CRÍTICAS ESPECTÁCULOS 2015

CRÓNICA DE UNA VELADA COPLERA
Por Pepe Palma “El abuelo coplero”.

En el teatro de la Casa de la Cultura de la localidad extremeña de Puebla de la Calzada (Badajoz), una de las villas más copleras de la región, en la noche de hoy, sábado, se ha celebrado una velada coplera en la que los artistas MARILO RUIZ Y RAÚL DÍAZ, han derrochado puro arte malagueño porque no en balde, esa, su tierra de nacimiento, les dio todo el encanto y alegría que Málaga atesora y que ellos saben transmitir como nadie.
Permítanme que hoy les dedique mi crónica, precisamente a estos dos artistas,
Marilo Ruiz, una veterana y extraordinaria cantante, nacida en Málaga, es una verdadera maestra en el arte de decir, sentir y transmitir la copla con una dulzura que llega al público por su suavidad en la vocalización, ya que se le entiende la copla desde el inicio al final, con lo cual logra que los espectadores estén atento a ella en todo momento. Tiene además la virtud de que sabe matizar las frases y, cuando la letra lo precisa, sabe ironizar su sentido o darle el tiente alegre o dramático que requiere, por lo que sabe llevar el hilo de su narración haciendo creíble todo lo que interpreta. Una artista que sin hacer estridencias en los altos, ni en los finales, lleva la línea melódica perfectamente modulada, en una palabra, como las grandes. Ole tú artista.
Marilo, dejo su impronta en el programa concurso de Canal Sur Televisión “Se llama copla”, en su cuarta edición, celebrado entre los años 2010/11, el cual abandonó, entre otras cosas por la incomprensión de algún miembro del jurado y de la dirección del programa, que no eran muy dados a considerar que artistas más o menos veteranos pudieran competir con los jovencitos que comienzan en esta singladura. Bajo mi punto de vista, un craso error, porque en esto de la copla como en cualquier disciplina, la veteranía es un grado y ellos son fuente dónde beber porque manan sabiduría coplera, como es el caso de nuestra artista.
Hecho este pequeño inciso, continuamos con Raúl Díaz, un joven artista de la localidad malagueña de Estepona. Raúl es un artista de los pies a la cabeza y, digo bien, porque a la hora de interpretar sus temas utiliza todo su cuerpo y juega con todas sus extremidades sintiendo ese arte tan difícil de conseguir que es transmitir sensaciones. Podemos decir que Raúl atesora, arte por todos sus costados, es sin duda una persona que siente la copla en todo su recorrido: cuenta, canta, transmite y hace llegar al público sensaciones de artista de antaño; es un artista de los llamados “estilista”, como lo fueron en su día los: Miguel de Molina, Tomás de Antequera, Antonio Amaya, Bambino, Pedrito Rico y un largo elenco de buenos cancioneros que han quedado en el recuerdo de los amantes del género. En sus coplas, a veces, se muestra un poco anárquico, lo que le vale llevárselas a su exclusivo terreno y consigue con ello el ¡!Oh¡¡ del público, con unos quiebros que solo él sabe hacer. Ole Raúl. Sigue buscando tu sitio porque estoy seguro que lo lograras.
Recordar que ambos artistas ya dejaron un estupendo sabor de boca cuando formaron parte del plantel de concursantes del Segundo Festival del Guadiana en la modalidad de coplas, que se celebró en esta localidad a finales del verano pasado.
Desarrollo del evento.
