CRÍTICAS ESPECTÁCULOS 2016

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Ars Amandi. Induo Teatro.
Por Juan Monzú (Cronista Oficial de Puebla de la Calzada).

Publio Ovidio Nasón escribió, entre los años 2 a.C. y 2 d. C., ArsAmandi (El Arte de Amar), en dos libros dirigidos a los hombres, “Sobre cómo y dónde conseguir el amor de una mujer” y “Sobre cómo mantener el amor ya conseguido”,posiblementecon más intención de ironizar sobre las relaciones entre hombre y mujer, y divertir, que con la de instruir a nadie en tan dificultosa industria del alma y los sentidos, y soliviantar, a pesar de la socarronería de los dos primeros versos del primer libro.
  “Si alguien en Roma ignora el arte de amar, lea mis páginas y ame instruido por sus versos
Movido por la inmediata y popular acogida, escribió un tercer libro que dedica a la mujer, quien sabe si por una avanzada intención de igualarla en el arte y la materia, al que llamó “Consejos para que las mujeres puedan seducir a un varón”. Pero a pesar de la intención entre didáctica y ocurrente, sus palabras fueron vistas por la extensa clase noble de aquella sociedad ensoberbecida, y del propio emperador – hasta entonces defensor de Ovidio – como una alusión directa a su vida privaday un ataque contra la severitas, la moral conservadora y oficial del imperio, impuesta por el propio Augusto con su llegada al poder en el año 27 a.C.
ArsAmandi, a pesar dela intencióny de los consejosque vierte, con el recurso de los dioses, para explicar las circunstancias que rodean el amor y sus circunstancias, es ironía y humor,al mismo tiempo que, tal vez, una sátira o cuando menos una crítica sobre la realidad de las relaciones entre las personas, más allá de su condición de hombre o mujer.
Los versos ahora son alabados, eso sí, pero se acogen con más gusto los dones magníficos. Por barbarote que sea un rico, nunca deja de agradar
Arsamandi, refresca aquellas pequeñas cosas que unen a un hombre y una mujer, víctimas propiciatorias del día a día y de la costumbre, y que nuestros poetas modernos magnifican como visionarios: los detalles, los versos.
   “A unas y otras (las mujeres) encómialas en tus versos y, buenos o malos, al leerlos dales relieve con el primor del recitado; acaso consideren como un pequeño regalo los cantos compuestos en su alabanza
Y todo ello posiblemente pueda ser contado de mil maneras, tan diferentes como exactas, y ninguna de ella se alejará de su esencia, apenas el sesgo con que se adorne cada una de esas maneras. Con más de dos mil años de vida, ArsAmandi sigue resultando tan fresco y actual como en aquel tiempo de doble moral, sorpresas fingidas, permisividad y rigurosidad tan poderosas como frágiles, corrupción y honradez, unidas hasta confundirse, soborno y poder, amantes ocultos de la mano por el Foro, o fortuna e indigencia, cohabitando con naturalidad a la vista de todos y con la anuencia del desapego y el nepotismo de las conciencias. 
  De todas esas mil maneras, Induo Teatro, ha elegido la que parece más apropiada en estos tiempos de tantas dobleces particulares y generales, de tanta supuesta honradez en la disyuntiva del entredicho, de tanto sabihondo, letrado y titulado ignorante  que ni lee ni sabe lo que firma, y de tanta indolencia de tantos lucrándose del esfuerzo de tan pocos, para contarnos el arte de amar que proponía el casi revolucionario Ovidio, al albur de airear los fondos más sucios, más disparatados y más irracionales del Foro de nuestra urbe, todavía, patria.
      Y lo hace de la mano, la capacidad, y el manejo del arte que atesora Chico García, quiensin regatear esfuerzos y ganas y, antes al contrario, en un constante crecerse con la situación dispuesto a darse más y mejor, se abrió en canal, se entregó en cuerpo y alma, para dejarnos todo cuanto de sí mismo le permitieron las fuerzas con que afrontó la tarea, hasta más allá de la fatiga, de hacernos conocer ArsAmandi y sus escenarios, Ovidio y su tiempo – identificado con el nuestro – el ser humano y sus condiciones.
     Nos ubicó con sutil delicadeza, aunque llenando desde el primer instante la escena, en el pensamiento de Ovidio y su magisterio en el arte de amar y la consecución del amor deseado y soñado;y lo consigue yendo con pasmosa facilidad creativa que nos enseña y nos ayuda a entender, de la severidad a la agudeza, de la prudencia a la ocurrencia, de la mesura a la ironía, del amor de Ovidio al desafecto de nuestro tiempo y algunos de los protagonistas de relumbrón que, amor o desamor mediantes, pueblan nuestra sociedad.
      El texto, la representación y el actor, respetan a Ovidio con la solemnidad debida hacia quien se enfrentó con sus versos al sistema y, sin burlarse de él, bromea y pone en duda la facilidad para conseguir el amor siguiendo sus consejos – actualizando fondo y forma del amor entendido en estos tiempos –y los tres principios en los que el poeta basa el buen fin del propósito, con los que juega utilizando los mismos argumentos actuales de forma y fondo, de hombres y mujeres.
Y lo hace,como un maestro de la escuela peripatética bajo la pérgula, sin abandonar el constante ir y venirde la verdad a la broma, de la mojiganga a la naturalidad, ocupando por completo el espacio tiempo de la acción, del mensaje y de la unión con el espectador, en un esplendor de tonos, movimientos, poses, frases, dichos, visajes, y gestos, casi hilarantes a veces, que no solo no llegó a desfallecer, sino que crecía permanentemente de forma casi subliminal, para narrar un gran texto con la sencillez más comprensible, y adornado de la seriedad necesaria que nos mostraba la esencia del buen teatro, grabado a fuego en la piel de un gran actor que hizo vibrar, con su portentosa actuación, a todos; un gran actor que, al mismo tiempo, resultó ser persona cercana y sencilla, lo que pondera mucho más su capacidad para llenar por sí solo la escena y la acción con su casi insuperable actuación.
ArsAmandi, en la voz y la excelsa representación de Chico García, sacudió los rincones del teatro entre risas y poesía, bromas y críticas, lecciones de amor y dedos acusatorios que, manteniéndose a la altura y la dimensión de la grandeza del poeta latino, hicieron al espectador sentirse parte de aquello mismo que veían, casi como protagonistas necesarios, y quien sabe si, tal vez, más de uno identificó, en los versos de  Publico Ovidio Nasón, sus propios errores o carencias en el arte de amar. 
  “Si tienes verdadero empeño en conservar tus relaciones, persuádela que estás hechizado por su hermosura… ¿se adorna con franjas de oro?, asegúrale que sus formas tienen más precio que el rico metal… admitido en su tálamo, ten exquisita cautela en que tus palabras no le parezcan fingidas y el semblante contradiga tus razones…” (Ovidio.- ArsAmandi)

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Tartufo el impostor. La Trapera Teatro.
Por Juan Monzú (Cronista Oficial de Puebla de la Calzada).

