cansino que no tiene inconveniente en dejarlos en cualquiera de las cunetas de lo inesperado, son causa suficiente para que un grupo, en un lugar que no conocen aunque saben situar en el mapa de aquel tiempo, se atreva con lo que no quieren hacer, lo que no pueden hacer, lo que no recuerdan, un libreto que se escribió un día que nadie conoce y casi extraviado al fondo de un exiguo equipaje de vestuario y sonido que cargan en sus cansadas espaldas y sujetan sus doloridas manos.
Arte-Facto Teatro, pone en marcha su obra Nunca digas que estuve en Cuenca, imbuyéndose en las formas de una gangarilla y un cambaleo que en ocasiones derivan aires de garnacha y bojiganga, (nombres de diferentes grupos de teatro de distinto formato durante el Renacimiento y el Siglo de Oro)para desarrollar con letras de humor la situación de estos grupos de teatro en aquellos difíciles años cuarenta.
Bajo la firme batuta de Pepa Gracia, actriz de altura donde las haya desde siempre, mujer de teatro curtida ya con la piel de cientos de personajes diferentes y de mil diferentes registros gestuales, José Luis Vega pone la vis cómica más cómica y humorística, dificultado su trabajo con su papel de súbdito portugués que su habilidad y conocimientos del idioma salva sin dificultades.
Isabel María Parejo, dibuja con suficientes tablas la folclórica con aires de diva que no tiene para comer, Luis Manuel Pascual pinta con serenidad un intelectual resentido que no consigue reivindicar entre sus compañeros la impronta independiente que ha de tener el grupo, José Antonio Teodoro es un exacto Sancho Panza del quijotismo que, en resumen, preside la actitud de todos, y Teodoro Gracia, es experiencia, conocimiento, capacidad para “clavar” el papel que le toca.
Trabajar y seguir; seguir el rumbo ambulante hacia el destino soñado y el éxito esperado… por ello, mejor nunca digas que estuve en Cuenca.

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EL PUEBLO DE LOS MELLADOS. Félix Albo.
Por Juan Monzú (Cronista Oficial de Puebla de la Calzada).

Posiblemente porque, como dijo Groucho Marx, la risa es una cosa muy seria, hacer reír y sostener la atención y el interés con una sonrisa casi permanente, debe ser potestad de unos pocos,dueños de una ingente capacidad para la narrativa y con habilidad suficiente para la comunicación y el acercamiento.
Las debilidades del hombre y sus condiciones, se han adornado siempre de confidencia y de misterio, nacidos las más de las veces de la imaginación de quienes quieren saber abrigados al calor de la noche y la intención de darle forma al tiempo y el tedio, y más de una vez salpicado de instantes tragicómicos que esa misma fantasía moldeó, acicaló y derramó sobre las sombras del hoy y el ayer.
Más allá de las sesudas opiniones sobre los orígenes del teatro, es posible que todo empezara por airear lo sucedido tras las paredes de cada casa, en la soledad de un día cualquiera o detrás de las nieblas de cada pasión y cada sentimiento, por esa  necesidad que tiene el ser humano de compartir penas y alegrías aunque sean las propias. 
Porque el teatro, en resumen, es el espejo en donde la misma vida señorea a partes iguales su sabiduría y su ignorancia, sus brillos y sus oscuridades, sus galas y sus remiendos, sus abundancias y sus carencias, sus secretos y sus evidencias, sus risas y sus miserias, sus verdades y sus mentiras, revestidas, unas y otras, con los aparejos de la fatalidad, del desconsuelo, de la burla, la sátira, el enredo o la risa.
Y para ello, el teatro se hizo imagen, obligación de expresar los sentidos con la fuerza de la voz y la manifestación de los gestos; presencia que diera cuerpo cierto al dolor o la queja o la pena o la alegría que se intentaba hacer llegar a los demás.
Y sin embargo, Félix Albo, ha sido capaz de hacer que viéramos, solo con el poder narrativo y la capacidad de contar que alberga en su interior, a todo un pueblo con sus casas y su monte, con sus pinos cuya propiedad se transmitía por generaciones, al forastero, a los diferentes miembros de la benemérita, al abuelo moviendo cuatro extraños dados, a la abuela sonriente y hasta el reformatorio o el colmillo superior izquierdo de sus cuatro inexplicables víctimas, iniciales para una declaración de amor.
 En forma de monólogo, de cuentacuentos, de historias narradas al amor de la lumbre que algunos llegamos a disfrutar en la infancia, su narración sencilla pero cargada de matices y constante situaciones irónicas, que transmutaba casi con un clic en situaciones cómicas y casi ridículas, nos enseñó el pueblo de los mellados, y la panadería y la ermita, y la rendija de la puerta por donde los primos curioseaban, como si estuviéramos frente a un exacto decorado.
 Y en un constante y casi repentino ir y venir de aquella situación a esta yde este ánimo al opuesto, sin abandonar la crítica social y política, nos mostró la sonrisa de la ayudante del dentista, y al santo Antón de escayola con los dedos descascarillados por los golpes, víctima de una procesión rayana en el absurdo, para llevarnos a la más elemental solución de una infaustarealidad, como es la muerte de cuatro hombres.       Y hacerlo todo, sin salirse del mismo ambiente cómico, satírico y crítico.
El pueblo de los mellados, al que llegamos tras un largo periplo por fiestas patronales, costumbres y sucesos, por encima de sus condiciones y de la de sus habitantes, sencillos, sin prisas, sin estrés,resultó ser sin estridencias, sin momentos de tensión, el trágico escenario, que no vimos ni hizo falta, de una historia tan seria como la muerte de cuatro seres humanos, de la mano de un amor llevado a sus últimas consecuencias, contada desde el humor en clave de un humor de elevada categoría que arrancó risas, sonrisas y carcajadas sinceras.
 Algo tan serio como el amor y la muerte contado,sin salirse un solo momento de un trasfondo que intentaba sacarle los colores especialmente a la clase política y airear sus vergüenzas sin demasiado pudor, con un profunda carga de buen humor, que revistió de filos dorados la frase de Julio César.
"Desconfía de quienes nunca ríen. No son personas serias".

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HAPPYEND. Vaiven Producciones.
Por Juan Monzú (Cronista Oficial de Puebla de la Calzada).

En estos veloces y especiales tiempos que vivimos,de intereses particulares que magnificamos y convertimos en generales sin preguntarle a nadie, de cambios, de olvidos, de innovaciones, de ilimitada capacidad para convertir la risa en llanto, lo incómodo en atractivo y la mediocridad en arte, y con estos aires que mezclan el bien y el mal, sin saber muy bien el resultado,inundados con el sonido vociferante de una multitud estridente que maneja, casi a su antojo, los hilos de esta comedia humana que hemos montado entre todos con mayor intención o peor voluntad, lo que nos une indisolublemente a cuantos somos parte de este collage de razas, ideas, colores, credos, sueños, traumas y esperanzas, que atiborramos el planeta de propósitos y contradicciones, es el inextinguible deseo de que nuestro camino tenga un final feliz.
El hombre se ha enfrentado a la muerte desde el principio, desde el primer vagido en la noche de los tiempos, y la ha mirado con superstición, con indiferencia,con entusiasmo, con misterio y con temor. Pero la muerte vive, sin envejecer, desde el principio de la vida, causa y efecto de sí misma y de la otra, como el más seguro, definitivo e insalvable destino de todos, por encima de adornos, quimeras y conciencias.
 Y mientras envejece inevitablemente, el hombre la convierte en obligada, que no deseada, confidente en la que derrotan todos los sentimientos, naufragan las lágrimas y las carcajadas, fenecen las ambiciones y los miedos, terminan la soledad y la desesperación, descansan las inquietudes y las culpas, anclan los vaivenes y las zozobras, duermen los deseos y las contrariedades, reposan las victorias y los fracasos, y desaparecen el ayer, el hoy y el mañana, de un transitar de años tan fugaz como completo para unos y tan largo como vacío para otros. 
Tal vez por ello, el hombrela ha adornado, para mirarla de frente o para no mirarla, de misterios y ritos que la han dulcificado tal vez, o la han convertido en un sombrío destino que no mereciéramos, o que nos ganamos en función de nuestra actitud y nuestro propio ser como somos. Pero los honrados y los inocentes y los ingenuos y las madres desesperadas, mueren de igual manera que los culpables, los desahogadoso los malhechores; sin tiempo, de improviso, a la vuelta de cualquier esquina, sin opciones, y sin poder elegir por haber sido honrados o inocentes.
¿Estaría bien poder disponer nosotros del momento, del cuándo, el cómo y el dónde? Buscar una “agencia”, como un lugar de contactos, un centro de trabajo temporal o una oficina matrimonial, que tramitara ese happyenddeseado,y hacerlo cada uno a nuestra manera, con nuestros modos, bajo contrato firmado y sus estipulaciones, ¿lo haría todo más sencillo, más llevadero, más asequible, más imaginable?
HappyEnd, una comedia muy negra, de Vaivén producciones, ha diseñado esa agencia tramitadora de últimas voluntades que proporciona, a quien lo demanda, el final feliz que cada uno desea, el modo, la forma en la que quiere hacer el último viaje que siempre han querido y ha soñado en sus peores momentos, cuando pensaba que nada tenía ni sentido ni solución.
Y lo hace riéndose. Pero sin perder de vista la realidad de verdad tan inescrutable como la muerte, la verdad de la condición humana, la de las circunstancias que pueden llevar a desearla. La verdad de los honrados y los ingenuos que no entienden casi nada y que, buscando un amor que rompa su soledad, encuentran, por error, el final feliz que nunca ha imaginado; la verdad de quien es capaz de aplazar su deseo de morir hasta un segundo determinado, consecuencia de un hecho aislado sucedido tiempo atrás en ese mismo segundo, instante de tiempo viejo y nuevo, momento de paso, de viaje desde al ayer al mañana… ¡Nochevieja! Posiblemente la mejor simbología de la obra, más allá del desenlace casi tragicómico del momento y la situación.
HappyEnd, se muestracomo una huida hacia adelantea bordo de la ironía, de la posibilidad, de la crítica, de un planteamiento tan real como disparatado a veces de la propia realidad vital de la calle – crisis, desempleo, desesperación –y ataviada de una profunda carga de humor que no se menoscaba, posiblemente no tan negro, que se burla de la vida y la muerte sin perderle la cara ni el respeto, para gritar, a veces con fuerza y de forma tan ácida, bajo la piel de Gabriela, como cándida, en la honradez hasta las últimas consecuencias de Martín, la libertad de decisión de todos a elegir, o no, una muerte digna, como y cuando, con igual derecho que aspiramos y exigimos una vida digna.
La vida pasea junto a la muerte, asediadas por una burocracia que no entiende de sentimientos, derechos o corazones rotos para conseguir sus objetivos, de forma natural y entre ficheros de usuarios fotografiados de espalda para guardar la confidencialidad, como un trato ad hoc con final feliz; la honradez decide quitarse la vida porque no entiende que se la compare e identifique con la imbecilidad y la bobería y la autoridad de una madre le pone condiciones a la vida y a la muerte porque son las suyas, su vida rota y su muerte elegida en forma y fondo.
Pero una comedia muy negra como HappyEnd, ama la vida a pesar de sus pesares, ama el instante mágico de cualquier instante que sobrevive entre dos personas, la relación, la entrega, la generosidad, y la vida intenta vencer a la muerte y dejarla para otro momento, tal vez no tan feliz, porque vivir es importante, agradable y único.
Un decorado sin el que no podríamos entender la historia y que es parte inseparable de su dinámica, coadyuva con vida propia, junto a la iluminación y el sonido, a Vito Rogado, Ana Pimenta y XabiDonosti (Gabriela, Ainhoa y Martin) en un intachable y profesional trabajo de situaciones y momentos tan frescos como asfixiantes y casi al límite de la mejor de las interpretaciones, a hacer verídica la historia, matizando el mismo humor negro de luces y sombras, y casi dibujando desde las candilejas, las propias sonrisas y risas que la vida merece, sí o sí, por encima de todo y por muy feliz y bien preparado y planificado que pueda resultar el otro viaje.
¡La muerte, puede esperar!

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ENCUENTROS CASUALES. Francis Lucas.
Por Juan Monzú (Cronista Oficial de Puebla de la Calzada).