El espectáculo dio comienzo con la aparición en escena de ambos artistas que nos interpretaron a dúo el bonito pasodoble de Marvizón, éxito en su momento de Patricia Vela, “La copla en mi voz”, con las voces perfectamente compactadas, paseando por el escenario su garbo y donaire, ella con una preciosa bata de cola diseñada por el artista poblanchino Ufi Rubio y una peineta lindísima obra del peluquero local Eduardo Correa, que a su vez se encargó del peinado tan estupendo que lucía nuestra artista, y él con un traje corto estilo campero con su sombrero calañés y sus botas altas que relucían como el sol, lo que junto con el sobrio y estupendo escenario compuesto por varios haces de varas de mimbre colocados de fondo manteniendo simetría, un centro de flores y un precioso farol, componían una verdadera estampa que parecía diseñada para un sainete de los famosos escritores sevillanos, los Hermanos Álvarez Quintero. La escenografía fue realizada por personal de la Casa de la Cultura de la localidad de Puebla de la Calzada.
Continúo sobre el escenario Raúl Díaz, que se encargó de realizar los correspondientes agradecimientos a las personas que habían hecho posible que ellos estuvieran allí, principalmente al público y al personal de la Concejalía de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Puebla de la Calzada, representadas por el Concejal Teodoro Gracia, pasando a presentar a su compañera Marilo Ruíz, que nos interpretó las copla “Corona de Perlas” de Ortiz, Naranjo y Rivas, a la que supo dar la gracia que la copla requiere, haciendo una versión alegre y diferente, o lo que es lo mismo, le dio su sello personal, como hizo a continuación con la copla “La niña de Puerta Oscura”, de Quintero, León y Quiroga, con la que nos trasladó a los lugares emblemáticos de su Málaga natal que la copla refiere, dándole a esta un cierto barniz de ironía cuando el dialogo de la historia lo requiere, porque no todo en ella es el drama de una mujer desdeñada por el abandono de su compañero, también hay sencillos reproches a un tal Manuel Centeno a la que la Lola ironiza por perderse el conocer a su criatura, a la que ella denomina como su clavel moreno, ahí es na..
Raúl sale a escena, ya sin el traje campero, con un atuendo de lo que se llama bien trajeado, y nos interpreta la copla de Rafael Rabay, éxito de la inolvidable Marife de Triana, “Muero por la copla” y la verdad es que este joven sabe llevarse al público a su terreno y efectivamente se entrega tanto que de verdad que muere por sus coplas. Ole.

Continuó con la pieza “Celos del río”, de los Hermanos Marcos y el maestro Rafael Jaén, una verdadera historia de celos enfermizos y sin fundamento de una persona hacía otra a la que supuestamente está queriendo, no consintiendo que la roce ni el agua. Dramón muy bien contado y escenificado por nuestro artista.
También nos dio su versión del éxito, en su día, del genial Enrique Montoya, escrito para él por Rafael de León y Juan Solano la simpar “Señorita”, que sencillamente la bordó, haciéndonos aparecer en escena a esa mujer que con el transcurso de los años, la gente llama “Señorita” cuando vuelve de misa o sale de visita, una reminiscencia del pasado franquista en el que a las personas que no lograban encontrar pareja se la tachaba de “solteronas”.
Vuelve a escena Marilo, esta vez vestida para la ocasión con una preciosa bata de cola y un mantón, para interpretarnos muy pausadamente, matizando cada silaba musical esa preciosidad de Rafael de León y el maestro Quiroga “Silencio por un torero”, ole manera de pasear el escenario, que andares y que torería, con el dramatismo justo que la canción requiere, no en balde lo que hace es glosar a un torero que había fallecido en el ruedo.
Pero a lo dramático hay que contraponerle un tinte alegre y por eso nos deleitó, a continuación, con su versión de la más famosa Carmen de todos los tiempos, no la de la ópera de Prospero de Mariné, sino la nuestra “Carmen de España” de Quintero León y Quiroga, haciendo un guiño y un recuerdo a la inigualable Carmen Sevilla. Preciosa versión.
Raúl se enfrenta a un nuevo reto y nos embelesa con su versión de la obra que han versionado casi todos los copleros/ras del país y que no es otra que el soneto de Rafael de León musicado por el maestro Juan Solano,“Mi amigo”….Que terciopelo negro te amorena el perfil de tus ojos de buen vino….que maravilla. 