Pueblan la historia, un incontable número de personajes que supieron, desde la habilidad y la palabra hueca y vacía pero bien vertida en los oídos de quienes los escuchaban, explotar la inocencia, la ignorancia, la debilidad,el afán o la arrogancia, para ganarse la voluntad de las consciencias crédulas y no tanto, y de otras cuyas razones para dejarse seducir, pertenecen a otras causas, intenciones y circunstancias. La política, los intereses de cualquier clase y condición, fueron caminos expeditos que los tramposos supieron transitar en beneficio propio. Y especialmente la religión, sobre todo en momentos de reformas, contrarreformas y sus secuelas, que fue un campo sembrado en el que florecieron los falsos devotos que manejaron a su antojo, vidas y haciendas, familias y conciencias, dichas y destinos.
La Real Academia de la Lengua llama al hombre hipócrita y falso, tartufo, y el diccionario de sinónimos y antónimos identifica al hipócrita y también al santurrón, como tartufo. A nuestro pesar y del desuso del término, el personaje sigue vivo y activo en estos tiempos nuestros de abundancias y ruptura, y hasta tal vez se haya revitalizado inventando el hábito de santurrón de las finanzas, de la política o la sociedad, en el más amplio sentido de los términos y las situaciones.
      Tartufo es un manipulador, un vendedor de aire, un encantador, un donjuán de los suburbios del alma, un embaucador que aprovecha las debilidades y las necesidades calladas de las conciencias, para adecuar las formas y los fondos a sus ambiciones y someterlas al imperio de su codicia, de la falsedad de sus palabras, la astucia de sus intenciones y su falta de escrúpulos. Tartufo, santurrón, explota los miedos que acobardana los que dudan entre el bien el mal y sufren con los castigos del cielo, siendo un perfecto fariseo que, travistiéndose de impostor, terminará siendo amo de voluntades y deseos, y dueño de los propósitos y las esperanzas ajenas.
 Tartufo no podría sobrevivir en un ambiente en el que su voz fuera una más, un ambiente en el que las decisiones no estuvieran dirigidas por su indescifrable voluntad y su disimulo, y en el que no tuviera nada que torcer, ganar o destruir.
Cuando Jean BaptistePoquelin, Moliere, estrenó su Tartufo en 1664, no recibió otra cosa que las iras de los devotos (naturalmente lo falsos devotos) que encontraron en ella un ataque contra la religión, llegando incluso a amenazarse con la excomunión a quienes asistieran a sus representaciones. Pero Tartufo también ataca al poder (del político o del paterfamilias), a las costumbres y a la propia sociedad, que no por ser las del siglo XVII, han dejado de ser de palpitante actualidad en estos tiempos en el que los tartufos medran, abundan y sobreviven.
      La Trapera Teatro, en un alarde de imaginación y buen gusto, con un ingente despliegue de buen trabajo y profesionalidad y una buena mochila de recursos a sus espaldas, posiblemente nos sacó los colores con su Tartufo; moderno, lleno de luz, revestido de gotas de humor, sereno, dominador, trágico, dramático, lascivo, pero sobre todo pacientemente cruel, serenamente inalterable, vengativo, ejecutor de sus propios apetitos hasta más allá de lo humanamente soportable. Su Tartufo es el mismo Tartufo que fuera prohibido durante cinco años tras ser estrenado, el ruin personaje que, a pesar de sus rezos y sus símbolos, es la imagen de la hipocresía, delamalicia, de la lisonja, del engaño y de la más vil comedia humana.
En medio de una escenografía tan sencilla como espectacular, con un sonido tan ausente como ruidoso, un vestuario tan contemporáneo como exacto, y una iluminación rayana a veces en lo “im – presionante” por cuanto se identifica con la historia y sus momentos hasta hacerse piel de su piel, voz de su voz, sentido de sus sentidos y dolor de su dolor, Tartufo, presente o vivo en las palabras de los miembros de la familia que no se dejan engañar por sus modos y ardides, muestra los bajos barrios de la condición humana, destapando la desnudez más vergonzosa de las pasiones y la fragilidad del burgués Orgón,temeroso del cielo pero tan tiránicocomo inocente, tan intransigente como ingenuo, tan autoritario con los suyos como débil con su capacidad de discernimiento, anulada por el influjo del farsante.
Tartufo y Orgón, a pesar de cuantos los separa, a pesar del principio y el fin de sus horizontes y sus intenciones, a pesar de todo,son tan diferentes como iguales en sus propósitos porque los dos persiguen, sin remediar medios y consecuencias, sin sopesar  ni esperar quien sabe si otro mayor bienestar, la satisfacción personal, debilidades y ambiciones, ya sea escapar del castigo divino a través del falso, pero convencido, devoto o saciar las ansias de riquezas en los bolsillos y la familia del incauto, manejando en cada momento los hilos que mueven vidas y destinos.
Tartufoy Orgón, son en sí mismos, doblez y debilidad, humildad y soberbia, ambición y sencillez, cualidades y defectos que alcanzan momentos de grandeza con la Señora Pernelle, a los que intentan reformar,adornando la situación de inesperados asomos de vis cómica que las sublima,Elmira,contrapunto lúcido del equívoco, yDorina, picardía callejera, desequilibrio en favor de la verdad, totalmente alejada del rol clásico de la sirvienta del teatro del siglo XVII.
Mariana, va y viene por la acción, cruza en medio de todos, siendo la hija obediente y abnegada, dispuesta a ser la mejor moneda de cambio en el negocio de la tranquilidad de espíritu de su egoísta y ególatra padre,y Valerio, resulta fundamental en el exacto decorado de la escena y los momentos de un gran montaje, una obra que en origen está compuesta de cinco actos.
¡Una gran noche de teatro, una gran obra y una mejor representación! Un gran espectáculo que se vio enturbiado con un problema de audición que en varios momentos se hizo sentir por el tono excesivamente bajo de los actores, que actuaban sin ayuda de micrófonos, y la posición alejada que ocupaban casi al fondo de la escena, lo que además de robarle fuerza a la actuación y el interés, levantó la queja murmurada de más de un espectador que, no obstante, guardó silencio y absoluto respeto de la representación y el trabajo de cuantos estaban en el escenario. ¡Permítaseme el apunte, con la mejor de las intenciones!
  A pesar de todo, Tartufo, que sigue entre nosotros porque jamás dejará de haber un impostor acurrucado en los arrabales del sentimiento, nos mostró cara a cara y de frente, una parte de lo más sórdido de nosotros mismos y de lo que nos rodea.

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CÉSAR. De Fernando Sansegundo.
Por Juan Monzú (Cronista Oficial de Puebla de la Calzada).

     “¿Cuál es la muerte más dulce? – preguntaron a Cayo Julio César mientras cenaba en casa de Marco Emilio Lépido, a lo que él contestó de forma confiada al estar entre los que suponía sus amigos: “La que llega sin previo aviso”. Al día siguiente, idus de marzo del año 44 a.C., caía asesinado a manos de una facción de senadores que creyeron salvar la Res Pública que ellos consideraban en peligro si aquel seguía siendo, como era, el dueño de Roma, de sus finanzas y de un poder que superaba al propio Senado. 
      Como tantos salvadores de la patria que han existido, aquellos Senadores,además de privar a Roma de un gran estratega y uno de sus mejores gobernantes, no hicieron otra cosa que precipitar la caída de la república y lo que se suponía eran los sagrados valores que intentaban proteger con la muerte de César, a quien acusaban de querer destruirla, titulándose rey, algo que nunca sugirió y antes bien rechazó el laurel y la diadema con que Marco Antonio quiso coronarlo durante las Lupercales.
Servilio Casca, Marco Junio Bruto y Cayo Casio Longino fueron los principales instigadores del crimen, amparados en “el espíritu de Catón” para defender los intereses de la República, por razones que a la postre no parece que fueran más que intereses personales y particulares entre los que estaba el desagradecimientodeCasca, al que César había perdonado la vida, dos veces, durante la Guerra Civil, o el resentimiento de Casio, espíritu de la conjura, tal vez por la escasa recompensa con que, a su juicio, lo recompensó César tras la batalla de Farsalia. Bruto, quizás fue el único convencido de la necesidadde salvar a la República y de que la única forma de hacerlo era mediante aquel crimen, porqueaunque amaba a César, “amaba más a Roma”.
El montaje sobre la obra de  Shakespeare, Julio César, que Fernando Sansegundo ha puesto en escena, nos acerca al momento de la conspiración y el crimen, en una Roma,que bien podría ser cualquier ciudad, a la que unas mujeres decididas buscan salvar de la esclavitud y la tiranía. Aunque por encima del espíritu y la presencia, y del propio nomenfemenino, las figuras más importantes no se desprenden, a través de sus identidades, del agnomen y cognomen masculinos de la historia – Marcia Bruto– y Claudia Casio –, quedandoen la ambigüedad, Casca, a quien no se le da praenomenalguno. Las otras dos figuras son, también por nombre, mujeres. Marcia Antonia (Marco Antonio) y Lepida Emilia (MarcoEmilio Lépido), que no intervinieron en el magnicidio y se ignora si lo conocían.Porcia es la mujer de Bruto, y, parece, la única mujer participe de la conspiración y por tantocómplice necesaria.
 César altivo, envanecido, que desdeña el consejo, “Cuídate de los idus de marzo” y se ríe de sospechas ajenas, “Solo se debe temer al miedo”, orgulloso de su título de dictador in perpetuum, que le concedió el senado, y con el que gusta sentirse dueño y señor de todos. Pero los ropajes púrpuras del poder, no consiguen esconder a Cesar temeroso de sus propios sueños, en los que nunca creyó, y en los que ahora cree como un mensaje trágico de que su vida perecerá ahogada en su propia sangre; unCésar asustado que busca excusas para no acudir al Senado. César, cansado, invadido de inevitables dudas sobre la vida y la muerte, sobre el triunfo, sobre el poder y el descanso. Cesar, confiado, ignorante de que va a ser sacrificado porlas ideas y las ambiciones de aquellos a los que más quería o que tenía más cerca.
El gran César, engañado y traicionado por quienes se autoproclamaron la voz y la conciencia del pueblo para salvar al pueblo y preservar la libertad de una sociedad tan corrupta como grandiosa, tan depravada como selecta, tan pervertida como autoritaria; el gran César, al que se le podía acusar de casi todo lo bueno y lo malo, inculpado y condenadopor una intención y un deseo que solo imaginaron aquellos que lo temían; el gran César, amado por el pueblo, temido por los poderososy odiado por patricios y optimates, descendiente y protegido de Venus,víctima de la muerte más inesperada y silenciosa que nunca hubiera podido imaginar.
Es la diosa Venus quien justifica la versión de Fernando Sansegundo, porque son las mujeres – “hijas de Venus” – las que sacrifican a César en el nombre de la misma libertad que, en principio, defienden los hombres; Venus dirige su defensa de los valores de la república que otro Bruto, Lucio Junio,  instituyó con la expulsión del último rey casi 500 años atrás; Venus está en las mujeres que representan el poder, sin estar en las instituciones; el espíritu de la Roma ancestral que sienten en peligro, la fuerza para amarla por encima de las cosas y las personas, y la determinación para acabar con cualquier intención que atente contrael aliento del pueblo romano. ¡Que en definitiva es el aliento de todo pueblo, más allá de su nombre, y de su gente!
      Y es Venus, sus ojos, su media sonrisa, el último e intemporal testigo del postrer hálito de Julio Cesar, derrotado con 23 puñadas dirigidas por la voz del pueblo que creían encarnar Marcia Bruto y Claudia Casio, de la misma manera que creyeron hacerlo Marco Junio Bruto y Cayo Casio Longino, en los idus de marzo del año 44 a.C. mientras contemplaban sus despojos a los pies de la estatua de Pompeyo.
Ellas, la historia, nos convirtieron en testigos obligados de una conspiración de la que los mismos conjurados dudan de causas y resultados; fuimos pueblo de Roma que vitorea a César cuando rechaza la corona, Patresconscripti de la Curia, testigos mudos del magnicidio, y turbamulta que reclama justiciaen el Foro, ante las palabras de Bruto para justificar los hechos.
      “Porque fue mi amigo, lo lloro; porque afortunado fue, lo celebro; porque fue valiente lo honro; porque fue ambicioso, lo maté”.
      Con un casi inexistente decorado que en verdad conforma una gran puesta en escena para la ocasión, la conspiración y el asesinato de Julio César, inundaron de tensión el ambiente, nos hizo pensar en la bondad o no de las causas manejadas, amamos y odiamos a ejecutores y ejecutado, porque si es verdad que nada justifica el asesinato, César y su muerte nos obligaron a sopesar la duda razonable de elegir, llegado el momento, entre salvar a una persona o salvar a un pueblo, como lo reflejan las palabras de Bruto: “¿Prefirierais que César viviera y morir esclavos o que esté muerto César y vivir libres?
El gran saber hacer de todos los protagonistas cercano al mejor de los trabajos, despertó interés, angustia, pensamiento y duda en quienes vivieron, aun con nombre y piel de mujer, las inquietudes de uno de los grupos de conspiradores más importante de la historia.
Posiblemente, un guiño cómico al drama, lo puso el director en Casio, personaje que cojea, nada extraño teniendo en cuenta que la raíz de su nombre, Claudia, esclaudus/i, forma latina de “cojo”.