Acostumbraba a decir Platón que “todo lo que nace proviene necesariamente de una causa, pues sin causa nada puede tener origen”. Y posiblemente eso es verdad más allá de la combinación de circunstancias, normalmente imprevisibles e inevitables, a la que acostumbramos a llamar casualidad. 
 En esencia, el hombre debe estar hecho para encontrarse, también, con otros seres de su especie – hombres y mujeres – porque no parece que esté hecho para estar solo, permanentemente solo. Yquizás esa condición es la causa que origina que las circunstancias provoquen el encuentro que no esperamos, o el que, aun en el mismo instante que está sucediendo, no podemos esperar que sea importante y, a la larga, definitivo. Pero nos encontramos. Constantemente, sin pausa y hasta por equivocación.
Encuentros, casuales a la vista de nuestra capacidad de comprensión, en los que la condición humana aflora en el lugar más imprevisto – la cola de la ventanilla de un banco, un cine o una sala de espera – pero al cabo, desembocadura de voluntades e intenciones. Encuentros sin importancia que pueden llevarnos al más importante de nuestros momentos, encuentros en los que se ven las caras, lo que nos separa antes que lo que nos une; encuentrosque quitan lugar al enfrentamiento de los sentidos para dejar espacio a los sentimientos más lógicos y primitivos,encuentros para reír y para llorar, para sentir el dolor del olvido, el rechazo de la opinión, la distancia de la burla y la fuerza de la verdad dicha en un momento sin pensar
Encuentros inesperados, pero posiblemente no casuales, porque la fuerza de la causa, de la razón de lo desconocido, sea el motor que mueve esa casualidad en la que creemos y a la que nos aferramos las más de las veces. Encuentro en los que coinciden quienes tienen mucho que hacer, y necesitan estar ocupados en rumiar su destino y vivir, y los que no hacen más que esperar el paso lento de los segundos que ya no vive.    Esperar a nada, esperar al tiempo para que siga su curso y pase de puntillas, sin ocuparse de quien espera y no desespera; esperar a la misma espera, porque sabe, cree, piensa, que no tiene nada mejor que hacer, que no hay nada más allá de la propia espera que no lo lleva a ninguna parte.
Con la más sencilla forma de mostrar lo sencillo, lo más simple de la dificultosa esencia del alma humana, lo más complejo y lo más elemental, pero aderezado suficientemente de una profusa carga de humor, tan sencillo como las mismas situaciones y tan hilarante como la verdad que las asiste, la historia de dos seres anónimos que se encuentran de forma casual, almas y cuerpos que se ignoran, puede llegar a ser el mayor espejo de lo que casi todos conocemos de los demás y disimulamos de nosotros mismos.
Inquietudes, esperanzas, miedos, gozos, humildad, sombras, rebeldía, honradez y hasta los propios deseos ocultos, subsisten en esos Encuentros casuales que de alguna manera parecen determinar las vidas de Margarita y Antonio, dos seres tan débiles como fuertes, tan seguros como indecisos, tan solos como abrumadoramente acompañados de sí mismos, que un día cualquiera y sin causa ni razón para que sucediera, se encuentran en la ventanilla del banco, la una a buen seguro para atender sus pagos, y el otro porque le gusta esperar a nada, esperar sin más, especialmente en   las salas de espera de un especialista sin necesitarlo y sobre todo “ir de pesca y esperar al pez que no picará jamás porque no pone cebo en el anzuelo”
La identidad que los une, mucho más que lo que pueda separarlos, los lleva a encontrarse en la visita a un museo que expone una colección de marcos vacíos, sin lienzos, en donde florecenel desencuentro y el final casi feliz, factores comunes de las relaciones personales.
Una historia corriente, natural, común, con presencia de la esperanza y la aceptación de sí mismo, y contada con la inagotable fuerza de un profundo y enorme histrionismo que abarcaba desde el mimo más afligido y callado hasta un intenso y casi insuperables momentos de parodia y humor que en ningún momento abandonaba, a pesar de todo, la verdad sagrada de lo que intentaba contar y que supuraba detrás de cada momento y de cada gesto y cada anécdota.
Una historia contada y sustentada de forma magistral, como saben y acostumbran, por Paca Velardiez y Francis Lucas. Sin aspavientos innecesarios, sin estridencias verbales o gestuales, sin momentos de debilidad, mantuvieron el tempo de la historia sin perder la realidad de la cotidianeidad que la enmarcaba y la fuerza del humor con que su profesionalidad, la de los dos, fue capaz de contarla y hacérnosla llegar de la mejor manera que correspondía.
Lo que llamamos casualidad no es ni puede ser sino la causa ignorada de un efecto desconocido. (Voltaire)

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QUIJOTE COLOSAL. 
Por Juan Monzú (Cronista oficial de Puebla de la Calzada).

Al albur de la sencillez de unas figuras tan inanimadas como vivas en el tiempo y el espacio, sin alejarse de la esencia de la letra cervantina, una nueva dimensión de las hazañas de aquel “hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”, nos ha acariciadolos sentidoscon la delicadeza de la mejor de las fantasías del caballero don Quijote, deslizándonos, con guante de seda y corazón de emociones,al especial universo de su caballeresco mundo de ilusiones, ideales y amores imposibles por la igualdad, por la justicia o por una irreal amada.
De aspecto cercano, amable, bonachón, sereno, y presencia recogida y casi tímida, pero orgullosas de sí mismas, las figuras articuladas que encarnaban en su alma de madera a los personajes que son, en mayor o menor medida, partes indisolubles de la intemporalidad y la grandeza del Ingenioso Hidalgo, mostraron a grandes y chicos la entelequia del bueno de Alonso Quijano, entrañable imagen enmarcada en una expresión tan seria como a buen seguro llenó a imaginarlo Cervantes cuando nos lo dibujó como “de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza”, a la vez que adornada de la serenidad del tiempo que ya pesaba sobre sus hombros. 
Un Alonso Quijano, más caballero de la Triste Figura que el propio D. Quijote, convertido en personaje tan espectador como protagonista que se mantiene al frente de la acción, que observa con sosegada tristeza,de un maravilloso cuento que, sin alejarse de su origen, se fundió con nuestra esencia, de grandes y chicos, desde el fondo de una mirada entre apenada y curiosa, para elevarnos sin afectaciones hasta el mundo quijotesco en el que Dulcinea se aleja de Aldonza Lorenzo y se dulcifica arrobada a partes igual de amor y de ingenuidad e inocencia, y el bachiller Sansón Carrasco parece dudar de convertirse en aquel necesario Caballero de la Blanca Luna.
Figuras planas, pero ineludibles personajes vivos;estáticas pero ocupando el lugar que les correspondía; en movimiento pero no más del necesario; observando pero sin dejar de ser;representando pero siendo reales.Yque complementadas con una exquisita modulación del tempo por un teatro de títeres, de guante y marioneta, se convirtieron en los mimbres que tejen la urdimbre de una de las más grandes historias jamás contada.
Un acierto, un triunfo, la casi metafísica presencia de Cervantes, incorpóreo, volátil, imaginado y convertido a partes iguales tanto en interprete como autor que escribe mientras narra,y escritor que habla por sí y por sus personajes. Porque Cervantes sobrevuela, simbólico, la historia nacida de su imaginación a la vez que interviene en fondo y forma a modo de pócima que funde realidad y ficción y gozne que articula el paso de una historia a la otra, puente entre el hidalgo y el caballero.
Un baile exacto de color, palabras, gestos y expresiones que de la mano de siete actores y actrices,siete hombres y mujeres que parecían multiplicarse en una casi frenética actividad de brazos, piernas, cabezas, voces, onomatopeyas, miedos y risas, llevaron el Quijote a la capacidad de comprensión de los más jóvenes, vivificando la mañana para reverdecer en ellos la ilusión además de la diversión, no solo con aquellos momentos de humor que, traídos a escenas en el mejor de los momentos, liberaban oportunamente la carga del texto más serio, sino también con la propia historia. Y, me parece, con el colosal Rocinante, antítesis exacta del aquel escuálido animal que fuera víctima del delirio de su jinete y del viento,y que ha de resultar también malherido por un molino con sonrisa de inocente ironía.
Siete hombres y mujeres capaces de “mover” los hilos de tan compleja y profusa historia, con tan asombrosa capacidad, oficio y buen hacer, que fueron capaces de representar aquello que querían representar identificándose con sus figuras planas, con sus personajes multicolor, con sus guiñoles y marionetas en una simbiosis, teatral pero rayana en la más fiel realidad, para conseguir que unas figuras articuladas de madera y unos inquietos títeres, nos hicieran olvidar su naturaleza y creer que eran actores y actrices disfrazados de muñecos planos y figuras inanimadas.
Posiblemente el Quijote pueda ser contado, a lo largo del tiempo, de multitud de maneras diferentes, incluso en forma de buen teatro en cualquiera de sus muchas escenarios y maneras; posiblemente el Quijote pueda ser visto desde todas las ópticas posibles que guarda el sentimiento y siempre quedará, afortunadamente, una más a la espera de ser descubierta. 
Pero indiscutiblemente una de las novedosas y mejores de esas múltiples maneras dejó su impronta en la mañana del día 29 en el alma de muchos niños, y no tanto, y en el aire culto y festivo, que se sumó al espectáculo como un espectador impaciente. El día 29 de junio, D. Quijote, Sancho, Dulcinea, el Bachiller, Rocinante, los galeotes, el barbero, el cura y otros, vivieron en nosotros desde el alma y el muy bien hacer de los hombres y mujeres del Grupo Sauco Teatro, pero inevitable e indudablemente, lo hicieron como células nuevas de nuestra piel curtida y, además, dibujándonos una sonrisa de satisfacción,
¡Y eso, además de lograr ser un importante gozo para los sentidos y el conocimiento, resulta casi impagable!

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COMO UNA BOLSA DE RAFIA. Cía La Botika.

Quién sabe si por la fuerza centrífuga de un progreso desmedido que nos ha cogido por sorpresa y nos ha sobrepasado, vivimos una realidad sujeta a una verdad dolorosa que termina por desarraigar y arrancar en el más estricto sentido de la palabra, a las personas de su lugar y sus circunstancias, como resultado de un mal gestionar los recursos inherentes al ser humano, por parte de quienes tenían la obligación de saber que una mala gestión termina sin remedio con un mal corolario, por más que el camino parezca el apropiado Y la consecuencia es, ni más ni menos, que la esencia del individuo, los adentro más privativos de cada uno de todos nosotros.
“La Sinforosa” apenas tiene lo suficiente para un equipaje de dos bolsas con sus ropas viejas, gastadas y raídas, que prepara sin prestar atención a la cuenta atrás que ha emprendido el reloj del desahucio, mientras repasa una vida cicatera, a la que mira con un humor ácido que convierte en ácido resquemor, y queja amarga enmarcada en el áspero recuerdo que no puede separar de un agrio presente. Señalado en un horizonte de casi último viaje, que está obligada a realizar sin remedio, de forma casi urgente, apremiada por cosas y momentos que ni entiende ni quiere entender.
“La Sinforosa” no se pregunta la causa, los motivos, el instante en el que lo que tenía se convirtió en un aliado del desastre, de la pérdida definitiva, del paso al otro lado en el que no hay nada propio. “La Sinforosa” solo entiende el lenguaje con que le habla su gata, y su gata es el único ser que la entiende y la comprende mientras comparte su soledad desde su estoico instinto animal. La misma soledad que, en definitiva, la ha acompañado durante toda su vida más allá del estado civil, social o personal. Y de las ilusiones frustradas, y de las ganas perdidas, y de los deseos resentidos que se quedaron en alguna parte una noche fría que ya casi no recuerda.
El paso del tiempo, las necesidades, las situaciones de las que nadie se acusa de ser culpable, pero a las que todos reconocemos como poderes todopoderosos y acusamos de forma generalizada, directo al corazón las más de las veces, permiten que todo cambie para que todo siga igual. Porque ese espejo de gastado azogue que muestra la realidad real, nos devuelve la imagen de una sociedad castigada, dolorida, magullada, violentada, sacrificada, desgarrada con mil heridas que cicatrizan en falso con el centelleo del bienestar que reposa al otro lado de la calle y negado para muchos.
Una sociedad teñida con la sombra de la soledad, del abandono, de la extraña compañía del silencio, del rumor de los recuerdos menos deseados, de la imagen de lo que sería para olvidar y del dolor sigiloso de una verdad inapelable.
Sinforosa, imagen clara de un tiempo difícil parece a partes iguales tan convencida de un destino que asiente, como rebelde indomable y dispuesta a hacerle frente – persuadida de que es demasiado tarde – a su destino, que lentamente la ha ido colocando en medio de ninguna parte, víctima de las circunstancias que se acumulan en los sobres cerrados de bancos y juzgados, que nunca ha querido abrir.
Y es que a Sinforosa, luchadora pasiva, le pesa demasiado ese ayer de mujer sumisa, ignorada, callada ante las adversidades personales y sentimentales, sufridora de carencias y traiciones, que forma parte de su hoy marcado por alguna fugitiva “mala estrella” que parece asumir entre recuerdos y dolorosas ironías, y la fe, inventada, que pone en cualquier objeto de adorno, en el que cree más que en el propio individuo.
A Sinforosa le pesa la ingente carga de fracasos que soportan sus cansados hombros y lo mejor que le queda es burlarse, entre lágrimas secas y humor casi negro, de ellos ahora que no le importan demasiado, para reírse hasta de sí misma. Solo le queda partir, convertirse, si no lo es ya, en esa bolsa de rafia, flexible, resistente, reutilizable y casi indomable, que soporta el peso de casi cualquier carga sin romperse.
La Botika Teatro, ha puesto en escena una verdad latente que sangra en este mundo veloz y brillante; ha trasplantado al escenario, sin ambages, una verdad absoluta a la que no podemos volverle la cara, cargando en ocasiones el tinte de humor con el que la ha revestido, con una extrema severidad que suaviza y serena con un toque a la sensibilidad, al alma, a la humanidad que transita dentro de un uniforme.
Ana Franco muda la piel para convertirse en Sinforosa y convencernos, con la facilidad de su excelente actuación, de su ayer, de sus necesidades, de su indiferencia, de su rebeldía a pesar de sus olvidos, de su personalidad capaz de imponer sus pautas en momentos tan difíciles y de su capacidad para hacernos creer que por encima de todo es mujer de raza, bolsa de rafia, reutilizable, a la que no van a derrotar.
A Marce Solís le toca el papel de “malo” y sabe hacerlo. Un malo al que se le concede el beneficio de identificarlo con la voz de Rousseau: “El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe”.
Y es que la sociedad, de alguna manera y según qué cosas, es posible que también sea arte y parte de ese difícil laberinto que es la realidad que no parece poder o saber encontrar fácil solución a sus problemas.
“… me encontrareis a bordo, ligero de equipaje // casi desnudo, como los hijos de la mar”.