Muy bien Raúl, parabas hasta los mejores relojes. Como la sabes dramatizar y como la sientes. Ole.
Finalizó este pase con la copla “Todo se acabó”, del maestro Pedro Gordillo.
Volvió la alegría a escena con Marilo que nos interpretó un famoso tanguillo que años atrás hacía la singular Lola Flores en todas sus actuaciones “Tanto tienes tanto vales” de los autores Quintero, León y Quiroga, también conocida entre los aficionados al género por “Pom porompom pom pòm”, en la que las intérpretes, como en este caso, hacen un movimiento muy sexi con la parte posterior de su anatomía, que resulta muy del agrado del respetable.
Le siguió otro recuerdo, esta vez para la reina del caracolillo, Estrellita Castro, interpretando para la ocasión su versión de María Magdalena, de Valverde, León y Quiroga, logrando retratar perfectamente a esa mujer que a todos daba sus besos y que por sus supuestos pecados hacía padecer a su rendido amante. Bella versión.
Siguiendo con coplas de culto muy cantadas y versionadas, Raúl nos deleitó con su copla “Separaos”, de Ignacio Román y el maestro Rafael Jaén, en la que estuvo muy concentrado en sus decires matizando y reafirmando las notas altas y haciendo unos paros necesarios para comprender la pena que sufren los amantes cuando por las casusas que sean, que no vienen a cuento ahora, deciden separarse estando aún enamorados.
Reclamó la presencia de Marilo sobre el escenario para que le acompañara en la versión del tema “En el último minuto”, que en su momento escribieran para Juanita Reina los afamados Rafael de León y Juan Solano, dónde esa persona que esperaba ya sentada en su casa para criar a los sobrinos se ve afortunada porque en ese último minuto se le aparece el galán de su vida con el que contrae matrimonio. Muy bella melodía y muy bien interpretada por ambos.
Volviendo a la copla de culto Marilo nos hizo una estupenda versión del famoso “Cría cuervos”, del malogrado Salvador Valverde junto con Rafael de León y el maestro Quiroga. Miren que estribillo más ilustrativo de lo que es una traición amorosa: “Pena, Ay, cría cuervos a tu antojo, pa que te saquen lo ojos, y ciega, y ciega por los caminos del mundo tengas borrao. Tú eres cuervo disfrazao como palomo ladrón, y tus palabras son puyas que me rompen con las uñas las telas del corazón……” drama total que si no le das el punto adecuado, como hace Marilo, no logras calar en el oyente.
Siguió con una copla no muy conocida por el público, al menos aquí en Extremadura, “Cada gota de mi vida”, una letra muy bella con una cadencia y acordes fantásticos y que nuestra artista interpreta a las mil maravilla, su autor: el malagueño Tony Carmona.
Sale de nuevo al escenario, lleno de alegría contagiante, nuestro Raúl Díaz, que nos hace un pasodoble famoso por la interpretación que del mismo hacía tiempo atrás la onubense Perlita de Huelva, “De Andalucía yo soy”, letra muy dada a cambios dependiendo del lugar de procedencia del intérprete, en este caso nuestro cantante le cambió parte de la letra haciendo alusión a su Estepona natal. Sus autores son: Padilla, Lopardi y Silles.
No podía faltar su versión de la copla de Rafael de León y Juan Solano, “Tres veces Loca”, en este caso “loco”, la cual borda, y es aquí donde Raúl desarrolla todo su arte escénico. Que bien interpreta el tema, podemos decir que se parte el alma en esta canción. Ole y ole, no se puede hacer mejor y eso que existen versiones, contrastada de bien hacer, entre otros de Bambino y Marife de Triana, pero la de Raúl es distinta, sabe a nueva.
Finalizan su actuación interpretando juntos el bonito pasodoble “Cuna de arte”, de Tony Carmona.