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BRUJAS. Cía. Lolita Corina.
Por Juan Monzú (Cronista Oficial de Puebla de la Calzada).

Desde que el 5 de diciembre de 1484, Giovanni Cybo, más conocido como Inocencio VIII, papa nº 213 de la Iglesia Católica, promulgara la bula Summisdesiderantesaffectibus, reconociendo la existencia de las brujas, que derogaba el Canon Episcopi del año 906,que mantenía que la creencia en la brujas era una herejía, el miedo, la ignorancia y la superstición crearon y vieron la existencia de una población de brujas a las que persiguieron, condenaron y castigaron, con el amparo y el impulso de la propia iglesia  que las persiguió con saña casi hasta finales del siglo XIX.
Sorgina en euskera, bruixa en catalán o meiga en Galicia, abundan los nombres de mujeres que sufrieron la acusación de ser brujas y terminaron pagándolo con sus vidas o, cuando menos, siendo víctimas de un proceso en el que no faltaron torturas y acusaciones falsas. Entre estas mujeres, y una de las que se tienen noticias más antiguas, estuvo Dominica la Coja, mujer que vivió en la primera mitad del siglo XVI en la comarca de Somontano Barbastro como partera y curandera, que en 1535 fue ahorcada acusada de bruja.
Además de las brujas de Zugarramurdien 1610, y otra muchas en Europa, importante fue la caza de brujas en Tarrasa en el siglo XVII seguida contra, entre otras, Margarida Tafanera, Eulalia Toxta, Miquela Casanova o Guillerma Font “Miramunda”que tras ser torturadas, murieron en la horca el 27 de octubre de 1619. Finalmente, en el siglo XIX, Joaquina Bona, “la tía Casca”, vecina de Trasmoz, en la comarca de Tarazona y el Moncayo, fue despeñada por un barranco en 1850 por sus vecinos, acusada de “ser capaz de volar, hablar latín y otras lenguas, o provocar males a niños, animales y cosechas
Después de aquel tiempo de ignorancia y oscurantismo, resulta reconfortante ver los deslavazados sortilegios y procedimientos de las brujas que pone en escena con la mejor intención de entretener sin más ambiciones, el grupo Lolita Corina y que encarnan con desparpajo y deliciosamente alejadas de cualquier estereotipo, tradicional o moderno, que las identifiquecomo tal, Lola González y Coral Ros, permanentemente cargadas de humor, chanza, sarcasmo, y hasta de las más elementales trazas, perfecta antítesis del genero e exacta imagen de las torpezas y los desconocimientos.
La hora de las brujas, cuando todo lo que tiene magia sucede y ocurre, cuando los hechizos llaman al más allá, cuando lo intangible puede hacerse real con la fuerza del propósito, cuando todo y nada son solo uno, puede ser la mejor hora para pintarle la cara de payaso al rostro más serio de la vida, al lado oscuro de la luna, al fondo negro del telón de nuestro escenario, y hacerlocon los títeres de un humor que transita por una invisible cuerda suspendida sobre el absolutoabsurdo, el dilatado imposible, la burla más honesta, la mayor caricatura, el mejor mimo, y la más absoluta y ridícula verdad de los filtros y los ensalmos que, realidad o invento de su empleo y eficacia, costó la vida a muchas mujeres durante siglos, por culpa de quienes veían en cualquier hecho, desconocido en aquellos tiempos, la mano de una bruja. 
Los gatos, animal venerado por los antiguos egipcios como dioses, fiel compañero de las brujas y que simboliza lo mágico y lo oscuro, con estas brujas sestean cómodamente bajo la mesa y los sillones y acaban siendo víctima de sus perdidos pasos y sus despistes y torpezas, desmitificando su imagen convertidos en pacíficos y variopintos peluches.
No hay escoba, ni aquelarre, ni pócimas, ni ungüentos, ni bebedizos de mandrágora,ni falta que hacen; la cromniomancia– adivinación a través de la bola de cristal– no pasa de ser un simple adorno tan inservible como la vela que no se deja encender, no sabemos si por voluntad propia o por influencia de la bruja que permanece aprisionada en un cuadro inanimado, por culpa de un conflicto de competencias y poderes que terminará cobrando su venganza. ¡Brujas!
Nada es, como la imaginación nos quiere hacer creer que es, o fue, el mundo de las brujas, porque Lula y Dora (Lola y Cora) han decidido, no sabemos si embrujo mediante, salirse de madre, iluminar las sombras, pasar al otro lado, ignorar lo adusto y el fundamento, reírse de sí mismas y con todos nosotros, renegar de los fantasmas y sus influencias, usar “pastillas” para la iniciación en el “brujerío”, y contarnos una historia que busca el entretenimiento, buen entretenimiento, por encima del propio argumento, de la fuerza del texto o de la credibilidad.
Credibilidad que no se hace necesaria en ningún momento, porque Lola y Cora (Lula y Dora) son creíbles por sí misma, con su saber hacer, con su saber estar en escena, ocupando, con oficio, el espacio necesario en cada momento y llenándolo, con maestría y “tablas”, con la mueca necesaria, el gesto oportuno, el sentimiento entregado y el alma puesta en la intención y el buen fin de proporcionar y conseguir, un rato de diversión sin más, que falta nos hace, a través de la cómoda senda de la risa.
Las brujas, aquellas, debieron esbozar una sonrisa desde su mundo de ayer.

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NUNCA DIGAS QUE ESTUVE EN CUENCA. Arte-Facto Teatro.
Por Juan Monzú (Cronista Oficial de Puebla de la Calzada).