J. Monzú (05/2016)

EL RASTRO DEL QUIJOTE. De la Luna Libros.

     Cuatrocientos años pueden convertirse en el instante en el que la imaginación se convierte en llanura manchega por la que el Caballero de la Triste Figura, caballero y bufón víctima de los ardides de encantadores, curas, dueñas, barberos, señores y bachilleres, se resiste a dejar de pasar entre molinos y gigantes a lomos de Rocinante, “de más cuartos que un real y más tachas que el caballo de Gonela que tantum pellis et ossa fuit” o de Clavileño, caballo de madera del encantador Malambruno, en pos de una crédula utopía, quien sabe si inevitable o necesaria. Que equilibra el bueno de Sancho, casi más intemporal que el propio don Quijote porque sus razones y razonamientos no persiguen más que una verdad sencilla, no exenta de picaresca y de esa “gramática parda” que tanto conocimiento alberga y reparte.
      Y es que más allá de decorados y vestuarios, por encima de las expresiones y los estereotipos, sobre el interminable puente del tiempo y el espacio, y de los cambios, y de los gustos y las modas, el hidalgo “de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”, vive perpetuo incluso en clave de comedia, en la impronta del progreso, siendo el mismo caballero “de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro y gran madrugador” que equivoca las más de las veces el camino, en una eterna búsqueda, “Desfacedor de entuertos”, de justicia, verdad, honor, libertad, amor, “porque el caballero andante sin amores, era árbol sin hojas y sin fruto, y cuerpo sin alma”, y honradez, que difícilmente ha de encontrar en el intemporal espacio de la inocente grandeza de su locura.
       Bajo la piel de un descentrado histrión extrapolado a un tiempo que bien pudiera ser parte de todos los tiempos, don Quijote sigue su imborrable rastro sin abandonar la esencia del alma que va y viene en su alocada cordura, que siempre encuentra a Sancho, su antítesis y a la vez su alter ego, voz de la conciencia de esa lúcida locura, a la para que indolencia, indiferencia y la misma simpleza que le falta a su señor. Nunca podrá ser como el caballero de la ardiente espada “que de solo un revés había partido dos fieros y descomunales gigantes”, ni vencer al gigante Caraculiambro, señor de la ínsula Malindrania para mandarlo que “se hinque de rodillas ante mi dulce señora” Dulcinea, “emperatriz de La Mancha, de sin par y sin igual belleza”, diosa y mujer a la que defender de los encantos de la Maritornes y de las malas artes de la pícara Altisidora.
     Porque sus enemigos son los molinos de viento, “non fuyades cobardes y viles criaturas que un solo hombre es quien os acomete”, que no dejan de turbar su consciencia y su fantasía, y quien sabe si hasta el propio sueño de su muerte, con sus amenazadores brazos “que los suelen tener algunos de casi dos leguas” y a los que nunca podrá sobreponerse a pesar de su intención de “hacer batalla y quitarles a todos la vida”.
  

La misma Dulcinea, tan real como inexistente, tal vez solo sea un molino más, extraviado en la febril imaginación. Y “por fatal malicia y ojeriza” de encantadores y revestida de aldeana que le “dio un olor a ajos crudos que le encalabrinó y atosigó el alma”, huirá, dejándolo convertido en el más desdichado de los hombres, que labrará en su rastro el indeleble surco de su ingenua locura, salpicada de reverenciada sensatez que nos emociona y nos sujeta a un paréntesis de siglos, más allá del propio tiempo y de los disfraces que lo distinguen.
    Porque  Alonso Quijano es posiblemente el necesario fiel de la invisible balanza que equilibra realidad y fantasía, esencia y presencia de este transitar cotidiano. Y no importan formas, gestos, decorados, señales de una época veloz que lo modifica todo, si trasluce de forma inequívoca al hidalgo autoinvestido caballero que no tenía “celada de encaje sino morrión simple
      ¡Tan divertida como seria! Comedia en su más puro estilo que nos dejó lo mejor del buen teatro, El Rastro del Quijote nos acercó, con momentos rayanos en el más formal de los absurdos del teatro de clown, al caballero más íntimo, al más aturdido; el más triste y el más cuerdo, apuntalado casi a la perfección por Sancho Panza, que divaga entre el explorador con mochila, saco de dormir, termo y teléfono móvil, y la seriedad y gravedad de su personaje y las situaciones que resuelve con refranes, biblioteca de su sabiduría, o con un WhatsApp. Se apuntan señor y escudero, en ráfagas de ingenio, a situaciones de enredos hasta el extremo con el lenguaje, especialmente al usar los pronombres “mi” y “tu” en función de su utilización en primera o segunda persona.
     Llevarnos al momento en que Don Quijote es derrotado por el Caballero de la Blanca Luna, su fin a la postre, parodiando a Star Wars (La guerra de las galaxias) es el mejor absurdo que pudiera contar y reflejar, de la mejor manera, la amarga soledad de la inevitable derrota que pone fin a todas las ilusiones, y la llegada del instante último en el que todo deja de ser ni tan siquiera sombra.
  “…y va ocioso el caballero/sin peto y sin espaldar/va cargado de amargura/que allí encontró sepultura/su amoroso batallar
     El rastro del Quijote, es el Quijote mismo, reflejado en momentos tan extraños como apropiados, y contado de la forma más sencilla, insertando en la historia a quien es a la vez la esencia de todos los personajes femeninos (amada, pícara,  dueña, duquesa, criada) que hasta cuando no está en escena, se percibe como el puente necesario y obligatorio que une cada situación a sus personajes, y por el que se llega a conocer el alma del caballero. Su soledad, su dolor y su desencanto. Y por el que llegamos hasta Sancho, preocupado tanto más porque a su rucio se le dé buen trato, que por el vasallaje que se le deba a él como gobernador de Barataria. “Si has de doblar la vara de la justicia, sea con el peso de la misericordia y no el de la dádiva
    Francisco Quirós, Johnny Delight y Raquel Bazo, nos arrancaron de nuestras butacas para situarnos como partes del rastro del Quijote, con un teatro fresco, alegre, comunicativo, y una interpretación de auténtica calidad y verdadera capacidad. Y lo hicieron desde la misma sencillez con que adornaron una interpretación plena de momentos insuperables que desde el mismo momento en que el oscuro se hizo luz, nos hizo sentirnos quijotes y sanchos, caballeros andantes compañeros de su locura.
   “…hazme un sitio en tu montura/caballero derrotado/hazme un sitio en tu montura/que yo también voy cargado/de amargura/ y no puedo batallar/Ponme a la grupa contigo/caballero del honor…”       

   J. Monzú

“TRIUNFADORES DE LA COPLA”
Por Pepe Palma “El abuelo coplero”.
Desde mi atalaya 6 de marzo de 2016.

En la noche de ayer, se celebró una Gala de Coplas, en el teatro de la Casa de la Cultura de la bella ciudad de Puebla de la Calzada, sin duda unos de los pueblos de Badajoz en los que más se ama y disfruta de la copla cuando ésta se interpreta, canta y dice de forma correcta.
En este espectáculo patrocinado y promovido por el Excmo. Ayuntamiento de la ciudad a través de su Concejalía de Festejos , con su concejal Don Teodoro Gracia al frente, intervinieron los cantantes MAITE ADRIÁN de Córdoba y OSCAR CALDERON de Olivares (Sevilla), que hicieron las delicias del público que llenaba el patio de butacas de tan coqueto local que por cierto tiene una fenomenal acústica para los artistas y el espectador. 
El evento comenzó puntual, 20,30 horas, como es costumbre en esta villa.
Sobre un escenario muy conjuntado de luces y elementos decorativos a base de cortinas de juncia perfectamente alineadas, sale a escena Oscar Calderón, luciendo un conjunto de chaqueta blanca con pantalón oscuro y nos deleita con un bello pasodoble de Quintero, León y Quiroga, “Silencio por un torero” que hiciera famoso la gran Juanita Reina. Oscar lo bordo, con una serie de matizaciones que nos hicieron olvidar a la voz femenina mencionada, porque se lo llevó totalmente a su terreno, como por otra parte debe ser. Continuó con la copla de Gallardo, Ortega y Salazar, antaño éxito en la voz de Rafael Farina, “Dinero y Riquezas”, estilo en que Oscar se mueve como pez en el agua. Cerró su primera aparición en escena con el pasodoble de A. Gallardo y N. Sánchez “Quejios Moros”, que se hizo famoso en voces tan dispares como: Rafael Farina y Perlita de Huelva. En todos sus temas fue ampliamente aplaudido por un público muy receptivo.
Oscar presenta y da paso a su compañera Maite Adrián que aparece en escena majestuosa y guapa luciendo bata de cola y peineta en tonos anaranjados, de los diseñadores locales Ufi Rubio y Eduardo Correa, autores de los cuatro diseños que lució la artista.
Nos vende sus coplas, nunca mejor dicho porque su primera copla es precisamente “Vendedora de coplas”, que fuera éxito en la voz de la recordada Marife de Triana y cuya autoría es de Ignacio Román Jiménez. La paseo con la soltura y elegancia que el tema requiere.
Se mete en la parte dramática de la copla con el tema de Quintero, León y Quiroga, “Maldito sea el Querer”, que igualmente hiciera famosa Marife. Aquí Maite puso en escena toda su vena dramático coplera metiéndose al público en el bolsillo, por lo que tuvo que obsequiarles con un bonito fandango, para aliviar la tristeza que había producido la copla. Muy aplaudida. Cerró con una bella versión de la preciosa copla “Cinco farolas”, una de las joyas de la corona en materia coplera, que cantaran en su día, con igual éxito Juana Reina, que nunca la grabó pero que la supo pasear en sus espectáculos y, Concha Piquer que la promovió en discos y tuvo un gran aceptación de público. Muy bien por Maite al llevarla a su terreno.
De nuevo Oscar en escena con un bonito pasodoble que hiciera famoso el gran Antonio Molina, de los autores Bazán, Cuenca y Algarra, “Toros y Coplas”, como la voz de nuestro interprete para nada se parecer a la Antonio él lo hizo suyo con una categoría impresionante que sacó los oles, del respetable. Muy bien paseada. Oscar iba vestido con chaqueta y pantalón oscuro muy a lo “dandy” al lucir en el cuello una simpática “pajarita”.
Como no iba a ser menos que su compañera también obsequió al aficionado con un “Fandangazo” para continuar con “Tientos del cariño”, de Quintero, León y Gordillo, preciosa versión dramatizada con el poderío de su potente voz.
Maite Adrián, aparece por sorpresa en el patio de butacas, vestida con una bata de cola blanca que le daba aspecto de reina y portando una cestita llena de claveles rojos para interactuar con el público lanzando al aire las notas de ese bello y alegre pasodoble que todos recordamos en las voces de Isabel Pantoja y Rocío Jurado y que lleva por título “Un clavel”, de Rafael de León y el extremeño Juan Solano Pedrero. El respetable a petición de la cantante hizo palmas y cantó a coro el estribillo. Muy bien Maite, sabiendo manejar a su público. Muy aplaudida.
Volvió a dejar paso a Oscar Calderón que continuo con un pasodoble, “Tengo un te quiero” de Alejandro Cintas, Rodò, Cubedo y Frades, famoso tema en la voz de la sin igual Perlita de Huelva. Como en sus anteriores temas se lo lleva a su estilo y lo borda con esa voz de “Eco”, que él sabe controlar y modular para hacerle los ajustes necesarios, logrando unas bellas florituras a las que se conocen con el nombre de “melismas”.
Sale Maite y nos hace una preciosa versión del tema de León y Solano, “Ten cuidado”, muy lograda y llevada a su estilo potente y dramático. Continua con la copla en tempo de bolero que José Luis Perales escribiera para la reaparición de Isabel Pantoja, “Hoy quiero confesar”, versión que realizó de forma muy correcta y que gustó mucho al público.
Oscar a los sones de la copla “En el último minuto”, de León y Solano y, para sorpresa general, aparece en escena Maite para acompañar al primero compactando perfectamente sus diferentes voces para lograr hacer una excelente versión de esta sufrida copla en la que una mujer aspirante a la soltería encuentra al hombre de su vida.
Oscar da por finalizada su actuación con las coplas “La Paula” de Ignacio Román, Quesada y Jaén, que paseo por entre el público siendo coreado y aplaudido; Nos deleitó como postre con una bonita versión de la no muy conocida copla “Celos del Río”, que otrora interpretara Pastora de Algeciras, siendo autoría de los Hermanos Marcos y del maestro Rafael Jaén y con la copla por pasodoble “Patio Banderas” de Currito y Monreal éxito en su día de Marife de Triana.