El público al final les rindió su admiración y ellos lo agradecieron con unos fandanguillos. Finalmente Marilo atendió a una petición de un admirador cantando a capela la bella creación de José Alfonso, Rivas y Gardey,” Ay, Mi soledad”. Un primor de voz. Muchas gracias maestra, sabes que se te quiere.
En el apartado de agradecimientos, además de a los cantantes, hay que resaltar la gran labor que realiza la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Puebla de la Calzada, de la que es titular Don Teodoro Gracia Jimenez, ofreciendo en el teatro de la Casa de la Cultura todo tipo de espectáculos, entre ellos los de teatro y copla, que hacen las delicias del público. A los vecinos de La puebla: Ufi Rubio y Eduardo Correa, por su apoyo desinteresado para con los artistas que nos visitan y por último a ese público tan entendido y entusiasta y no quisiera olvidarme del técnico de iluminación y sonido por su buen hacer.
Un espectáculo de ole y ole, no se pude decir más. Viva la copla y sus intérpretes.

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VEINTE MIL LEGUAS DE VIAJE SUBMARINO
Por Juan Monzú. 30 diciembre 2015

No es fácil, leer una novela con el lenguaje del teatro porque mientras que la novela es descripción hasta del propio pensamiento si fuere necesario, el teatro es imagen, decorado, música, dialogo y, sobre todo, imaginación que los actores, en un constante ir y venir sobre el invisible puente que los une al espectador, nos ayudan a descifrar y comprender.
Pero cuando esa especial lectura nos llega de la mano de un espectáculo que desde el mismo oscuro inicial nos sitúa dentro del propio libro como tripulantes callados y curiosos de un transitar de veinte mil leguas de viaje submarino, se convierte en un agradable ejercicio de satisfacción que deja paso a una grata sensación de bienestar para el espíritu, de cuantos tenemos la voluntad de dejarnos sustraer por su belleza.
No hizo falta acudir a la novela, porque con un casi mágico juego de luces y sombras fuimos introducidos a través de su escotilla en el mismo Nautilus, y con un elemental y preciso juego de cambios de ambientación, sin variar un decorado tan sencillo como exacto, desde la comodidad de la platea conocimos el sofisticado submarino, “que aprovechaba el sodio del agua para generar energía eléctrica”, y hasta pudimos sentir la presión del pulpo gigante que amenazaba con quebrar el cristal del ojo de buey que nos conectaba con el exterior.
Aunque ese exterior fuera la misma profundidad submarina por donde, sin esfuerzo, teníamos la sensación que nos movíamos al ritmo que los movimientos, las palabras y los gestosdel profesor Aronnax, curiosidad y lógica, de Ned Land, fuerza, rebeldía, inquietud, del criado Conseil, fidelidad a cualquier precio, o del propio capitán Nemo, ingenio al servicio de una casi incomprensible venganza, nos marcaban en un permanente escribir y sobrescribir cada momento sin perder una sola nota de fuerza, de intención, de capacidad, que nos sujetaban a cada momento, para mostrarnos el momento siguiente y mantenernos expectantes con el que habría de venir.
Un exterior que siendo permanente horizonte para nuestras miradas, no dejaba de aparecer y desaparecer como una apuesta a la libertad, que se mostraba con la serenidad de un mar en calma, anchurosa e interminable sensación de paz, y con la fuerza arrebatadora de las mil cadenas invisibles que prohíben toda sensación de liberación y albedrío.  
No hizo falta acudir a la novela para conocer paso a paso la mente de Nemo a quien, bajo una serena presencia, ni personas ni cosas le producen el menor de los sentimientos, porque incluso en sus mutis, transmitía esa fría distancia que separar una mente reflexiva, aunque profana, de otra mente febril y desquiciada por más conocimientos que la adornen y la consagren. No hizo falta acudir a la película, ni al mítico Kirk Douglas, para conocer el alma de Ned Land, un hombre sin más ambición, ni más ni menos, que la libertad y sus viajes como arponero lejos de las órdenes delirantes de quien se ha convertido en enemigo de la humanidad. Soplo de aire vivo que circula en la estrechez del camarote para avivar la conciencia metódica y científica del profesor Aronnax, deslumbrado con la tecnología y los conocimientos, y despertar el espíritu de Conceil, observador de especies y comportamientos. 