Hasta casi nuestros días, pespunteó el horizonte de aquella España de charanga y pandereta, la silueta nómada de los cómicos de la legua que, a pie, en carros y,en los primeros años de la posguerra, en arruinados vagones de tercera como los del tren en que viajaba Antonio Machado, que “camina y camina y tose con tos ferina”, o desvencijados autobuses que se asfixiaban cuando subían las cuestas y traqueteaban cuando las bajaban, y con más interés que acierto muchas veces, intentaban llevar el teatro de pueblo en pueblo, a veces por un mísero plato de comida fría y el reposo en un mal jergón en donde descansar los apenados huesos en aquel viaje a ninguna parte.
El camino era demasiado largo, el horizonte, exageradamente ancho, la meta, llegar por cualquier medio, allí en donde representar su función y si fuera necesario al más recóndito lugar de la geografía, para dar vida a los personajes de una comedia, un drama épico, una tragedia, o la más absurda historia jamás contada. Siempre en constante movimiento, de un pueblo a otro pueblo, de un lugar a otro, víctimas de la prisa y la obligación, ignorando casi todo de todo y de todos. 
Teatro itinerante y aficionado que será el germen del teatro independiente que va a oponerse y enfrentarse al sistema ya fuera político, social o de las propias estructuras teatrales profesionales. Teatro por el teatro, sin importar en donde se estaba porque había que estar, o hacia donde se iba, porque había que ir, ni si se llegaba a Toledo o a Cuenca, porque había que llegar. Y trabajar como fuera en lo que fuera – incluso contra los propios ideales y principios – porque había que comer y seguir camino hacia donde fuera.
El hambre de uno, los ideales de otro, la casi ingenuidad de otro acuciada por su amor al teatro, la inconsciencia de la pícara que confunde unos ideales que se tambalean al son de un pasodoble y la experiencia de quien negocia casi a ciegas para conseguir los billetes que les permita salir en un autobús cansino que no tiene inconveniente en dejarlos en cualquiera de las cunetas de lo inesperado, son causa suficiente para que un grupo, en un lugar que no conocen aunque saben situar en el mapa de aquel tiempo, se atreva con lo que no quieren hacer, lo que no pueden hacer, lo que no recuerdan, un libreto que se escribió un día que nadie conoce y casi extraviado al fondo de un exiguo equipaje de vestuario y sonido que cargan en sus cansadas espaldas y sujetan sus doloridas manos.
Arte-Facto Teatro, pone en marcha su obra Nunca digas que estuve en Cuenca, imbuyéndose en las formas de una gangarilla y un cambaleo que en ocasiones derivan aires de garnacha y bojiganga, (nombres de diferentes grupos de teatro de distinto formato durante el Renacimiento y el Siglo de Oro)para desarrollar con letras de humor la situación de estos grupos de teatro en aquellos difíciles años cuarenta.
Bajo la firme batuta de Pepa Gracia, actriz de altura donde las haya desde siempre, mujer de teatro curtida ya con la piel de cientos de personajes diferentes y de mil diferentes registros gestuales, José Luis Vega pone la vis cómica más cómica y humorística, dificultado su trabajo con su papel de súbdito portugués que su habilidad y conocimientos del idioma salva sin dificultades.
Isabel María Parejo, dibuja con suficientes tablas la folclórica con aires de diva que no tiene para comer, Luis Manuel Pascual pinta con serenidad un intelectual resentido que no consigue reivindicar entre sus compañeros la impronta independiente que ha de tener el grupo, José Antonio Teodoro es un exacto Sancho Panza del quijotismo que, en resumen, preside la actitud de todos, y Teodoro Gracia, es experiencia, conocimiento, capacidad para “clavar” el papel que le toca.
Trabajar y seguir; seguir el rumbo ambulante hacia el destino soñado y el éxito esperado… por ello, mejor nunca digas que estuve en Cuenca.

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EL PUEBLO DE LOS MELLADOS. Félix Albo.
Por Juan Monzú (Cronista Oficial de Puebla de la Calzada).

Posiblemente porque, como dijo Groucho Marx, la risa es una cosa muy seria, hacer reír y sostener la atención y el interés con una sonrisa casi permanente, debe ser potestad de unos pocos,dueños de una ingente capacidad para la narrativa y con habilidad suficiente para la comunicación y el acercamiento.
Las debilidades del hombre y sus condiciones, se han adornado siempre de confidencia y de misterio, nacidos las más de las veces de la imaginación de quienes quieren saber abrigados al calor de la noche y la intención de darle forma al tiempo y el tedio, y más de una vez salpicado de instantes tragicómicos que esa misma fantasía moldeó, acicaló y derramó sobre las sombras del hoy y el ayer.
Más allá de las sesudas opiniones sobre los orígenes del teatro, es posible que todo empezara por airear lo sucedido tras las paredes de cada casa, en la soledad de un día cualquiera o detrás de las nieblas de cada pasión y cada sentimiento, por esa  necesidad que tiene el ser humano de compartir penas y alegrías aunque sean las propias. 
Porque el teatro, en resumen, es el espejo en donde la misma vida señorea a partes iguales su sabiduría y su ignorancia, sus brillos y sus oscuridades, sus galas y sus remiendos, sus abundancias y sus carencias, sus secretos y sus evidencias, sus risas y sus miserias, sus verdades y sus mentiras, revestidas, unas y otras, con los aparejos de la fatalidad, del desconsuelo, de la burla, la sátira, el enredo o la risa.
Y para ello, el teatro se hizo imagen, obligación de expresar los sentidos con la fuerza de la voz y la manifestación de los gestos; presencia que diera cuerpo cierto al dolor o la queja o la pena o la alegría que se intentaba hacer llegar a los demás.
Y sin embargo, Félix Albo, ha sido capaz de hacer que viéramos, solo con el poder narrativo y la capacidad de contar que alberga en su interior, a todo un pueblo con sus casas y su monte, con sus pinos cuya propiedad se transmitía por generaciones, al forastero, a los diferentes miembros de la benemérita, al abuelo moviendo cuatro extraños dados, a la abuela sonriente y hasta el reformatorio o el colmillo superior izquierdo de sus cuatro inexplicables víctimas, iniciales para una declaración de amor.
 En forma de monólogo, de cuentacuentos, de historias narradas al amor de la lumbre que algunos llegamos a disfrutar en la infancia, su narración sencilla pero cargada de matices y constante situaciones irónicas, que transmutaba casi con un clic en situaciones cómicas y casi ridículas, nos enseñó el pueblo de los mellados, y la panadería y la ermita, y la rendija de la puerta por donde los primos curioseaban, como si estuviéramos frente a un exacto decorado.
 Y en un constante y casi repentino ir y venir de aquella situación a esta yde este ánimo al opuesto, sin abandonar la crítica social y política, nos mostró la sonrisa de la ayudante del dentista, y al santo Antón de escayola con los dedos descascarillados por los golpes, víctima de una procesión rayana en el absurdo, para llevarnos a la más elemental solución de una infaustarealidad, como es la muerte de cuatro hombres.       Y hacerlo todo, sin salirse del mismo ambiente cómico, satírico y crítico.
El pueblo de los mellados, al que llegamos tras un largo periplo por fiestas patronales, costumbres y sucesos, por encima de sus condiciones y de la de sus habitantes, sencillos, sin prisas, sin estrés,resultó ser sin estridencias, sin momentos de tensión, el trágico escenario, que no vimos ni hizo falta, de una historia tan seria como la muerte de cuatro seres humanos, de la mano de un amor llevado a sus últimas consecuencias, contada desde el humor en clave de un humor de elevada categoría que arrancó risas, sonrisas y carcajadas sinceras.
 Algo tan serio como el amor y la muerte contado,sin salirse un solo momento de un trasfondo que intentaba sacarle los colores especialmente a la clase política y airear sus vergüenzas sin demasiado pudor, con un profunda carga de buen humor, que revistió de filos dorados la frase de Julio César.
"Desconfía de quienes nunca ríen. No son personas serias".

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HAPPYEND. Vaiven Producciones.
Por Juan Monzú (Cronista Oficial de Puebla de la Calzada).