 

Maite de nuevo en escena cierra su participación ataviada con un vestido de noche color rojo con una belleza de canción que dedicó a todas las madres “Tú no te has ido” de Bazán y Rabay, muy emotiva y que supo llevar al terreno sentimental. Hace un recuerdo para la gran Rocío Jurado interpretando el famoso tema de Manuel Alejando y Ana Magdalena, “Se nos rompió el amor”, dejando en el público su personal sello a la hora de interpretar canciones de la más grande, que le vienen muy bien a la tesitura de voz de Maite.
Finaliza con la interpretación del tema de Rafael Rabay, escrito para lucimiento de Marife, “Cuando te vayas”, preciosa canción bolero, muy bien interpretada y cantada, con sentimiento.
Como no podía ser de otro modo el público les pidió más y los dos artistas siempre complacientes, se arrancaron por fandangos, siendo ampliamente aplaudidos.
Marife de Triana, la mejor vendedora de coplas que ha existido en este país llamado España nos cantaba “Mis coplas son historias verdaderas, que me gusta cantar y hacerlas mías”. Esta es y debe de ser la máxima, de quien en el mundo de la copla quiera tener un especial significado y que se le recuerde por su nombre artístico por dónde quiera que vaya dejando su impronta, y ello es lo que precisamente hicieron anoche en el escenario del teatro de la Casa de la Cultura de Puebla de la Calzada dos artistas que, sin dejar sus respectivos trabajos en la vida diaria, tratan de abrirse camino en el difícil mundo de la música: MAITE ADRIÁN, de Córdoba y OSCAR CALDERÓN de Olivares(Sevilla).
MAITE, tiene una calidez de voz no exenta de calidad interpretativa, apta para la copla, la balada y el bolero, y todo lo que a música se refiera, porque tiene unos matices que van desde los tonos altos modulados a unos tonos medios que ejecuta con garra y bravura cuando la copla lo requiere. La cantante transmite porque va enganchando al público al ir vocalizando a la perfección las letras de sus canciones, logrando que éste logre penetrar en la trama de la historia que nos cuenta. Sin duda que tiene reminiscencias de las grandes, pero sabe llevar, a su terreno, con suficiencia, las coplas que nos regala.
OSCAR, desde hace tiempo, se tiene ganado, al público “poblanchino”, no en balde fue el ganador de la primera edición del Festival de Copla “Guadiana” y su participación al año siguiente como invitado de la segunda edición del mismo certamen. Es un cancionero en el más amplio sentido de la palabra; tiene una potente voz en los altos, que sabe bajar y entonar con calidad los todos bajos y cuando es necesario, logra quiebros flamencos que embellecen sus melodías. Dominador del escenario con planta de galán cinematográfico paseándolo con soltura y garbo. Cuenta y transmite sus historias logrando que el respetable permanezca atento a la trama de las diferentes coplas. Ole por ambos artistas y felicitaciones.

CRÓNICA DE UNA VELADA COPLERA
Por Pepe Palma “El abuelo coplero”.

En el teatro de la Casa de la Cultura de la localidad extremeña de Puebla de la Calzada (Badajoz), una de las villas más copleras de la región, en la noche de hoy, sábado, se ha celebrado una velada coplera en la que los artistas MARILO RUIZ Y RAÚL DÍAZ, han derrochado puro arte malagueño porque no en balde, esa, su tierra de nacimiento, les dio todo el encanto y alegría que Málaga atesora y que ellos saben transmitir como nadie.
Permítanme que hoy les dedique mi crónica, precisamente a estos dos artistas,
Marilo Ruiz, una veterana y extraordinaria cantante, nacida en Málaga, es una verdadera maestra en el arte de decir, sentir y transmitir la copla con una dulzura que llega al público por su suavidad en la vocalización, ya que se le entiende la copla desde el inicio al final, con lo cual logra que los espectadores estén atento a ella en todo momento. Tiene además la virtud de que sabe matizar las frases y, cuando la letra lo precisa, sabe ironizar su sentido o darle el tiente alegre o dramático que requiere, por lo que sabe llevar el hilo de su narración haciendo creíble todo lo que interpreta. Una artista que sin hacer estridencias en los altos, ni en los finales, lleva la línea melódica perfectamente modulada, en una palabra, como las grandes. Ole tú artista.
Marilo, dejo su impronta en el programa concurso de Canal Sur Televisión “Se llama copla”, en su cuarta edición, celebrado entre los años 2010/11, el cual abandonó, entre otras cosas por la incomprensión de algún miembro del jurado y de la dirección del programa, que no eran muy dados a considerar que artistas más o menos veteranos pudieran competir con los jovencitos que comienzan en esta singladura. Bajo mi punto de vista, un craso error, porque en esto de la copla como en cualquier disciplina, la veteranía es un grado y ellos son fuente dónde beber porque manan sabiduría coplera, como es el caso de nuestra artista.
Hecho este pequeño inciso, continuamos con Raúl Díaz, un joven artista de la localidad malagueña de Estepona. Raúl es un artista de los pies a la cabeza y, digo bien, porque a la hora de interpretar sus temas utiliza todo su cuerpo y juega con todas sus extremidades sintiendo ese arte tan difícil de conseguir que es transmitir sensaciones. Podemos decir que Raúl atesora, arte por todos sus costados, es sin duda una persona que siente la copla en todo su recorrido: cuenta, canta, transmite y hace llegar al público sensaciones de artista de antaño; es un artista de los llamados “estilista”, como lo fueron en su día los: Miguel de Molina, Tomás de Antequera, Antonio Amaya, Bambino, Pedrito Rico y un largo elenco de buenos cancioneros que han quedado en el recuerdo de los amantes del género. En sus coplas, a veces, se muestra un poco anárquico, lo que le vale llevárselas a su exclusivo terreno y consigue con ello el ¡!Oh¡¡ del público, con unos quiebros que solo él sabe hacer. Ole Raúl. Sigue buscando tu sitio porque estoy seguro que lo lograras.
Recordar que ambos artistas ya dejaron un estupendo sabor de boca cuando formaron parte del plantel de concursantes del Segundo Festival del Guadiana en la modalidad de coplas, que se celebró en esta localidad a finales del verano pasado.
Desarrollo del evento.
El espectáculo dio comienzo con la aparición en escena de ambos artistas que nos interpretaron a dúo el bonito pasodoble de Marvizón, éxito en su momento de Patricia Vela, “La copla en mi voz”, con las voces perfectamente compactadas, paseando por el escenario su garbo y donaire, ella con una preciosa bata de cola diseñada por el artista poblanchino Ufi Rubio y una peineta lindísima obra del peluquero local Eduardo Correa, que a su vez se encargó del peinado tan estupendo que lucía nuestra artista, y él con un traje corto estilo campero con su sombrero calañés y sus botas altas que relucían como el sol, lo que junto con el sobrio y estupendo escenario compuesto por varios haces de varas de mimbre colocados de fondo manteniendo simetría, un centro de flores y un precioso farol, componían una verdadera estampa que parecía diseñada para un sainete de los famosos escritores sevillanos, los Hermanos Álvarez Quintero. La escenografía fue realizada por personal de la Casa de la Cultura de la localidad de Puebla de la Calzada.
Continúo sobre el escenario Raúl Díaz, que se encargó de realizar los correspondientes agradecimientos a las personas que habían hecho posible que ellos estuvieran allí, principalmente al público y al personal de la Concejalía de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Puebla de la Calzada, representadas por el Concejal Teodoro Gracia, pasando a presentar a su compañera Marilo Ruíz, que nos interpretó las copla “Corona de Perlas” de Ortiz, Naranjo y Rivas, a la que supo dar la gracia que la copla requiere, haciendo una versión alegre y diferente, o lo que es lo mismo, le dio su sello personal, como hizo a continuación con la copla “La niña de Puerta Oscura”, de Quintero, León y Quiroga, con la que nos trasladó a los lugares emblemáticos de su Málaga natal que la copla refiere, dándole a esta un cierto barniz de ironía cuando el dialogo de la historia lo requiere, porque no todo en ella es el drama de una mujer desdeñada por el abandono de su compañero, también hay sencillos reproches a un tal Manuel Centeno a la que la Lola ironiza por perderse el conocer a su criatura, a la que ella denomina como su clavel moreno, ahí es na..
Raúl sale a escena, ya sin el traje campero, con un atuendo de lo que se llama bien trajeado, y nos interpreta la copla de Rafael Rabay, éxito de la inolvidable Marife de Triana, “Muero por la copla” y la verdad es que este joven sabe llevarse al público a su terreno y efectivamente se entrega tanto que de verdad que muere por sus coplas. Ole.