Los movimientos precisos y la casi perfección de sentimientos de cada uno de los personajes, delimitan una diferente actitud y una desigual forma de enfrentarse a una realidad para, en definitiva, converger en la misma intención de ser libres más allá de cualquier tipo de sentimiento y deseo que puedan concebirse cuando no somos dueños de nuestra voluntad.
Y todo, dentro de un marco que nos arrastraba a creernos protagonistas secundarios de aquellos dispares esfuerzos, coautores de las ansias de libertad de Ned Land, al que fue fácil creernos en toda su dimensión hasta por encima incluso de Joan Manuel Brunet, que además de representarlo, lo encarnó de tal manera que, en adelante, no habrá más ni mejor Ned Land en cualquier imaginación; un marco que nos identificaba con el bueno de Conseil, prudente y noble, sencillo a veces, razónoscura, que Carles Pau dibujó multicolor dándole la más amplia dimensión al sentido de la lealtady la supervivencia.
Y en el que figurabael profesor Aronnax y sus ansias de conocimientos y aprendizaje, brillando con luz propia hasta en la sordidez imaginada del camarote, desde los gestos, la voz, los miedos, la emoción y hasta la ingenuidad necesaria con que lo vistió y revistió con su propia piel Benjamín Miguel, capaz, auténtico, histriónico al más puro estilo de los clásicos.
Dueño y señor del Nautilus, de los secretos, de las fórmulas, y también de su soberbia, su indiferencia y, tristemente, de sus inconmensurables ansias de venganza contra todo cuanto, más allá del mundo submarino, suene a humanidad, el capitán Nemo, vive, sobrevive y explota en Manolo Barroso que, porque no deja de crecer como actor en dimensión y recursos, pespuntea con verdadera maestría escénica cuantas matizaciones anímicas y personales encierra el tirano y excéntrico capitán, mostrándonos fielmente toda su incapacidad para ser auténticamente humanitario.
Y trabajo tan excepcional, en el que no debemos olvidar lalabor y el buen hacer de Marcel Manresa en la parte técnica para movernos de forma serena pero firme por la acción,y hacernos creer en el Nautilus, con sus luces y sombras, no podía tener mejor broche, de oro, que la llamada en clave musical, a la concordia, a la comprensión, la paz y el entendimiento.
Una apoteosis que elevó, aún más si cabe, a cotas de admiración la lectura con el libro del escenario, de una buena novela, escrita en esta ocasión con el saber hacer bien las cosas de Manolo, Benjamín,Carles y Joan Manuel.
A título individual, al tiempo que cuatro y uno, sencillamente…¡Teatro!

MIGUEL DE CERVANTES
Por Juan Monzú. 30 diciembre 2015

Conocer a Cervantes, hombre y escritor, de la mano de dos vagamundos anónimos, sujetos casi a partes iguales a sus héroes más entrañables con los mimbres de tres autores extremeños, no solo puede resultar una satisfacción, sino que termina por ser un verdadero y legítimo deleite para los sentidos. Un pulso indeleble de sí mismo, late en cada uno de sus personajes y casi cada una de las quejas, las risas, los consejos o las locuras de cada uno de ellos.
Don Miguel es materia y espíritu en el enfrentamiento, entre impetuoso y aturdido, de don Quijote con su propio yo, por más que al otro lado del espejo en el que se mira aunque no lo crea, tenga aquel alter ego apócrifo, vacuo y ridículo, que encontró en el intrincado mundo de las autorías y las ediciones; que se decía el auténtico, que contó, parece, en su concepción y formación con la ayuda de Lope de Vega que no era precisamente el mejor amigo del manco de Lepanto, y que por algún autor llegó a ser considerada mejor obra que la cervantina.