En estos veloces y especiales tiempos que vivimos,de intereses particulares que magnificamos y convertimos en generales sin preguntarle a nadie, de cambios, de olvidos, de innovaciones, de ilimitada capacidad para convertir la risa en llanto, lo incómodo en atractivo y la mediocridad en arte, y con estos aires que mezclan el bien y el mal, sin saber muy bien el resultado,inundados con el sonido vociferante de una multitud estridente que maneja, casi a su antojo, los hilos de esta comedia humana que hemos montado entre todos con mayor intención o peor voluntad, lo que nos une indisolublemente a cuantos somos parte de este collage de razas, ideas, colores, credos, sueños, traumas y esperanzas, que atiborramos el planeta de propósitos y contradicciones, es el inextinguible deseo de que nuestro camino tenga un final feliz.
El hombre se ha enfrentado a la muerte desde el principio, desde el primer vagido en la noche de los tiempos, y la ha mirado con superstición, con indiferencia,con entusiasmo, con misterio y con temor. Pero la muerte vive, sin envejecer, desde el principio de la vida, causa y efecto de sí misma y de la otra, como el más seguro, definitivo e insalvable destino de todos, por encima de adornos, quimeras y conciencias.
 Y mientras envejece inevitablemente, el hombre la convierte en obligada, que no deseada, confidente en la que derrotan todos los sentimientos, naufragan las lágrimas y las carcajadas, fenecen las ambiciones y los miedos, terminan la soledad y la desesperación, descansan las inquietudes y las culpas, anclan los vaivenes y las zozobras, duermen los deseos y las contrariedades, reposan las victorias y los fracasos, y desaparecen el ayer, el hoy y el mañana, de un transitar de años tan fugaz como completo para unos y tan largo como vacío para otros. 
Tal vez por ello, el hombrela ha adornado, para mirarla de frente o para no mirarla, de misterios y ritos que la han dulcificado tal vez, o la han convertido en un sombrío destino que no mereciéramos, o que nos ganamos en función de nuestra actitud y nuestro propio ser como somos. Pero los honrados y los inocentes y los ingenuos y las madres desesperadas, mueren de igual manera que los culpables, los desahogadoso los malhechores; sin tiempo, de improviso, a la vuelta de cualquier esquina, sin opciones, y sin poder elegir por haber sido honrados o inocentes.
¿Estaría bien poder disponer nosotros del momento, del cuándo, el cómo y el dónde? Buscar una “agencia”, como un lugar de contactos, un centro de trabajo temporal o una oficina matrimonial, que tramitara ese happyenddeseado,y hacerlo cada uno a nuestra manera, con nuestros modos, bajo contrato firmado y sus estipulaciones, ¿lo haría todo más sencillo, más llevadero, más asequible, más imaginable?
HappyEnd, una comedia muy negra, de Vaivén producciones, ha diseñado esa agencia tramitadora de últimas voluntades que proporciona, a quien lo demanda, el final feliz que cada uno desea, el modo, la forma en la que quiere hacer el último viaje que siempre han querido y ha soñado en sus peores momentos, cuando pensaba que nada tenía ni sentido ni solución.
Y lo hace riéndose. Pero sin perder de vista la realidad de verdad tan inescrutable como la muerte, la verdad de la condición humana, la de las circunstancias que pueden llevar a desearla. La verdad de los honrados y los ingenuos que no entienden casi nada y que, buscando un amor que rompa su soledad, encuentran, por error, el final feliz que nunca ha imaginado; la verdad de quien es capaz de aplazar su deseo de morir hasta un segundo determinado, consecuencia de un hecho aislado sucedido tiempo atrás en ese mismo segundo, instante de tiempo viejo y nuevo, momento de paso, de viaje desde al ayer al mañana… ¡Nochevieja! Posiblemente la mejor simbología de la obra, más allá del desenlace casi tragicómico del momento y la situación.
HappyEnd, se muestracomo una huida hacia adelantea bordo de la ironía, de la posibilidad, de la crítica, de un planteamiento tan real como disparatado a veces de la propia realidad vital de la calle – crisis, desempleo, desesperación –y ataviada de una profunda carga de humor que no se menoscaba, posiblemente no tan negro, que se burla de la vida y la muerte sin perderle la cara ni el respeto, para gritar, a veces con fuerza y de forma tan ácida, bajo la piel de Gabriela, como cándida, en la honradez hasta las últimas consecuencias de Martín, la libertad de decisión de todos a elegir, o no, una muerte digna, como y cuando, con igual derecho que aspiramos y exigimos una vida digna.
La vida pasea junto a la muerte, asediadas por una burocracia que no entiende de sentimientos, derechos o corazones rotos para conseguir sus objetivos, de forma natural y entre ficheros de usuarios fotografiados de espalda para guardar la confidencialidad, como un trato ad hoc con final feliz; la honradez decide quitarse la vida porque no entiende que se la compare e identifique con la imbecilidad y la bobería y la autoridad de una madre le pone condiciones a la vida y a la muerte porque son las suyas, su vida rota y su muerte elegida en forma y fondo.
Pero una comedia muy negra como HappyEnd, ama la vida a pesar de sus pesares, ama el instante mágico de cualquier instante que sobrevive entre dos personas, la relación, la entrega, la generosidad, y la vida intenta vencer a la muerte y dejarla para otro momento, tal vez no tan feliz, porque vivir es importante, agradable y único.
Un decorado sin el que no podríamos entender la historia y que es parte inseparable de su dinámica, coadyuva con vida propia, junto a la iluminación y el sonido, a Vito Rogado, Ana Pimenta y XabiDonosti (Gabriela, Ainhoa y Martin) en un intachable y profesional trabajo de situaciones y momentos tan frescos como asfixiantes y casi al límite de la mejor de las interpretaciones, a hacer verídica la historia, matizando el mismo humor negro de luces y sombras, y casi dibujando desde las candilejas, las propias sonrisas y risas que la vida merece, sí o sí, por encima de todo y por muy feliz y bien preparado y planificado que pueda resultar el otro viaje.
¡La muerte, puede esperar!

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ENCUENTROS CASUALES. Francis Lucas.
Por Juan Monzú (Cronista Oficial de Puebla de la Calzada).

Acostumbraba a decir Platón que “todo lo que nace proviene necesariamente de una causa, pues sin causa nada puede tener origen”. Y posiblemente eso es verdad más allá de la combinación de circunstancias, normalmente imprevisibles e inevitables, a la que acostumbramos a llamar casualidad. 
 En esencia, el hombre debe estar hecho para encontrarse, también, con otros seres de su especie – hombres y mujeres – porque no parece que esté hecho para estar solo, permanentemente solo. Yquizás esa condición es la causa que origina que las circunstancias provoquen el encuentro que no esperamos, o el que, aun en el mismo instante que está sucediendo, no podemos esperar que sea importante y, a la larga, definitivo. Pero nos encontramos. Constantemente, sin pausa y hasta por equivocación.
Encuentros, casuales a la vista de nuestra capacidad de comprensión, en los que la condición humana aflora en el lugar más imprevisto – la cola de la ventanilla de un banco, un cine o una sala de espera – pero al cabo, desembocadura de voluntades e intenciones. Encuentros sin importancia que pueden llevarnos al más importante de nuestros momentos, encuentros en los que se ven las caras, lo que nos separa antes que lo que nos une; encuentrosque quitan lugar al enfrentamiento de los sentidos para dejar espacio a los sentimientos más lógicos y primitivos,encuentros para reír y para llorar, para sentir el dolor del olvido, el rechazo de la opinión, la distancia de la burla y la fuerza de la verdad dicha en un momento sin pensar
Encuentros inesperados, pero posiblemente no casuales, porque la fuerza de la causa, de la razón de lo desconocido, sea el motor que mueve esa casualidad en la que creemos y a la que nos aferramos las más de las veces. Encuentro en los que coinciden quienes tienen mucho que hacer, y necesitan estar ocupados en rumiar su destino y vivir, y los que no hacen más que esperar el paso lento de los segundos que ya no vive.    Esperar a nada, esperar al tiempo para que siga su curso y pase de puntillas, sin ocuparse de quien espera y no desespera; esperar a la misma espera, porque sabe, cree, piensa, que no tiene nada mejor que hacer, que no hay nada más allá de la propia espera que no lo lleva a ninguna parte.
Con la más sencilla forma de mostrar lo sencillo, lo más simple de la dificultosa esencia del alma humana, lo más complejo y lo más elemental, pero aderezado suficientemente de una profusa carga de humor, tan sencillo como las mismas situaciones y tan hilarante como la verdad que las asiste, la historia de dos seres anónimos que se encuentran de forma casual, almas y cuerpos que se ignoran, puede llegar a ser el mayor espejo de lo que casi todos conocemos de los demás y disimulamos de nosotros mismos.
Inquietudes, esperanzas, miedos, gozos, humildad, sombras, rebeldía, honradez y hasta los propios deseos ocultos, subsisten en esos Encuentros casuales que de alguna manera parecen determinar las vidas de Margarita y Antonio, dos seres tan débiles como fuertes, tan seguros como indecisos, tan solos como abrumadoramente acompañados de sí mismos, que un día cualquiera y sin causa ni razón para que sucediera, se encuentran en la ventanilla del banco, la una a buen seguro para atender sus pagos, y el otro porque le gusta esperar a nada, esperar sin más, especialmente en   las salas de espera de un especialista sin necesitarlo y sobre todo “ir de pesca y esperar al pez que no picará jamás porque no pone cebo en el anzuelo”
La identidad que los une, mucho más que lo que pueda separarlos, los lleva a encontrarse en la visita a un museo que expone una colección de marcos vacíos, sin lienzos, en donde florecenel desencuentro y el final casi feliz, factores comunes de las relaciones personales.
Una historia corriente, natural, común, con presencia de la esperanza y la aceptación de sí mismo, y contada con la inagotable fuerza de un profundo y enorme histrionismo que abarcaba desde el mimo más afligido y callado hasta un intenso y casi insuperables momentos de parodia y humor que en ningún momento abandonaba, a pesar de todo, la verdad sagrada de lo que intentaba contar y que supuraba detrás de cada momento y de cada gesto y cada anécdota.
Una historia contada y sustentada de forma magistral, como saben y acostumbran, por Paca Velardiez y Francis Lucas. Sin aspavientos innecesarios, sin estridencias verbales o gestuales, sin momentos de debilidad, mantuvieron el tempo de la historia sin perder la realidad de la cotidianeidad que la enmarcaba y la fuerza del humor con que su profesionalidad, la de los dos, fue capaz de contarla y hacérnosla llegar de la mejor manera que correspondía.
Lo que llamamos casualidad no es ni puede ser sino la causa ignorada de un efecto desconocido. (Voltaire)

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QUIJOTE COLOSAL. 
Por Juan Monzú (Cronista oficial de Puebla de la Calzada).