Continuó con la pieza “Celos del río”, de los Hermanos Marcos y el maestro Rafael Jaén, una verdadera historia de celos enfermizos y sin fundamento de una persona hacía otra a la que supuestamente está queriendo, no consintiendo que la roce ni el agua. Dramón muy bien contado y escenificado por nuestro artista.
También nos dio su versión del éxito, en su día, del genial Enrique Montoya, escrito para él por Rafael de León y Juan Solano la simpar “Señorita”, que sencillamente la bordó, haciéndonos aparecer en escena a esa mujer que con el transcurso de los años, la gente llama “Señorita” cuando vuelve de misa o sale de visita, una reminiscencia del pasado franquista en el que a las personas que no lograban encontrar pareja se la tachaba de “solteronas”.
Vuelve a escena Marilo, esta vez vestida para la ocasión con una preciosa bata de cola y un mantón, para interpretarnos muy pausadamente, matizando cada silaba musical esa preciosidad de Rafael de León y el maestro Quiroga “Silencio por un torero”, ole manera de pasear el escenario, que andares y que torería, con el dramatismo justo que la canción requiere, no en balde lo que hace es glosar a un torero que había fallecido en el ruedo.
Pero a lo dramático hay que contraponerle un tinte alegre y por eso nos deleitó, a continuación, con su versión de la más famosa Carmen de todos los tiempos, no la de la ópera de Prospero de Mariné, sino la nuestra “Carmen de España” de Quintero León y Quiroga, haciendo un guiño y un recuerdo a la inigualable Carmen Sevilla. Preciosa versión.
Raúl se enfrenta a un nuevo reto y nos embelesa con su versión de la obra que han versionado casi todos los copleros/ras del país y que no es otra que el soneto de Rafael de León musicado por el maestro Juan Solano,“Mi amigo”….Que terciopelo negro te amorena el perfil de tus ojos de buen vino….que maravilla. 
Muy bien Raúl, parabas hasta los mejores relojes. Como la sabes dramatizar y como la sientes. Ole.
Finalizó este pase con la copla “Todo se acabó”, del maestro Pedro Gordillo.
Volvió la alegría a escena con Marilo que nos interpretó un famoso tanguillo que años atrás hacía la singular Lola Flores en todas sus actuaciones “Tanto tienes tanto vales” de los autores Quintero, León y Quiroga, también conocida entre los aficionados al género por “Pom porompom pom pòm”, en la que las intérpretes, como en este caso, hacen un movimiento muy sexi con la parte posterior de su anatomía, que resulta muy del agrado del respetable.
Le siguió otro recuerdo, esta vez para la reina del caracolillo, Estrellita Castro, interpretando para la ocasión su versión de María Magdalena, de Valverde, León y Quiroga, logrando retratar perfectamente a esa mujer que a todos daba sus besos y que por sus supuestos pecados hacía padecer a su rendido amante. Bella versión.
Siguiendo con coplas de culto muy cantadas y versionadas, Raúl nos deleitó con su copla “Separaos”, de Ignacio Román y el maestro Rafael Jaén, en la que estuvo muy concentrado en sus decires matizando y reafirmando las notas altas y haciendo unos paros necesarios para comprender la pena que sufren los amantes cuando por las casusas que sean, que no vienen a cuento ahora, deciden separarse estando aún enamorados.
Reclamó la presencia de Marilo sobre el escenario para que le acompañara en la versión del tema “En el último minuto”, que en su momento escribieran para Juanita Reina los afamados Rafael de León y Juan Solano, dónde esa persona que esperaba ya sentada en su casa para criar a los sobrinos se ve afortunada porque en ese último minuto se le aparece el galán de su vida con el que contrae matrimonio. Muy bella melodía y muy bien interpretada por ambos.
Volviendo a la copla de culto Marilo nos hizo una estupenda versión del famoso “Cría cuervos”, del malogrado Salvador Valverde junto con Rafael de León y el maestro Quiroga. Miren que estribillo más ilustrativo de lo que es una traición amorosa: “Pena, Ay, cría cuervos a tu antojo, pa que te saquen lo ojos, y ciega, y ciega por los caminos del mundo tengas borrao. Tú eres cuervo disfrazao como palomo ladrón, y tus palabras son puyas que me rompen con las uñas las telas del corazón……” drama total que si no le das el punto adecuado, como hace Marilo, no logras calar en el oyente.
Siguió con una copla no muy conocida por el público, al menos aquí en Extremadura, “Cada gota de mi vida”, una letra muy bella con una cadencia y acordes fantásticos y que nuestra artista interpreta a las mil maravilla, su autor: el malagueño Tony Carmona.
Sale de nuevo al escenario, lleno de alegría contagiante, nuestro Raúl Díaz, que nos hace un pasodoble famoso por la interpretación que del mismo hacía tiempo atrás la onubense Perlita de Huelva, “De Andalucía yo soy”, letra muy dada a cambios dependiendo del lugar de procedencia del intérprete, en este caso nuestro cantante le cambió parte de la letra haciendo alusión a su Estepona natal. Sus autores son: Padilla, Lopardi y Silles.
No podía faltar su versión de la copla de Rafael de León y Juan Solano, “Tres veces Loca”, en este caso “loco”, la cual borda, y es aquí donde Raúl desarrolla todo su arte escénico. Que bien interpreta el tema, podemos decir que se parte el alma en esta canción. Ole y ole, no se puede hacer mejor y eso que existen versiones, contrastada de bien hacer, entre otros de Bambino y Marife de Triana, pero la de Raúl es distinta, sabe a nueva.
Finalizan su actuación interpretando juntos el bonito pasodoble “Cuna de arte”, de Tony Carmona.
El público al final les rindió su admiración y ellos lo agradecieron con unos fandanguillos. Finalmente Marilo atendió a una petición de un admirador cantando a capela la bella creación de José Alfonso, Rivas y Gardey,” Ay, Mi soledad”. Un primor de voz. Muchas gracias maestra, sabes que se te quiere.
En el apartado de agradecimientos, además de a los cantantes, hay que resaltar la gran labor que realiza la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Puebla de la Calzada, de la que es titular Don Teodoro Gracia Jimenez, ofreciendo en el teatro de la Casa de la Cultura todo tipo de espectáculos, entre ellos los de teatro y copla, que hacen las delicias del público. A los vecinos de La puebla: Ufi Rubio y Eduardo Correa, por su apoyo desinteresado para con los artistas que nos visitan y por último a ese público tan entendido y entusiasta y no quisiera olvidarme del técnico de iluminación y sonido por su buen hacer.
Un espectáculo de ole y ole, no se pude decir más. Viva la copla y sus intérpretes.

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VEINTE MIL LEGUAS DE VIAJE SUBMARINO
Por Juan Monzú. 30 diciembre 2015

No es fácil, leer una novela con el lenguaje del teatro porque mientras que la novela es descripción hasta del propio pensamiento si fuere necesario, el teatro es imagen, decorado, música, dialogo y, sobre todo, imaginación que los actores, en un constante ir y venir sobre el invisible puente que los une al espectador, nos ayudan a descifrar y comprender.
Pero cuando esa especial lectura nos llega de la mano de un espectáculo que desde el mismo oscuro inicial nos sitúa dentro del propio libro como tripulantes callados y curiosos de un transitar de veinte mil leguas de viaje submarino, se convierte en un agradable ejercicio de satisfacción que deja paso a una grata sensación de bienestar para el espíritu, de cuantos tenemos la voluntad de dejarnos sustraer por su belleza.
No hizo falta acudir a la novela, porque con un casi mágico juego de luces y sombras fuimos introducidos a través de su escotilla en el mismo Nautilus, y con un elemental y preciso juego de cambios de ambientación, sin variar un decorado tan sencillo como exacto, desde la comodidad de la platea conocimos el sofisticado submarino, “que aprovechaba el sodio del agua para generar energía eléctrica”, y hasta pudimos sentir la presión del pulpo gigante que amenazaba con quebrar el cristal del ojo de buey que nos conectaba con el exterior.
Aunque ese exterior fuera la misma profundidad submarina por donde, sin esfuerzo, teníamos la sensación que nos movíamos al ritmo que los movimientos, las palabras y los gestosdel profesor Aronnax, curiosidad y lógica, de Ned Land, fuerza, rebeldía, inquietud, del criado Conseil, fidelidad a cualquier precio, o del propio capitán Nemo, ingenio al servicio de una casi incomprensible venganza, nos marcaban en un permanente escribir y sobrescribir cada momento sin perder una sola nota de fuerza, de intención, de capacidad, que nos sujetaban a cada momento, para mostrarnos el momento siguiente y mantenernos expectantes con el que habría de venir.
Un exterior que siendo permanente horizonte para nuestras miradas, no dejaba de aparecer y desaparecer como una apuesta a la libertad, que se mostraba con la serenidad de un mar en calma, anchurosa e interminable sensación de paz, y con la fuerza arrebatadora de las mil cadenas invisibles que prohíben toda sensación de liberación y albedrío.  
No hizo falta acudir a la novela para conocer paso a paso la mente de Nemo a quien, bajo una serena presencia, ni personas ni cosas le producen el menor de los sentimientos, porque incluso en sus mutis, transmitía esa fría distancia que separar una mente reflexiva, aunque profana, de otra mente febril y desquiciada por más conocimientos que la adornen y la consagren. No hizo falta acudir a la película, ni al mítico Kirk Douglas, para conocer el alma de Ned Land, un hombre sin más ambición, ni más ni menos, que la libertad y sus viajes como arponero lejos de las órdenes delirantes de quien se ha convertido en enemigo de la humanidad. Soplo de aire vivo que circula en la estrechez del camarote para avivar la conciencia metódica y científica del profesor Aronnax, deslumbrado con la tecnología y los conocimientos, y despertar el espíritu de Conceil, observador de especies y comportamientos. 
Los movimientos precisos y la casi perfección de sentimientos de cada uno de los personajes, delimitan una diferente actitud y una desigual forma de enfrentarse a una realidad para, en definitiva, converger en la misma intención de ser libres más allá de cualquier tipo de sentimiento y deseo que puedan concebirse cuando no somos dueños de nuestra voluntad.
Y todo, dentro de un marco que nos arrastraba a creernos protagonistas secundarios de aquellos dispares esfuerzos, coautores de las ansias de libertad de Ned Land, al que fue fácil creernos en toda su dimensión hasta por encima incluso de Joan Manuel Brunet, que además de representarlo, lo encarnó de tal manera que, en adelante, no habrá más ni mejor Ned Land en cualquier imaginación; un marco que nos identificaba con el bueno de Conseil, prudente y noble, sencillo a veces, razónoscura, que Carles Pau dibujó multicolor dándole la más amplia dimensión al sentido de la lealtady la supervivencia.
Y en el que figurabael profesor Aronnax y sus ansias de conocimientos y aprendizaje, brillando con luz propia hasta en la sordidez imaginada del camarote, desde los gestos, la voz, los miedos, la emoción y hasta la ingenuidad necesaria con que lo vistió y revistió con su propia piel Benjamín Miguel, capaz, auténtico, histriónico al más puro estilo de los clásicos.
Dueño y señor del Nautilus, de los secretos, de las fórmulas, y también de su soberbia, su indiferencia y, tristemente, de sus inconmensurables ansias de venganza contra todo cuanto, más allá del mundo submarino, suene a humanidad, el capitán Nemo, vive, sobrevive y explota en Manolo Barroso que, porque no deja de crecer como actor en dimensión y recursos, pespuntea con verdadera maestría escénica cuantas matizaciones anímicas y personales encierra el tirano y excéntrico capitán, mostrándonos fielmente toda su incapacidad para ser auténticamente humanitario.
Y trabajo tan excepcional, en el que no debemos olvidar lalabor y el buen hacer de Marcel Manresa en la parte técnica para movernos de forma serena pero firme por la acción,y hacernos creer en el Nautilus, con sus luces y sombras, no podía tener mejor broche, de oro, que la llamada en clave musical, a la concordia, a la comprensión, la paz y el entendimiento.
Una apoteosis que elevó, aún más si cabe, a cotas de admiración la lectura con el libro del escenario, de una buena novela, escrita en esta ocasión con el saber hacer bien las cosas de Manolo, Benjamín,Carles y Joan Manuel.
A título individual, al tiempo que cuatro y uno, sencillamente…¡Teatro!

MIGUEL DE CERVANTES
Por Juan Monzú. 30 diciembre 2015

Conocer a Cervantes, hombre y escritor, de la mano de dos vagamundos anónimos, sujetos casi a partes iguales a sus héroes más entrañables con los mimbres de tres autores extremeños, no solo puede resultar una satisfacción, sino que termina por ser un verdadero y legítimo deleite para los sentidos. Un pulso indeleble de sí mismo, late en cada uno de sus personajes y casi cada una de las quejas, las risas, los consejos o las locuras de cada uno de ellos.
Don Miguel es materia y espíritu en el enfrentamiento, entre impetuoso y aturdido, de don Quijote con su propio yo, por más que al otro lado del espejo en el que se mira aunque no lo crea, tenga aquel alter ego apócrifo, vacuo y ridículo, que encontró en el intrincado mundo de las autorías y las ediciones; que se decía el auténtico, que contó, parece, en su concepción y formación con la ayuda de Lope de Vega que no era precisamente el mejor amigo del manco de Lepanto, y que por algún autor llegó a ser considerada mejor obra que la cervantina.
Un resentimiento que guarda el alma de don Quijote al conocer, cuando Cervantes escribía el capítulo 59 de la segunda parte de su “historia”, la existencia del Segundo Tomo del Ingenioso Hidalgo atribuido a un tal Fernández de Avellaneda, que lo presenta desenamorado de Dulcinea. Y que no es otro que el propio dolor que sufrió el autor por aquel libro, del que hace decir al diablo de un sueño de la doncella Altisidora que “es tan malo que si de propósito yo mismo me pusiera a hacerle peor, no acertara” Incluso en su testamento, Alonso Quijano lo llama “autor que dicen que compuso” y también, “escritor fingido y tordesillesco”.
Cervantes consideró su novela “Los Trabajos de Persiles y Segismunda”, la mejor de sus obras, aunque no tuvo la fortuna de llegar a verla publicada. No fue la vida del bueno de don Miguel reposada y tranquila, siendo él mismo un vagamundo que no paró, desde niño, demasiado tiempo en casi ninguna parte. Tal vez por ello, se hace más creíble su presencia en esta historia del peregrinaje de dos enamorados, incluso en la hilarante, inquieta, precipitada, ilógica, y casi disparatada arenga en la que, luego de un juego gestual exacto, casi de fotograma de cine mudo, se nos mostraron con un permanente juego burlesco de expresiones, gestos, idas y venidas, que alejado de toda etiqueta identificativa nos muestra a ese Cervantes postrero que no terminó de gustar demasiado con aquella novela casi póstuma, pero inquieto hasta en su descanso definitivo.