Un resentimiento que guarda el alma de don Quijote al conocer, cuando Cervantes escribía el capítulo 59 de la segunda parte de su “historia”, la existencia del Segundo Tomo del Ingenioso Hidalgo atribuido a un tal Fernández de Avellaneda, que lo presenta desenamorado de Dulcinea. Y que no es otro que el propio dolor que sufrió el autor por aquel libro, del que hace decir al diablo de un sueño de la doncella Altisidora que “es tan malo que si de propósito yo mismo me pusiera a hacerle peor, no acertara” Incluso en su testamento, Alonso Quijano lo llama “autor que dicen que compuso” y también, “escritor fingido y tordesillesco”.
Cervantes consideró su novela “Los Trabajos de Persiles y Segismunda”, la mejor de sus obras, aunque no tuvo la fortuna de llegar a verla publicada. No fue la vida del bueno de don Miguel reposada y tranquila, siendo él mismo un vagamundo que no paró, desde niño, demasiado tiempo en casi ninguna parte. Tal vez por ello, se hace más creíble su presencia en esta historia del peregrinaje de dos enamorados, incluso en la hilarante, inquieta, precipitada, ilógica, y casi disparatada arenga en la que, luego de un juego gestual exacto, casi de fotograma de cine mudo, se nos mostraron con un permanente juego burlesco de expresiones, gestos, idas y venidas, que alejado de toda etiqueta identificativa nos muestra a ese Cervantes postrero que no terminó de gustar demasiado con aquella novela casi póstuma, pero inquieto hasta en su descanso definitivo.

Por alguna razón, las quejas de aquel Quijote que se enfrentaba a su opositor al lugar que la historia tenía reservado para uno de los dos, flotaban por encima de los disparates, agridulces en ocasiones, de “nuestra” Segismunda desinhibida y cercana, y necesitadas de un bálsamo, si no el de Fierabrás, que suavizara aquella justa contrariedad que autor y caballero sintieron en lo más profundo de sus sentimientos, lastimados por más de uno de sus compañeros de letras, y señal de un camino, amargo más que perturbado, triste más que irreflexivo, taciturno más que afligido y, tal vez, necesario más que ilógico y justo más que antojadizo. Cervantes vivo, en cuerpo y hálito.
Como Cipion y Berganza, que en el Coloquio de los Perros hablan de la vida y filosofan sobre el comportamiento de los hombres, inminente la muerte de Alonso Quijano, lo hacen en su establo Rocinante y Rucio. Mientras aquel añora tiempos pasados y teme los venideros, Rucio, no ve en la ocasión más que la consecuencia natural de la misma vida, lo que lo convierte, como a su dueño Sancho, en el más cuerdo de los dos. Su filosofía es que con el comer seguro, no hay en la vida más allá.
Y aunque no las comparte, y las rebate con lenguaje sencillo y conciliador, palabras serenas y directas, y frases cortas y sensatas, no se opone a las reflexiones de Rocinante, preocupado por su futuro y por el propio caballero. Ni se inquieta en exceso, porque no entiende, ni quiere entender, el desasosiego de su compañero, íntimo a veces como si un sentimiento, más que un instinto, arañara sus adentro y sintiera que se rompe un invisible hilo que los une.
Aquel pulso indeleble continúa latiendo con un Cervantes cansado de casi todo; la vida no ha sido generosa con él y la vejez, los sufrimientos, las fatigas y la muerte, no cejan de estar presentes en su pensamiento, atormentado hasta el final de sus días con su don Quijote humillado, que agoniza en los huesos de Alonso Quijano. ¡Por qué no, el mismo Cervantes!