Al albur de la sencillez de unas figuras tan inanimadas como vivas en el tiempo y el espacio, sin alejarse de la esencia de la letra cervantina, una nueva dimensión de las hazañas de aquel “hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”, nos ha acariciadolos sentidoscon la delicadeza de la mejor de las fantasías del caballero don Quijote, deslizándonos, con guante de seda y corazón de emociones,al especial universo de su caballeresco mundo de ilusiones, ideales y amores imposibles por la igualdad, por la justicia o por una irreal amada.
De aspecto cercano, amable, bonachón, sereno, y presencia recogida y casi tímida, pero orgullosas de sí mismas, las figuras articuladas que encarnaban en su alma de madera a los personajes que son, en mayor o menor medida, partes indisolubles de la intemporalidad y la grandeza del Ingenioso Hidalgo, mostraron a grandes y chicos la entelequia del bueno de Alonso Quijano, entrañable imagen enmarcada en una expresión tan seria como a buen seguro llenó a imaginarlo Cervantes cuando nos lo dibujó como “de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza”, a la vez que adornada de la serenidad del tiempo que ya pesaba sobre sus hombros. 
Un Alonso Quijano, más caballero de la Triste Figura que el propio D. Quijote, convertido en personaje tan espectador como protagonista que se mantiene al frente de la acción, que observa con sosegada tristeza,de un maravilloso cuento que, sin alejarse de su origen, se fundió con nuestra esencia, de grandes y chicos, desde el fondo de una mirada entre apenada y curiosa, para elevarnos sin afectaciones hasta el mundo quijotesco en el que Dulcinea se aleja de Aldonza Lorenzo y se dulcifica arrobada a partes igual de amor y de ingenuidad e inocencia, y el bachiller Sansón Carrasco parece dudar de convertirse en aquel necesario Caballero de la Blanca Luna.
Figuras planas, pero ineludibles personajes vivos;estáticas pero ocupando el lugar que les correspondía; en movimiento pero no más del necesario; observando pero sin dejar de ser;representando pero siendo reales.Yque complementadas con una exquisita modulación del tempo por un teatro de títeres, de guante y marioneta, se convirtieron en los mimbres que tejen la urdimbre de una de las más grandes historias jamás contada.
Un acierto, un triunfo, la casi metafísica presencia de Cervantes, incorpóreo, volátil, imaginado y convertido a partes iguales tanto en interprete como autor que escribe mientras narra,y escritor que habla por sí y por sus personajes. Porque Cervantes sobrevuela, simbólico, la historia nacida de su imaginación a la vez que interviene en fondo y forma a modo de pócima que funde realidad y ficción y gozne que articula el paso de una historia a la otra, puente entre el hidalgo y el caballero.
Un baile exacto de color, palabras, gestos y expresiones que de la mano de siete actores y actrices,siete hombres y mujeres que parecían multiplicarse en una casi frenética actividad de brazos, piernas, cabezas, voces, onomatopeyas, miedos y risas, llevaron el Quijote a la capacidad de comprensión de los más jóvenes, vivificando la mañana para reverdecer en ellos la ilusión además de la diversión, no solo con aquellos momentos de humor que, traídos a escenas en el mejor de los momentos, liberaban oportunamente la carga del texto más serio, sino también con la propia historia. Y, me parece, con el colosal Rocinante, antítesis exacta del aquel escuálido animal que fuera víctima del delirio de su jinete y del viento,y que ha de resultar también malherido por un molino con sonrisa de inocente ironía.
Siete hombres y mujeres capaces de “mover” los hilos de tan compleja y profusa historia, con tan asombrosa capacidad, oficio y buen hacer, que fueron capaces de representar aquello que querían representar identificándose con sus figuras planas, con sus personajes multicolor, con sus guiñoles y marionetas en una simbiosis, teatral pero rayana en la más fiel realidad, para conseguir que unas figuras articuladas de madera y unos inquietos títeres, nos hicieran olvidar su naturaleza y creer que eran actores y actrices disfrazados de muñecos planos y figuras inanimadas.
Posiblemente el Quijote pueda ser contado, a lo largo del tiempo, de multitud de maneras diferentes, incluso en forma de buen teatro en cualquiera de sus muchas escenarios y maneras; posiblemente el Quijote pueda ser visto desde todas las ópticas posibles que guarda el sentimiento y siempre quedará, afortunadamente, una más a la espera de ser descubierta. 
Pero indiscutiblemente una de las novedosas y mejores de esas múltiples maneras dejó su impronta en la mañana del día 29 en el alma de muchos niños, y no tanto, y en el aire culto y festivo, que se sumó al espectáculo como un espectador impaciente. El día 29 de junio, D. Quijote, Sancho, Dulcinea, el Bachiller, Rocinante, los galeotes, el barbero, el cura y otros, vivieron en nosotros desde el alma y el muy bien hacer de los hombres y mujeres del Grupo Sauco Teatro, pero inevitable e indudablemente, lo hicieron como células nuevas de nuestra piel curtida y, además, dibujándonos una sonrisa de satisfacción,
¡Y eso, además de lograr ser un importante gozo para los sentidos y el conocimiento, resulta casi impagable!

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COMO UNA BOLSA DE RAFIA. Cía La Botika.

Quién sabe si por la fuerza centrífuga de un progreso desmedido que nos ha cogido por sorpresa y nos ha sobrepasado, vivimos una realidad sujeta a una verdad dolorosa que termina por desarraigar y arrancar en el más estricto sentido de la palabra, a las personas de su lugar y sus circunstancias, como resultado de un mal gestionar los recursos inherentes al ser humano, por parte de quienes tenían la obligación de saber que una mala gestión termina sin remedio con un mal corolario, por más que el camino parezca el apropiado Y la consecuencia es, ni más ni menos, que la esencia del individuo, los adentro más privativos de cada uno de todos nosotros.
“La Sinforosa” apenas tiene lo suficiente para un equipaje de dos bolsas con sus ropas viejas, gastadas y raídas, que prepara sin prestar atención a la cuenta atrás que ha emprendido el reloj del desahucio, mientras repasa una vida cicatera, a la que mira con un humor ácido que convierte en ácido resquemor, y queja amarga enmarcada en el áspero recuerdo que no puede separar de un agrio presente. Señalado en un horizonte de casi último viaje, que está obligada a realizar sin remedio, de forma casi urgente, apremiada por cosas y momentos que ni entiende ni quiere entender.
“La Sinforosa” no se pregunta la causa, los motivos, el instante en el que lo que tenía se convirtió en un aliado del desastre, de la pérdida definitiva, del paso al otro lado en el que no hay nada propio. “La Sinforosa” solo entiende el lenguaje con que le habla su gata, y su gata es el único ser que la entiende y la comprende mientras comparte su soledad desde su estoico instinto animal. La misma soledad que, en definitiva, la ha acompañado durante toda su vida más allá del estado civil, social o personal. Y de las ilusiones frustradas, y de las ganas perdidas, y de los deseos resentidos que se quedaron en alguna parte una noche fría que ya casi no recuerda.
El paso del tiempo, las necesidades, las situaciones de las que nadie se acusa de ser culpable, pero a las que todos reconocemos como poderes todopoderosos y acusamos de forma generalizada, directo al corazón las más de las veces, permiten que todo cambie para que todo siga igual. Porque ese espejo de gastado azogue que muestra la realidad real, nos devuelve la imagen de una sociedad castigada, dolorida, magullada, violentada, sacrificada, desgarrada con mil heridas que cicatrizan en falso con el centelleo del bienestar que reposa al otro lado de la calle y negado para muchos.
Una sociedad teñida con la sombra de la soledad, del abandono, de la extraña compañía del silencio, del rumor de los recuerdos menos deseados, de la imagen de lo que sería para olvidar y del dolor sigiloso de una verdad inapelable.
Sinforosa, imagen clara de un tiempo difícil parece a partes iguales tan convencida de un destino que asiente, como rebelde indomable y dispuesta a hacerle frente – persuadida de que es demasiado tarde – a su destino, que lentamente la ha ido colocando en medio de ninguna parte, víctima de las circunstancias que se acumulan en los sobres cerrados de bancos y juzgados, que nunca ha querido abrir.
Y es que a Sinforosa, luchadora pasiva, le pesa demasiado ese ayer de mujer sumisa, ignorada, callada ante las adversidades personales y sentimentales, sufridora de carencias y traiciones, que forma parte de su hoy marcado por alguna fugitiva “mala estrella” que parece asumir entre recuerdos y dolorosas ironías, y la fe, inventada, que pone en cualquier objeto de adorno, en el que cree más que en el propio individuo.
A Sinforosa le pesa la ingente carga de fracasos que soportan sus cansados hombros y lo mejor que le queda es burlarse, entre lágrimas secas y humor casi negro, de ellos ahora que no le importan demasiado, para reírse hasta de sí misma. Solo le queda partir, convertirse, si no lo es ya, en esa bolsa de rafia, flexible, resistente, reutilizable y casi indomable, que soporta el peso de casi cualquier carga sin romperse.
La Botika Teatro, ha puesto en escena una verdad latente que sangra en este mundo veloz y brillante; ha trasplantado al escenario, sin ambages, una verdad absoluta a la que no podemos volverle la cara, cargando en ocasiones el tinte de humor con el que la ha revestido, con una extrema severidad que suaviza y serena con un toque a la sensibilidad, al alma, a la humanidad que transita dentro de un uniforme.
Ana Franco muda la piel para convertirse en Sinforosa y convencernos, con la facilidad de su excelente actuación, de su ayer, de sus necesidades, de su indiferencia, de su rebeldía a pesar de sus olvidos, de su personalidad capaz de imponer sus pautas en momentos tan difíciles y de su capacidad para hacernos creer que por encima de todo es mujer de raza, bolsa de rafia, reutilizable, a la que no van a derrotar.
A Marce Solís le toca el papel de “malo” y sabe hacerlo. Un malo al que se le concede el beneficio de identificarlo con la voz de Rousseau: “El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe”.
Y es que la sociedad, de alguna manera y según qué cosas, es posible que también sea arte y parte de ese difícil laberinto que es la realidad que no parece poder o saber encontrar fácil solución a sus problemas.
“… me encontrareis a bordo, ligero de equipaje // casi desnudo, como los hijos de la mar”.