Por alguna razón, las quejas de aquel Quijote que se enfrentaba a su opositor al lugar que la historia tenía reservado para uno de los dos, flotaban por encima de los disparates, agridulces en ocasiones, de “nuestra” Segismunda desinhibida y cercana, y necesitadas de un bálsamo, si no el de Fierabrás, que suavizara aquella justa contrariedad que autor y caballero sintieron en lo más profundo de sus sentimientos, lastimados por más de uno de sus compañeros de letras, y señal de un camino, amargo más que perturbado, triste más que irreflexivo, taciturno más que afligido y, tal vez, necesario más que ilógico y justo más que antojadizo. Cervantes vivo, en cuerpo y hálito.
Como Cipion y Berganza, que en el Coloquio de los Perros hablan de la vida y filosofan sobre el comportamiento de los hombres, inminente la muerte de Alonso Quijano, lo hacen en su establo Rocinante y Rucio. Mientras aquel añora tiempos pasados y teme los venideros, Rucio, no ve en la ocasión más que la consecuencia natural de la misma vida, lo que lo convierte, como a su dueño Sancho, en el más cuerdo de los dos. Su filosofía es que con el comer seguro, no hay en la vida más allá.
Y aunque no las comparte, y las rebate con lenguaje sencillo y conciliador, palabras serenas y directas, y frases cortas y sensatas, no se opone a las reflexiones de Rocinante, preocupado por su futuro y por el propio caballero. Ni se inquieta en exceso, porque no entiende, ni quiere entender, el desasosiego de su compañero, íntimo a veces como si un sentimiento, más que un instinto, arañara sus adentro y sintiera que se rompe un invisible hilo que los une.
Aquel pulso indeleble continúa latiendo con un Cervantes cansado de casi todo; la vida no ha sido generosa con él y la vejez, los sufrimientos, las fatigas y la muerte, no cejan de estar presentes en su pensamiento, atormentado hasta el final de sus días con su don Quijote humillado, que agoniza en los huesos de Alonso Quijano. ¡Por qué no, el mismo Cervantes!
Puesto ya un pie en el estribo…”, escribió Cervantes cuatro días antes de morir, en la dedicatoria de su última novela. Y aunque “todavía me quedan en el alma ciertas reliquias”, en las últimas horas resuena el eco del recuerdo de aquella azarosa vida de vagamundo, soldado y escritor, crédulo, ignorante y rebelde, que estando preso del turco, hasta cinco veces intentara fugarse, sin que el Ingenioso Hidalgo dejara de cabalgar en su imaginación, atormentado por galeotes, bachilleres, perros de Mahúdes, casamientos engañosos, celosos extremeños, y princesas Micomicona. La campana de las Trinitarias, toca Completas… llega la noche, se agota la llama titubeante que apenas alumbra su último aliento. Pero nos dejará un pulso indeleble.
Miguel de Cervantes, obra presentada por “De la Luna Teatro” llega a lo más hondo de nuestro intimo ser todos Quijotes, porque nos acerca de la mejor manera posible a un mundo más parecido al nuestro propio, de lo que podemos creer.  
Francis Lucas y Jesús Manchón – que tanto monta – en una total identificación con los vagabundos casi ingenuos que nos la presentan sin palabras y mueven cada cambio de cuadro con gestos tan acertados que, si hubiéramos cerrado los ojos, podríamos haber imaginado el movimiento adecuado de un decorado que nadie necesitaba, son capaces de convertirse en Quijote, en Rucio, en Persiles y Segismunda y en el mismo incorpóreo Miguel de Cervantes, con la misma facilidad y cuasi prudencia con que hacen mutis mientras lucen un cartel, cine mudo en su más pura esencia, que baja el Telón de una jornada tan mágica y brillante que, a su pesar, deja un triste sabor de boca porque se apaga el escenario tal vez demasiado pronto. ¡Aunque lo bueno, si breve, dos veces bueno!

CRÍTICA COPLERA
Por Pepe Palma “El abuelo coplero”. 15 Noviembre 2015

En la noche del viernes 13 y s ábado 14 de noviembre de 2015, en la localidad extremeña de Puebla de la Calzada (Badajoz), por donde discurre la calzada romana que comunicaba la Emérita Augusta con la Lusitana, se celebró el II Concurso de Copla denominado “Festival Guadiana”. Este certamen desde su inicio allá por los años 60 del siglo pasado se prolongó hasta mediados de los setenta, en el que sin que se sepan los motivos se dejó de celebrar, siendo retomado desde hace poco tiempo. Cada año se dedica a una actividad artística diferente, organizado entre otras entidades y colaboradores por la Concejalía de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de la localidad. En esta ocasión le ha tocado repetir turno a la Copla y Canción Española, con la celebración del citado concurso en el teatro de la Casa de la Cultura de la Localidad. 
Este concurso coplero ha contado con un extraordinario abanico de cantantes de copla que ya tienen un cierto bagaje artístico, no en balde han participado en tan afamados concursos como “Se llama copla” de Canal Sur y “A tu vera” de la Televisión de Castilla la Mancha.
El espectáculo estuvo conducido por, el aficionado de la localidad, JOSÉ LUIS RODRIGUEZ, que comenzó presentando a los miembros del jurado formado en su mayoría por cantantes profesionales y personal estudioso de la copla además del Concejal de Cultura del Excmo. Ayuntamiento. El evento, más que un concurso, en realidad, era un recital coplero al más genuino estilo de los años cincuenta y sesenta, sustentado por: un escenario decorado para la ocasión por JUAN FRANCISCO POZO ; unos artistas copleros al cien por cien que se entregaron de principio a fin y un público receptivo, logrando hacer un espectáculo en toda regla. Por eso no es de extrañar que el “Jurado” con sabio criterio, ante la calidad de los intervinientes, optara por que la decisión final sobre ganadores y accésits se dejara para la gran final del sábado, en laque volverían a intervenir los diez. 
El Jurado estaba compuesto por las siguientes personas: FERMÍN GARCÍA- Cantante del grupo + boleros; NENE RAMOS. Cantaora de flamenco;LUIS NÚÑEZ. Músico; PEPE PALMA “EL ABUELO COPLERO”. Cantante amateur y estudioso de la copla; FELY ACEVEDO. Cantante profesional;JUAN SANGUINO. Cantante de la Orquesta Agua Clara; SOFÍA DURAN, representante del público y cantante amateur;TEODORO GRACIA. Concejal de Cultura y autor teatral.
Al iniciarse la Final, se guardó un minuto de silencio por los atentados ocurridos la tarde del día anterior en Paris.
Premios:Primer premiso dotado de 750 €; Segundo premio dotado de 500 €; Tercer premio dotado de 300 €; Accésits de 150 € y una bata de cola confeccionada por el diseñador local UFI RUBIO, para la primera dama clasificada.
Este año ha contado con los siguientes participantes y repertorio interpretado por casa uno de ellos en la semifinal y final: MARIEL “LA CHISPA”. En la semifinal interpretó: “Esclava de tu amor” de Rafael de León y Juan Solano y “Mis trenzas” de Guerrero y Castellano. En la final interpretó las coplas: “Vino amargo” de Solano, Cabello y Freire y “La encrucijada”, del maestro Rabay.
MARISA MARTÍN. En la semifinal interpretó: “En las cruces de mi reja” de Quintero y Mostazo junto con “Y sin embargo, te quiero” de Quintero, León y Quiroga. Ya en la final interpretó las coplas: “Poema de mi soledad” de Rafael de León y Juan Solano y “Romance de Valentía” de Quintero, León y Quiroga.
MAITE ADRIAN. En la semifinal interpretó: “Muero por la copla” de Rafael Rabay, y “Torre de arena” de Llabrés, Gordillo y Sarmiento. Ya en la final interpretó las coplas: “María de la O” de Valverde, León y Quiroga y “Cinco farolas” de Ochaita, León y Quiroga.
ANTONIO CARBONELL. En la semifinal interpretó: “Tus ojos negros” de Rafael de León y Manuel López Quiroga y “Vino amargo” de Solano-Cabello-Freire. Ya en la final interpretó las coplas: “Mi Salamanca” de Rafael Farina” y “Los tientos del cariño” de Gordillo, Quintero y Leon Arias.
MARILO RUIZ. En la semifinal interpretó: “Cría cuervos” de Ochaita, Valerio, Montorio y Solano, y “Silencio por un torero” de Quintero, León y Quiroga. Ya en la final interpretó las coplas: “Ay, Soledad” creación de Macarena del río, compuesta por José Alfonso, Rivas y Gardey, y “Mañana sale” de Quintero, León y Quiroga.
CRISTINA SERRANO. En la semifinal interpretó: “Los cuatro candiles” de Quintero y Gordillo y  “Mi Salamanca” de Rafael Farina . Ya en la final interpretó las coplas: “Con mis propios ojos” de Quintero, León y Quiroga y “El emigrante” de Salazar, Quezada y Valderrama.
RAÚL DÍAZ. En la semifinal interpretó: “Celos del Río”, creación de Pastora de Algeciras, de los autores Hermanos Marcos y el maestro Rafael Jaén y “Tres veces loco” de Rafael de León y Juan Solano. Ya en la final interpretó las coplas: “En el último minuto” De Rafael de León y Juan Solano y “Mi amigo”, de los mismos autores.
MONTSE DELGADO. En la semifinal interpretó: “Sólo vivo pa quererte” de Quintero, León y Quiroga, y “En una esquina cualquiera de León, Molina Moles y Quiroga.
Hacer constar que: Montse Delgado, no estuvo presente en la final por motivos personales, ajenos a la Organización, pero debe quedar constancia de que el público la echó mucho en falta por lo que había gustado su intervención en la primera gala.
ISABEL RICO. En la semifinal interpretó: “Maldito sea el querer” de Quintero, León y Quiroga y “Callejuela sin salida”, de los mismos autores. Ya en la final se decidió por: “A ciegas” de Quintero, León y Quiroga y “Me valga la Magdalena” de León, Molina Molés y Quiroga.
AMARA TEMPA. En la semifinal interpretó: “Compañero” de Rafael de León y Juan Solano y “Te he de querer mientras viva”, de Rafael de León y el maestro Quiroga. En su actuación en la final se decidió por interpretar “Aquélla Carmen” de León y Solano y “Lola la Cantaora” cuya autoría se cree que fue de su creadora, Lola Montes.
Al final mientras el jurado deliberaba sobre la clasificación final de los intérpretes actuó como invitado el ganador de la edición anterior: OSCAR MANUEL CALDERÓN BARRAQUERO, de Olivares (Sevilla), que interpretó las coplas, “Patio Banderas” de Currito y Monreal. “”A tu vera” de Quintero, León y Quiroga y “Dinero y Riquezas”, de Rafael Farina. Accediendo a la petición del público cantó a capela la primera parte de “Las campanas de Linares”, de Rafael Farina.
El espectáculo se cerró con la entrega de premios por parte del Alcalde de la localidad D. JUAN MARÍA DELFA CUPIDO, Siendo los tres ganadores:
1º Premio. ISABEL MARÍA RICO. de Málaga; 2º Premio. MARISA MARTÍN de Alcalá de Guadaira. Sevilla y 3º Premio. AMARA TEMPA de Málaga.
Todos los intérpretes estuvieron a gran altura.