Puesto ya un pie en el estribo…”, escribió Cervantes cuatro días antes de morir, en la dedicatoria de su última novela. Y aunque “todavía me quedan en el alma ciertas reliquias”, en las últimas horas resuena el eco del recuerdo de aquella azarosa vida de vagamundo, soldado y escritor, crédulo, ignorante y rebelde, que estando preso del turco, hasta cinco veces intentara fugarse, sin que el Ingenioso Hidalgo dejara de cabalgar en su imaginación, atormentado por galeotes, bachilleres, perros de Mahúdes, casamientos engañosos, celosos extremeños, y princesas Micomicona. La campana de las Trinitarias, toca Completas… llega la noche, se agota la llama titubeante que apenas alumbra su último aliento. Pero nos dejará un pulso indeleble.
Miguel de Cervantes, obra presentada por “De la Luna Teatro” llega a lo más hondo de nuestro intimo ser todos Quijotes, porque nos acerca de la mejor manera posible a un mundo más parecido al nuestro propio, de lo que podemos creer.  
Francis Lucas y Jesús Manchón – que tanto monta – en una total identificación con los vagabundos casi ingenuos que nos la presentan sin palabras y mueven cada cambio de cuadro con gestos tan acertados que, si hubiéramos cerrado los ojos, podríamos haber imaginado el movimiento adecuado de un decorado que nadie necesitaba, son capaces de convertirse en Quijote, en Rucio, en Persiles y Segismunda y en el mismo incorpóreo Miguel de Cervantes, con la misma facilidad y cuasi prudencia con que hacen mutis mientras lucen un cartel, cine mudo en su más pura esencia, que baja el Telón de una jornada tan mágica y brillante que, a su pesar, deja un triste sabor de boca porque se apaga el escenario tal vez demasiado pronto. ¡Aunque lo bueno, si breve, dos veces bueno!

CRÍTICA COPLERA
Por Pepe Palma “El abuelo coplero”. 15 Noviembre 2015

En la noche del viernes 13 y sábado 14 de noviembre de 2015, en la localidad extremeña de Puebla de la Calzada (Badajoz), por donde discurre la calzada romana que comunicaba la Emérita Augusta con la Lusitana, se celebró el II Concurso de Copla denominado “Festival Guadiana”. Este certamen desde su inicio allá por los años 60 del siglo pasado se prolongó hasta mediados de los setenta, en el que sin que se sepan los motivos se dejó de celebrar, siendo retomado desde hace poco tiempo. Cada año se dedica a una actividad artística diferente, organizado entre otras entidades y colaboradores por la Concejalía de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de la localidad. En esta ocasión le ha tocado repetir turno a la Copla y Canción Española, con la celebración del citado concurso en el teatro de la Casa de la Cultura de la Localidad. 
Este concurso coplero ha contado con un extraordinario abanico de cantantes de copla que ya tienen un cierto bagaje artístico, no en balde han participado en tan afamados concursos como “Se llama copla” de Canal Sur y “A tu vera” de la Televisión de Castilla la Mancha.
El espectáculo estuvo conducido por, el aficionado de la localidad, JOSÉ LUIS RODRIGUEZ, que comenzó presentando a los miembros del jurado formado en su mayoría por cantantes profesionales y personal estudioso de la copla además del Concejal de Cultura del Excmo. Ayuntamiento. El evento, más que un concurso, en realidad, era un recital coplero al más genuino estilo de los años cincuenta y sesenta, sustentado por: un escenario decorado para la ocasión por JUAN FRANCISCO POZO ; unos artistas copleros al cien por cien que se entregaron de principio a fin y un público receptivo, logrando hacer un espectáculo en toda regla. Por eso no es de extrañar que el “Jurado” con sabio criterio, ante la calidad de los intervinientes, optara por que la decisión final sobre ganadores y accésits se dejara para la gran final del sábado, en laque volverían a intervenir los diez. 