J. Monzú (05/2016)

EL RASTRO DEL QUIJOTE. De la Luna Libros.

     Cuatrocientos años pueden convertirse en el instante en el que la imaginación se convierte en llanura manchega por la que el Caballero de la Triste Figura, caballero y bufón víctima de los ardides de encantadores, curas, dueñas, barberos, señores y bachilleres, se resiste a dejar de pasar entre molinos y gigantes a lomos de Rocinante, “de más cuartos que un real y más tachas que el caballo de Gonela que tantum pellis et ossa fuit” o de Clavileño, caballo de madera del encantador Malambruno, en pos de una crédula utopía, quien sabe si inevitable o necesaria. Que equilibra el bueno de Sancho, casi más intemporal que el propio don Quijote porque sus razones y razonamientos no persiguen más que una verdad sencilla, no exenta de picaresca y de esa “gramática parda” que tanto conocimiento alberga y reparte.
      Y es que más allá de decorados y vestuarios, por encima de las expresiones y los estereotipos, sobre el interminable puente del tiempo y el espacio, y de los cambios, y de los gustos y las modas, el hidalgo “de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”, vive perpetuo incluso en clave de comedia, en la impronta del progreso, siendo el mismo caballero “de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro y gran madrugador” que equivoca las más de las veces el camino, en una eterna búsqueda, “Desfacedor de entuertos”, de justicia, verdad, honor, libertad, amor, “porque el caballero andante sin amores, era árbol sin hojas y sin fruto, y cuerpo sin alma”, y honradez, que difícilmente ha de encontrar en el intemporal espacio de la inocente grandeza de su locura.
       Bajo la piel de un descentrado histrión extrapolado a un tiempo que bien pudiera ser parte de todos los tiempos, don Quijote sigue su imborrable rastro sin abandonar la esencia del alma que va y viene en su alocada cordura, que siempre encuentra a Sancho, su antítesis y a la vez su alter ego, voz de la conciencia de esa lúcida locura, a la para que indolencia, indiferencia y la misma simpleza que le falta a su señor. Nunca podrá ser como el caballero de la ardiente espada “que de solo un revés había partido dos fieros y descomunales gigantes”, ni vencer al gigante Caraculiambro, señor de la ínsula Malindrania para mandarlo que “se hinque de rodillas ante mi dulce señora” Dulcinea, “emperatriz de La Mancha, de sin par y sin igual belleza”, diosa y mujer a la que defender de los encantos de la Maritornes y de las malas artes de la pícara Altisidora.
     Porque sus enemigos son los molinos de viento, “non fuyades cobardes y viles criaturas que un solo hombre es quien os acomete”, que no dejan de turbar su consciencia y su fantasía, y quien sabe si hasta el propio sueño de su muerte, con sus amenazadores brazos “que los suelen tener algunos de casi dos leguas” y a los que nunca podrá sobreponerse a pesar de su intención de “hacer batalla y quitarles a todos la vida”.
  

La misma Dulcinea, tan real como inexistente, tal vez solo sea un molino más, extraviado en la febril imaginación. Y “por fatal malicia y ojeriza” de encantadores y revestida de aldeana que le “dio un olor a ajos crudos que le encalabrinó y atosigó el alma”, huirá, dejándolo convertido en el más desdichado de los hombres, que labrará en su rastro el indeleble surco de su ingenua locura, salpicada de reverenciada sensatez que nos emociona y nos sujeta a un paréntesis de siglos, más allá del propio tiempo y de los disfraces que lo distinguen.
    Porque  Alonso Quijano es posiblemente el necesario fiel de la invisible balanza que equilibra realidad y fantasía, esencia y presencia de este transitar cotidiano. Y no importan formas, gestos, decorados, señales de una época veloz que lo modifica todo, si trasluce de forma inequívoca al hidalgo autoinvestido caballero que no tenía “celada de encaje sino morrión simple
      ¡Tan divertida como seria! Comedia en su más puro estilo que nos dejó lo mejor del buen teatro, El Rastro del Quijote nos acercó, con momentos rayanos en el más formal de los absurdos del teatro de clown, al caballero más íntimo, al más aturdido; el más triste y el más cuerdo, apuntalado casi a la perfección por Sancho Panza, que divaga entre el explorador con mochila, saco de dormir, termo y teléfono móvil, y la seriedad y gravedad de su personaje y las situaciones que resuelve con refranes, biblioteca de su sabiduría, o con un WhatsApp. Se apuntan señor y escudero, en ráfagas de ingenio, a situaciones de enredos hasta el extremo con el lenguaje, especialmente al usar los pronombres “mi” y “tu” en función de su utilización en primera o segunda persona.
     Llevarnos al momento en que Don Quijote es derrotado por el Caballero de la Blanca Luna, su fin a la postre, parodiando a Star Wars (La guerra de las galaxias) es el mejor absurdo que pudiera contar y reflejar, de la mejor manera, la amarga soledad de la inevitable derrota que pone fin a todas las ilusiones, y la llegada del instante último en el que todo deja de ser ni tan siquiera sombra.
  “…y va ocioso el caballero/sin peto y sin espaldar/va cargado de amargura/que allí encontró sepultura/su amoroso batallar
     El rastro del Quijote, es el Quijote mismo, reflejado en momentos tan extraños como apropiados, y contado de la forma más sencilla, insertando en la historia a quien es a la vez la esencia de todos los personajes femeninos (amada, pícara,  dueña, duquesa, criada) que hasta cuando no está en escena, se percibe como el puente necesario y obligatorio que une cada situación a sus personajes, y por el que se llega a conocer el alma del caballero. Su soledad, su dolor y su desencanto. Y por el que llegamos hasta Sancho, preocupado tanto más porque a su rucio se le dé buen trato, que por el vasallaje que se le deba a él como gobernador de Barataria. “Si has de doblar la vara de la justicia, sea con el peso de la misericordia y no el de la dádiva
    Francisco Quirós, Johnny Delight y Raquel Bazo, nos arrancaron de nuestras butacas para situarnos como partes del rastro del Quijote, con un teatro fresco, alegre, comunicativo, y una interpretación de auténtica calidad y verdadera capacidad. Y lo hicieron desde la misma sencillez con que adornaron una interpretación plena de momentos insuperables que desde el mismo momento en que el oscuro se hizo luz, nos hizo sentirnos quijotes y sanchos, caballeros andantes compañeros de su locura.
   “…hazme un sitio en tu montura/caballero derrotado/hazme un sitio en tu montura/que yo también voy cargado/de amargura/ y no puedo batallar/Ponme a la grupa contigo/caballero del honor…”       

   J. Monzú

“TRIUNFADORES DE LA COPLA”
Por Pepe Palma “El abuelo coplero”.
Desde mi atalaya 6 de marzo de 2016.