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EL DESCANSO DE CARONTE
Por Juan Monzú. 25 Octubre 2015

Por alguna razón, los dioses quisieron que una cuestión de precio, fuera la diferencia entre el descanso eterno o permanecer errantes por un invisible inframundo. Un óbolo para comprar al barquero Caronte, separaba la paz después de la vida, de una poco menos que errante eternidad para las almas llegadas con las manos vacías, que después de cien años, el barquero pasará al otro lado del rio Aqueronte y dejarán de vagar. Caronte es inmortalmente viejo, murmurador, incorrecto y maldiciente; Caronte es inmortalmente sombra en mitad de todas las sombras, oscuridad en medio de la misma oscuridad, respuesta sin pregunta, decrepitud, declive, ocaso, noche que no encuentra su mañana. Y al mismo tiempo, Caronte es inmortalmente la fuerza que nos impulsa hasta el ignorado destino final, el aire que nos respira, la figura difusa de nuestra propia figura, la vida de la misma muerte y la inmortalidad en la propia inmortalidad del espíritu. Pero un día, Caronte siente la necesidad de hacerse preguntas que no tienen respuesta y se encuentra buscando algo que explique su existencia, un gesto, una palabra; algo que dé razón a su intemporal monotonía de remar constante entre una y otra orilla, sin más sentimiento que compensar el viaje al Hades; una causa, un por qué, a su permanente bogar cargando pecados, cualidades, sueños, defectos, confesiones, desvelos, inquietudes, fracasos, triunfos, derrotas, victorias y deseos insatisfechos, que se han quedado en algún rincón de la existencia perdida dejando un caleidoscopio de sentimientos que a casi nadie importan; Caronte busca algo que dé coherencia a su persistente cercanía a la muerte sin que nunca haya podido llegar a tocarla; algo que lo conexione con la humanidad, con la vida que nace, vive y termina. ¡Y termina! ¡Porque la inmortalidad lo cansa! Caronte sueña la insatisfacción de su perseverante búsqueda del óbolo en las bocas huecas de las almas muertas; sueña el roce de una caricia en su inmaterialidad, una lágrima, una sonrisa que no sea la última; y sueña una inesperada necesidad de hacerse mañana, puesta de sol, claridad y sentimiento. Caronte llora, sufre por el niño de traje verde víctima de una guerra cruel como todas y cada una de las guerras; y por la anciana, suficiente para subir a la barca y que, aunque no consigue entender casi nada, sabe que es necesario descansar, dormir hasta siempre porque la inmortalidad, utopía sugerente, no parece una opción válida a este transitar de unos pocos de años que es la vida. Caronte se siente derrotado con la mirada de aquel niño cargada con un millón de preguntas, y ante la que sus ojos inmortalmente negros, no pueden soportar mirar porque… ¿por qué? Caronte se aflige con la muerte del niño, él que es parte e instrumento de la misma muerte; y sonríe con la vida, cansada y serena, de la anciana que quiere descansar; llora con el sufrimiento y el dolor y, por una vez, se pregunta, duda, tiembla, no está dispuesto a transigir más con la muerte cargada de óbolos ni con la muerte gratuita de niños. Se siente cansado, humillado y tan viejo, que necesita reposar, dormir, respirar sereno; descansar de la inmortalidad y hasta de sí mismo. Santi Senso, se rompe imbuido de Caronte en un grito a veces mudo y quebrado, desde la negritud de sus ropajes, desde el lamento de su voz y, sobre todo, desde la quilla figurada por cinco sillas sobre las que coloca a cinco espectadores, espíritus anónimos, sin que pueda dejar de remar una intemporalidad que sangra necesidad, sentimiento y cansancio. La muerte aguarda, blanca, serena, sonriente, trovadora de sueños… Por fin, Caronte siente el calor frío de su piel, y de su mano se dispone a descansar ambicionando haber vivido ese instante, ese gesto, esas pequeñas cosas que, los vivos, acostumbramos a ignorar por lentas, por humildes, por insignificantes. El can Cerbero, se sentirá un poco más solo.

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BARROCAMIENTO
Por Juan Monzú.  17 octubre 2015.

Hombres necios que acusáis/ a la mujer sin razón/ sin ver que sois la ocasión/ de lo mismo que culpáis…”,  
En el inesperado Parnaso de la tramoya de un Corral de Comedias, el caprichoso proceder de las musas ha querido reunir las almas de las autoras de los textos que una compañía actual ensaya, sin sospechar no solo su presencia sino, además, su sorpresa al comprobar que lo que un día vieron solo apreciado por unos pocos, ahora es objeto de admiración.
Tres mujeres que pasaron a la historia casi sin hacer ruido y que sobreviven en la memoria, desconocidas por casi todos y lejos del lugar que en estos tiempos de exigencias y reconocimientos les corresponde por derecho. Porque Feliciana Enríquez, María de Zayas y Sor Juana Inés de la Cruz, debieran ocupar, junto a otras que lo hacen, el altar de las justas ansias de las mujeres que creen y defienden la igualdad de derechos; porque ellas creyeron y lo defendieron con su pluma, que desprende una acendrada fuerza en defensa de la mujer. Y lo hicieron, contra una sociedad a la que no le gustaban demasiado por ser mujeres y cultas, aunque Lope de Vega admiraba a Feliciana Enríquez, del trabajo de Maria de Zayas, el censor de Aragón dijo “no hallo que estas diversiones ingeniosas ofendan las regalía de Su Majestad ni a las buenas costumbres” y Sor Juana Inés de la Cruz fue conocida en su tiempo como el Fénix de América y la Décima Musa.
Las vidas de estas tres mujeres del Siglo de Oro de las letras, se deslizan con suavidad por un rastro de versos y frases, en un instante inconcluso y suspendido en el cielo de las rimas y los estrambotes. Sus vidas van y vienen, en forma de velado enfrentamiento, justificado orgullo que asiste a cada cual sobre su forma de defender lo que se niega a la mujer, o de agridulce recuerdo de un tiempo de dificultades. Alguna vez, sus versos claman justicia para la deslealtad con que fueron tratadas, como sucede con Feliciana Enríquez, (“mintiendo su nombre y transformada en hombre”); también como un tristemente desgarrador lamento por los desengaños, que protagoniza Maria Zayas (“¿Que más desengaños aguardáis que el desdoro de vuestra fama en boca de los hombres? ¿Es posible que no reconozcáis que en los hombres no dura más la voluntad que mientras dura el apetito, y en acabándose, se acabó?”); y en ocasiones, en forma de canto en defensa de la esencia femenina, como  Sor Juana Inés de la Cruz, monja jerónima, (“¿Cuál es de más culpar/aunque cualquiera mal haga/ la que peca por la paga/ o el que paga por pecar?”)
En un pausado y continuo suceder, Barrocamiento nos introduce, de la mano de sus propias palabras, en sus sentimientos, sus pesares y sufrimientos no ya como mujeres sino también como seres vivos, víctimas de los tiempos a pesar de su arte y su capacidad para la lírica, la narrativa o el teatro. Y, en un punto de naturalidad que da color a su grandeza, su ingenuidad ante la vida actual y sus propias palabras, a pesar de su saber para imaginar y crear mundos nuevos.
Alicia Lobo pone la templanza de la vida religiosa de su personaje y la fuerza que ha menester para defender a la mujer; Rocío Marín, se desgarra golpeada por los desengaños y se afana como la mujer cargada de experiencias que fue María de Zayas; y Zaloa Zamarreño dibuja un tempo perfecto para Feliciana Enríquez de la que se dice, estudió en Salamanca vestida de hombre. 
Un duelo interpretativo que revive el ímpetu de tres mujeres, vivas intemporalmente, a las que no se les ha dado el mérito necesario como escritoras en un mundo de escritores, y como mujeres haciendo frente a un mundo de hombres.  Un duelo que nos ha dejado un poético sabor de boca.

EL SECUESTRO DE LA BANQUERA
Por Juan Monzú. 16 Octubre 2015

A pesar de que los tiempos son los que son y el poder del dinero ha corrompido a una parte de la sociedad y ha empobrecido a mucho más de una buena parte del resto de los que no somos más que simples espectadores sujetos al vaivén que impulsan los poderosos y los ricos, no siempre el bueno es tan bueno como parece o como quisiéramos que fuera, ni siempre el malo es el despiadado personaje que, por encima de su realidad de déspota y opresor, dibujan sus propios modos tal vez en beneficio propio. ¡O si! ¡O es posible! ¡O no!
Lo malo, es que la verdad está en donde está y nadie sabe cuál es ni dónde está, porque esa verdad, complicada y marrullera, ha sido, es y será perfectamente diseñada y presentada por quienes ejercen el poder, manejan los dineros, compran las intenciones y por los que, además, dicen hacerlo en nombre nuestro.    
De entrada, directo al corazón que diría el viejo roquero, la escena nos sumerge en la facilidad para el abuso del que se vale constantemente el poderoso, que no solo lo ejerce para ganar dinero sino por el simple capricho de darse un capricho más, queriendo controlar hasta la pureza de sangre que al poder, al poderoso o poderosa, le conviene, le cuadra o le satisface.
Y de repente, el poderoso parece convertirse en el débil, el oprimido en opresor, el dominado en dominador, en lo que parece un ataque frontal al sistema, y en especial al sistema financiero, con el secuestro de la banquera, mujer despiadada con propios y extraños, que ni tan siquiera reflexiona porque el poder no se permite perder un segundo para conseguir su propósito. Una mujer manipuladora, embaucadora, que a pesar del papel de víctima que los sayones que la retienen le han asignado, no pierde en ningún momento la posibilidad de ejercer aquel para el que ha sido preparada y que no es otro que el de verdugo que sabe lo que ha de hacer en cada momento, con el triunfo como meta en todo cuanto se propone, para conseguir manejar sin dificultad la situación de lo que resulta un secuestro rocambolesco, absurdo y tan chapucero como imposible
A un ritmo trepidante, espídico, El Secuestro de la banquera nos deja ver con clave ácidamente satírica, revestida en muchas ocasiones de una aparente ingenuidad, la verdad de esta sociedad mercantilizada en la que el rico y poderoso no va a renunciar jamás a sus privilegios y manejos y el débil no tendrá más remedio que luchar, ingeniar, intentar salidas, a la desesperada a veces, para sobrevivir. Aunque en el fondo, la verdad de todo, no tiene más nombre que dinero y poder, y por conseguirlo, los ricos y poderosos, como canta Serrat, “no conocen ni a su padre cuando pierden el control”.
Que a la postre, es la consecuencia y la verdad de El Secuestro de la Banquera, porque lo que parece un ataque contra el sistema, resulta ser una venganza personal y familiar organizada por su propia madre que se resiste a no ser nadie y a pasar desapercibida en un mundo de apuestas y frenéticas carreras por ser el primero y por no dejar de parecer lo que no se es, en multitud de ocasiones. Porque nada es lo que parece, en El Secuestro de la Banquera, nadie es quien dice ser, y solo los ingenuos que creen y confían en el poder, son los verdaderos perdedores de esta y otras muchas historias, reales, a lo largo de los tiempos.
De la amabilidad a la violencia, del consejo a la orden, de la prudencia a la temeridad, de la caricia a la tortura, el poder transita por cuantos caminos y veredas sean necesarios; del amigo al enemigo, del socio al infiltrado, del perdón a la venganza, del amor al desprecio. En el Secuestro de la banquera, todos estos registros están patentes a golpe de humor muchas veces, pero con el regusto amargo de que, tristemente, no parece que las cosas vayan a cambiar a corto plazo y, en definitiva, protestas, gritos, denuncias, llantos y, quien sabe, hasta secuestros, serán solo pequeñas piedras en su zapato, porque el rico y poderoso, siempre va a proteger al rico y poderoso.
¡Disparatada! ¡Incisiva! ¡Precipitada! ¡Burlona! ¡Alocada! ¡Agridulce!

“LA NOCHE DE LAS TRÍBADAS", el cruel retrato de Strindberg.
Por Esmeralda Torres 10 octubre 2015

Jorge Torres y Pepa Gracia brillan con luz propia en el montaje que dirige José Carlos Plaza y que inauguró el XXXIV Festival Nacional de Teatro ‘Vegas Bajas’.

 “Algo se está fraguando”. Es una de las líneas del progresista texto de La noche de las tríbadas, obra que escribió el sueco Per Olov Enquist y que se convirtió en la más traducida y representada del siglo XX. Se trata de un ejercicio de metateatro en el que se relata un momento de la vida que vivió el dramaturgo August Strindberg, quien, a lo largo del siglo XIX, compaginó su oficio con un día a día salpicado por penurias económicas y relaciones tormentosas. Ahora, en pleno siglo XIX, José Carlos Plaza la reinventa bajo su dirección y con la interpretación de Jorge Torres, Montse Peidro, Óscar Ortiz de Zárate y Pepa Gracia. Un espectáculo rebosante de humor negro que descuartiza socialmente a cada uno de sus personajes, y que se ganó el exitoso aplauso de la inauguración del XXXIV Festival Nacional de Teatro ‘Vegas Bajas’.
Pasadas las 21:30 horas, el dramaturgo August Strindberg –Jorge Torres- y la señorita Marie Caroline David –Pepa Gracia- salían a escena deambulando sobre un escenario en penumbra. Telas colgantes de terciopelo rojo decoraban una escenografía presidida por varias cajas de cerveza y un antiguo juego de mesas y sillas que transportaban al espectador al Teatro Dagmar de Copenhague, allá por 1989.
En esos primeros instantes, pocos descifraban la estelar interpretación que haría Torres de Strindberg. En su línea de dramaturgo ahogado por la realidad y misógino desquiciado, el actor se mete al 100% en la piel del viejo holmiense protagonizando momentos de auténtica soberbia e intransigencia que erizan el vello de todos los asistentes. A pesar de algún que otro arranque de debilidad lleno de explicaciones por sus arranques, Strindberg es un monstruo que muere matando.
El monólogo culmen de Gracia
El dramaturgo utiliza la escritura como vía de escape a la realidad que vive. Su mujer, la consagrada actriz Siri von Essen –Montse Peidro-, lo abandona enamorada de su amante, la señorita Marie Caroline David –Pepa Gracia-, alcohólica y atestada de prejuicios sociales por su homosexualidad. Ésta borda al sujeto más cuerdo y próximo a la lógica del cuarteto, con una dispensación de dosis de delicadeza y carácter que le permite plantarle cara a Strindberg. El personaje alcanza su punto álgido con la evocación a su madre y su infancia, un momento teatral que puso la piel de gallina a diestro y siniestro.
Por su parte, Siri, que luce el más vistoso de los atuendos que Pedro Moreno, con la ayuda de Rebeca Durán y Almudena Cerezo, ha diseñado para el montaje, se convierte en la reina de la paciencia durante todo el montaje y redondea su papel brillando con luz propia en la fase final, cuando consigue enfrentarse a su reprobador y declararle su amor a Marie.
Hansel Schiwe –Óscar Ortiz de Zárate- es el único personaje ficticio de la pieza. Un chiquilicuatro con alma de actor que, con asombro y fraternidad, protagoniza los momentos de mayor comicidad con su intento de neutralidad.
Uniformidad creativa con el sello de Plaza
El texto, escrito en 1975, posee carga por sí solo. Enquist hace una dura crítica social y sexual a la sociedad de finales del siglo XIX mostrando cómo las mujeres trataban de luchar por unos derechos y unos principios, y cómo el hombre trataba de desmontarlos continuamente exigiendo siempre una posición central. La obra recalca cómo los países del norte de Europa siempre han ido por delante en la lucha por alcanzar la libertad y vaticina la situación actual al asegurar que “la mujer del futuro no nos necesitará”.
José Carlos Plaza, tan magistral como de costumbre, consigue que el texto no quede obsoleto y que los diálogos mantengan un toque especial dando una uniformidad creativa digna de aplauso. Uno de los momentos más majestuosos, el final a cargo de Ortiz de Zárate que narra el futuro de los protagonistas. Un espectáculo sublime, de los que te hace sentir afortunado por haberlo presenciado.

LA NOCHE DE LAS TRIBADAS
Juan Monzú.  10 octubre 2015

Lo que no parece que vaya a ser más que el ensayo de una obra de teatro, se va a convertir en el escenario de las pasiones y los fracasos de unos seres marcados quizás no tanto por el destino cuanto por sus propias debilidades.
Una actriz, Siri, que se cree diva de la escena, un autor ególatra, Strindberg, que escribe deformando su propia realidad y un segunda actriz, Marie Caroline David, que muestra una fuerte personalidad refugiándose en la bebida para no mirar de frente lo que no puede borrar de su recuerdo, se enfrentan con más crueldad que cinismo, en un conflicto que hierve todavía, a pesar de los años, en su interior. Difuminado en medio de las tormentas personales, el director de la función, Hansel, que une y desune a los personajes, conectados por unos deseos encontrados que son incapaces de subyugar cuando ruge en su interior el pasado, que el autor trasviste de resentimiento y acusaciones, la diva de recriminaciones y Marie Caroline de cansancio y deseos de mirar al frente. Un mequetrefe que solo aspira a adular al autor, a cambio de su burla  y su rencor. 
Las pasiones, se desatan tan incisivas y cortantes que, en ocasiones, parecen llegar a rasgar la misma alma hasta más allá de lo humanamente soportable. El tiempo que los separa, los enreda en un recuerdo cargado de fantasmas. Los reproches pueden herir en lo más profundo, los deseos borbotean a flor de piel, los celos, o quién sabe si la envidia, van y vienen del amor por su mujer y la fobia por la amante de esta, y los resentimientos afloran desde una botella de cerveza, desde la crítica mordaz y cruel, desde la acusación más desleal, y hasta desde la reflexión más coherente, a pesar de todo, que casi siempre nacen de la tercera en discordia.
Papel que representó Pepa Gracia con su bien saber hacer y estar, moviendo a su personaje por los diferentes estados, sobria, indiferente, liberal, triste, humillada, no humilde, y alcohólica, y llenando con maestría su espacio en los largos silencios que requería el personaje, que parece flotar en un ambiente sórdido que no debería corresponderle pero que acepta, como a su botella de cerveza.
El autor, con el que se mimetiza el actor Jorge Torres, divaga y zigzaguea permanentemente entre la realidad y la fantasía, entre la realidad que hubiera deseado y que ha modificado al escribir la obra para satisfacer su egocentrismo y poder lamer sus propias heridas, y que tiene que aceptar por encima de sus deseos y capacidad de perturbar el entorno, de forma tan ingenua como despiadada.
Siri, con ademanes de diva, solo espera representar, mostrarle al mundo la capacidad interpretativa que ella cree tener e intenta defenderse de los reproches recurriendo siempre a la necesidad de ensayar. Importante el esfuerzo de Montse Peidro, para dejarnos ver la verdad de su personaje.
El director de la función, se intercala en los instintos de los tres, a veces como bálsamo, a veces como un inconveniente, y aunque siempre sale mal parado, su pequeñez de espíritu lo lleva a insistir una y otra vez con idéntico resultado. Oscar Ortiz de Zárate, dibuja a la perfección el fracaso que, como dice al final, resultó ser aquella obra que ensayaban.
La noche de las tríbadas, es la noche del ser humano sin calificativos, y nos muestra sus tinieblas sin tapujos, desde una cuidada escenografía y de la mano de cuatro actores que se identifican a la perfección con los personajes y con esas sombras que, a veces, nos empequeñecen y no conseguimos contener. Tal vez porque las pasiones y los sentimientos son parte univoca del ser humano y del personaje, ser humano a la postre, revestido de tal vez y de imposible.

EL JUEGO DEL AMOR Y DEL AZAR
Juan Monzú.  10 octubre 2015

El traje, el disfraz que a la postre reviste al amor mientras no es más que un concepto del que todos oímos hablar más pronto que tarde y al que todos, o casi, queremos llegar, representa un importante papel en este juego en el que los seres humanos nos embarcamos, a veces con más deseo que voluntad y otras, con más desconocimiento que intención, porque algo nos llama, nos atrae o nos conquista.
Ese disfraz, en ocasiones simplemente el azar, es la condición de cuanto ha de venir para que dos seres se encuentren en un camino que han recorrido sin saber uno del otro o, en todo caso, sin saber que cada uno será esa segunda piel que necesitamos todos, aunque venimos desprovistos de ella.
Porque durante mucho tiempo, el amor fue la variable de un negocio, de estado o de familia, pero negocio al fin con el que se sellaban alianzas y se incrementaban patrimonios económicos y sociales, fiel a la tradición la señora Orgón no tiene inconveniente en acordar la boda de su hija, Silvia, que ni lo sabe ni lo supone, con el hijo de un ricohombre, Dorante, que se propone visitarla antes de formalizar la boda. Pero, como hemos de imaginar que a lo largo del tiempo pasó más de una vez, Silvia decide jugar, disfrazarse de lo que no es para ver como espectadora el papel que habría de representar como protagonista, intercambiando sus vestidos, “su disfraz” con los de Liseta, su criada, mientras que Dorante, ha tenido la misma confundida idea y cambia su identidad con Arlequín, su criado.
Las emociones se entrecruzan, el amor no niega su esencia y su presencia haciéndose visible y palpable como le corresponde, y los sentimientos nacen más allá del traje físico de cada uno porque el disfraz, la auténtica emoción, va a ser el azar al que contribuye sobremanera Arlequín, personaje indolente donde los haya, que jugando el papel de su amo va a poner en este cruce de inquietudes y sentidos una pizca de desvergüenza, de frescura y de picardía, que contravienen la razón pero que, a la postre, agradecerá el corazón que no puede hacer otra cosa que rendirse a la verdad más absoluta.
El disfraz del propio disfraz con el que los personajes ocultan sus verdades personalidades, es el enredo, la confusión que, a pesar de todo, a modo de nexo de unión se va convirtiendo en concordia y entendimiento, asaltadas por la desconfianza, la inseguridad en el otro al conocer la verdad, y a las que el amor y su ingrediente el azar ayudará a superar y sobrepasar por encima de normas y convencionalismos.
Arantxa Hernández, en el papel de Silvia, mantiene la atención y el pulso interpretativo casi de forma permanente; Patxi Jericó, es un perfecto Arlequín en expresiones muy bien construidas y gestos muy apropiados; Javier Merino es Dorante al que lleva de la mano hasta ser capaz de renunciar a su identidad por amor; Puy Ruete es perfecta como Liseta, la criada desinhibida de formalismos a quien solo le importa la oportunidad de casarse, y además, creyendo que con un señor de posibles; Pilar Moreno, dibuja muy bien a la madre convencida de haber negociado el casamiento de su hija al tiempo que complaciente con su intención para ser determinante al desenlace final.
Interesante y acertado el recurso empleado por el director, José Gomez-Friha, dejando en escena a los personajes que no intervienen en la acción principal, al fondo, visibles para el espectador que así no olvida que también son parte del juego.
La puerta al fondo, en un decorado colorista y sencillo, que abre y cierra el paso al amor y al desengaño, se convierte en el principal elemento silencioso para entender el desarrollo de este Juego del Amor y del Azar

DOS INTERPRETACIONES EN LA CUMBRE.
Por José Luis Vega.  6 octubre 2014.

Cuando dos grandes actrices pisan un escenario, como ocurrió el pasado día 3 de octubre en la Casa de la Cultura de Puebla de la Calzada, con la seguridad de defender un trabajo bien hecho, se ve y se escucha teatro de verdad y esto es lo que ocurre en "La cumbre", cuando Noelia Benítez y Pepa Gracia dan vida a María Estuardo e Isabel Tudor. Forman, sin duda, una extraordinaria pareja que luchando por el poder se complementan perfectamente en la interpretación.
La obra, basada en la historia de estas dos reinas, con texto y dirección de Fernando Sansegundo y ambientada en nuestra época actual, tiene una puesta en escena realmente buena y una dramaturgia excelente.
El público que llenaba el aforo de la Casa de la Cultura reconoció la magistral interpretación de estas dos actrices ¡grandes donde las haya!. Dos actrices en la Cumbre... y cuando se dice en "La Cumbre" no hacemos referencia al título de la obra, que podía, nos referimos a lo grandes que son. Brillan con luz propia y lo hacen de manera magistral, poniendo en ello: amor, pasión, fuerza, energía, profesionalidad, talento...dignifican la palabra "Teatro" y el público agradece este magnífico trabajo que despierta todos los sentidos de los amantes de las Artes Escénicas. Seguro que será el comienzo de un proyecto que vendrá repleto de grandes éxitos.
¡Un comienzo de lujo para este XXXIII Festival Nacional de Teatro Vegas Bajas!.

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