En la noche de ayer, se celebró una Gala de Coplas, en el teatro de la Casa de la Cultura de la bella ciudad de Puebla de la Calzada, sin duda unos de los pueblos de Badajoz en los que más se ama y disfruta de la copla cuando ésta se interpreta, canta y dice de forma correcta.
En este espectáculo patrocinado y promovido por el Excmo. Ayuntamiento de la ciudad a través de su Concejalía de Festejos , con su concejal Don Teodoro Gracia al frente, intervinieron los cantantes MAITE ADRIÁN de Córdoba y OSCAR CALDERON de Olivares (Sevilla), que hicieron las delicias del público que llenaba el patio de butacas de tan coqueto local que por cierto tiene una fenomenal acústica para los artistas y el espectador. 
El evento comenzó puntual, 20,30 horas, como es costumbre en esta villa.
Sobre un escenario muy conjuntado de luces y elementos decorativos a base de cortinas de juncia perfectamente alineadas, sale a escena Oscar Calderón, luciendo un conjunto de chaqueta blanca con pantalón oscuro y nos deleita con un bello pasodoble de Quintero, León y Quiroga, “Silencio por un torero” que hiciera famoso la gran Juanita Reina. Oscar lo bordo, con una serie de matizaciones que nos hicieron olvidar a la voz femenina mencionada, porque se lo llevó totalmente a su terreno, como por otra parte debe ser. Continuó con la copla de Gallardo, Ortega y Salazar, antaño éxito en la voz de Rafael Farina, “Dinero y Riquezas”, estilo en que Oscar se mueve como pez en el agua. Cerró su primera aparición en escena con el pasodoble de A. Gallardo y N. Sánchez “Quejios Moros”, que se hizo famoso en voces tan dispares como: Rafael Farina y Perlita de Huelva. En todos sus temas fue ampliamente aplaudido por un público muy receptivo.
Oscar presenta y da paso a su compañera Maite Adrián que aparece en escena majestuosa y guapa luciendo bata de cola y peineta en tonos anaranjados, de los diseñadores locales Ufi Rubio y Eduardo Correa, autores de los cuatro diseños que lució la artista.
Nos vende sus coplas, nunca mejor dicho porque su primera copla es precisamente “Vendedora de coplas”, que fuera éxito en la voz de la recordada Marife de Triana y cuya autoría es de Ignacio Román Jiménez. La paseo con la soltura y elegancia que el tema requiere.
Se mete en la parte dramática de la copla con el tema de Quintero, León y Quiroga, “Maldito sea el Querer”, que igualmente hiciera famosa Marife. Aquí Maite puso en escena toda su vena dramático coplera metiéndose al público en el bolsillo, por lo que tuvo que obsequiarles con un bonito fandango, para aliviar la tristeza que había producido la copla. Muy aplaudida. Cerró con una bella versión de la preciosa copla “Cinco farolas”, una de las joyas de la corona en materia coplera, que cantaran en su día, con igual éxito Juana Reina, que nunca la grabó pero que la supo pasear en sus espectáculos y, Concha Piquer que la promovió en discos y tuvo un gran aceptación de público. Muy bien por Maite al llevarla a su terreno.
De nuevo Oscar en escena con un bonito pasodoble que hiciera famoso el gran Antonio Molina, de los autores Bazán, Cuenca y Algarra, “Toros y Coplas”, como la voz de nuestro interprete para nada se parecer a la Antonio él lo hizo suyo con una categoría impresionante que sacó los oles, del respetable. Muy bien paseada. Oscar iba vestido con chaqueta y pantalón oscuro muy a lo “dandy” al lucir en el cuello una simpática “pajarita”.
Como no iba a ser menos que su compañera también obsequió al aficionado con un “Fandangazo” para continuar con “Tientos del cariño”, de Quintero, León y Gordillo, preciosa versión dramatizada con el poderío de su potente voz.
Maite Adrián, aparece por sorpresa en el patio de butacas, vestida con una bata de cola blanca que le daba aspecto de reina y portando una cestita llena de claveles rojos para interactuar con el público lanzando al aire las notas de ese bello y alegre pasodoble que todos recordamos en las voces de Isabel Pantoja y Rocío Jurado y que lleva por título “Un clavel”, de Rafael de León y el extremeño Juan Solano Pedrero. El respetable a petición de la cantante hizo palmas y cantó a coro el estribillo. Muy bien Maite, sabiendo manejar a su público. Muy aplaudida.
Volvió a dejar paso a Oscar Calderón que continuo con un pasodoble, “Tengo un te quiero” de Alejandro Cintas, Rodò, Cubedo y Frades, famoso tema en la voz de la sin igual Perlita de Huelva. Como en sus anteriores temas se lo lleva a su estilo y lo borda con esa voz de “Eco”, que él sabe controlar y modular para hacerle los ajustes necesarios, logrando unas bellas florituras a las que se conocen con el nombre de “melismas”.
Sale Maite y nos hace una preciosa versión del tema de León y Solano, “Ten cuidado”, muy lograda y llevada a su estilo potente y dramático. Continua con la copla en tempo de bolero que José Luis Perales escribiera para la reaparición de Isabel Pantoja, “Hoy quiero confesar”, versión que realizó de forma muy correcta y que gustó mucho al público.
Oscar a los sones de la copla “En el último minuto”, de León y Solano y, para sorpresa general, aparece en escena Maite para acompañar al primero compactando perfectamente sus diferentes voces para lograr hacer una excelente versión de esta sufrida copla en la que una mujer aspirante a la soltería encuentra al hombre de su vida.
Oscar da por finalizada su actuación con las coplas “La Paula” de Ignacio Román, Quesada y Jaén, que paseo por entre el público siendo coreado y aplaudido; Nos deleitó como postre con una bonita versión de la no muy conocida copla “Celos del Río”, que otrora interpretara Pastora de Algeciras, siendo autoría de los Hermanos Marcos y del maestro Rafael Jaén y con la copla por pasodoble “Patio Banderas” de Currito y Monreal éxito en su día de Marife de Triana.

 

Maite de nuevo en escena cierra su participación ataviada con un vestido de noche color rojo con una belleza de canción que dedicó a todas las madres “Tú no te has ido” de Bazán y Rabay, muy emotiva y que supo llevar al terreno sentimental. Hace un recuerdo para la gran Rocío Jurado interpretando el famoso tema de Manuel Alejando y Ana Magdalena, “Se nos rompió el amor”, dejando en el público su personal sello a la hora de interpretar canciones de la más grande, que le vienen muy bien a la tesitura de voz de Maite.
Finaliza con la interpretación del tema de Rafael Rabay, escrito para lucimiento de Marife, “Cuando te vayas”, preciosa canción bolero, muy bien interpretada y cantada, con sentimiento.
Como no podía ser de otro modo el público les pidió más y los dos artistas siempre complacientes, se arrancaron por fandangos, siendo ampliamente aplaudidos.
Marife de Triana, la mejor vendedora de coplas que ha existido en este país llamado España nos cantaba “Mis coplas son historias verdaderas, que me gusta cantar y hacerlas mías”. Esta es y debe de ser la máxima, de quien en el mundo de la copla quiera tener un especial significado y que se le recuerde por su nombre artístico por dónde quiera que vaya dejando su impronta, y ello es lo que precisamente hicieron anoche en el escenario del teatro de la Casa de la Cultura de Puebla de la Calzada dos artistas que, sin dejar sus respectivos trabajos en la vida diaria, tratan de abrirse camino en el difícil mundo de la música: MAITE ADRIÁN, de Córdoba y OSCAR CALDERÓN de Olivares(Sevilla).
MAITE, tiene una calidez de voz no exenta de calidad interpretativa, apta para la copla, la balada y el bolero, y todo lo que a música se refiera, porque tiene unos matices que van desde los tonos altos modulados a unos tonos medios que ejecuta con garra y bravura cuando la copla lo requiere. La cantante transmite porque va enganchando al público al ir vocalizando a la perfección las letras de sus canciones, logrando que éste logre penetrar en la trama de la historia que nos cuenta. Sin duda que tiene reminiscencias de las grandes, pero sabe llevar, a su terreno, con suficiencia, las coplas que nos regala.
OSCAR, desde hace tiempo, se tiene ganado, al público “poblanchino”, no en balde fue el ganador de la primera edición del Festival de Copla “Guadiana” y su participación al año siguiente como invitado de la segunda edición del mismo certamen. Es un cancionero en el más amplio sentido de la palabra; tiene una potente voz en los altos, que sabe bajar y entonar con calidad los todos bajos y cuando es necesario, logra quiebros flamencos que embellecen sus melodías. Dominador del escenario con planta de galán cinematográfico paseándolo con soltura y garbo. Cuenta y transmite sus historias logrando que el respetable permanezca atento a la trama de las diferentes coplas. Ole por ambos artistas y felicitaciones.

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