El Jurado estaba compuesto por las siguientes personas: FERMÍN GARCÍA- Cantante del grupo + boleros; NENE RAMOS. Cantaora de flamenco;LUIS NÚÑEZ. Músico; PEPE PALMA “EL ABUELO COPLERO”. Cantante amateur y estudioso de la copla; FELY ACEVEDO. Cantante profesional;JUAN SANGUINO. Cantante de la Orquesta Agua Clara; SOFÍA DURAN, representante del público y cantante amateur;TEODORO GRACIA. Concejal de Cultura y autor teatral.
Al iniciarse la Final, se guardó un minuto de silencio por los atentados ocurridos la tarde del día anterior en Paris.
Premios:Primer premiso dotado de 750 €; Segundo premio dotado de 500 €; Tercer premio dotado de 300 €; Accésits de 150 € y una bata de cola confeccionada por el diseñador local UFI RUBIO, para la primera dama clasificada.
Este año ha contado con los siguientes participantes y repertorio interpretado por casa uno de ellos en la semifinal y final: MARIEL “LA CHISPA”. En la semifinal interpretó: “Esclava de tu amor” de Rafael de León y Juan Solano y “Mis trenzas” de Guerrero y Castellano. En la final interpretó las coplas: “Vino amargo” de Solano, Cabello y Freire y “La encrucijada”, del maestro Rabay.
MARISA MARTÍN. En la semifinal interpretó: “En las cruces de mi reja” de Quintero y Mostazo junto con “Y sin embargo, te quiero” de Quintero, León y Quiroga. Ya en la final interpretó las coplas: “Poema de mi soledad” de Rafael de León y Juan Solano y “Romance de Valentía” de Quintero, León y Quiroga.
MAITE ADRIAN. En la semifinal interpretó: “Muero por la copla” de Rafael Rabay, y “Torre de arena” de Llabrés, Gordillo y Sarmiento. Ya en la final interpretó las coplas: “María de la O” de Valverde, León y Quiroga y “Cinco farolas” de Ochaita, León y Quiroga.
ANTONIO CARBONELL. En la semifinal interpretó: “Tus ojos negros” de Rafael de León y Manuel López Quiroga y “Vino amargo” de Solano-Cabello-Freire. Ya en la final interpretó las coplas: “Mi Salamanca” de Rafael Farina” y “Los tientos del cariño” de Gordillo, Quintero y Leon Arias.
MARILO RUIZ. En la semifinal interpretó: “Cría cuervos” de Ochaita, Valerio, Montorio y Solano, y “Silencio por un torero” de Quintero, León y Quiroga. Ya en la final interpretó las coplas: “Ay, Soledad” creación de Macarena del río, compuesta por José Alfonso, Rivas y Gardey, y “Mañana sale” de Quintero, León y Quiroga.
CRISTINA SERRANO. En la semifinal interpretó: “Los cuatro candiles” de Quintero y Gordillo y  “Mi Salamanca” de Rafael Farina . Ya en la final interpretó las coplas: “Con mis propios ojos” de Quintero, León y Quiroga y “El emigrante” de Salazar, Quezada y Valderrama.
RAÚL DÍAZ. En la semifinal interpretó: “Celos del Río”, creación de Pastora de Algeciras, de los autores Hermanos Marcos y el maestro Rafael Jaén y “Tres veces loco” de Rafael de León y Juan Solano. Ya en la final interpretó las coplas: “En el último minuto” De Rafael de León y Juan Solano y “Mi amigo”, de los mismos autores.
MONTSE DELGADO. En la semifinal interpretó: “Sólo vivo pa quererte” de Quintero, León y Quiroga, y “En una esquina cualquiera de León, Molina Moles y Quiroga.
Hacer constar que: Montse Delgado, no estuvo presente en la final por motivos personales, ajenos a la Organización, pero debe quedar constancia de que el público la echó mucho en falta por lo que había gustado su intervención en la primera gala.
ISABEL RICO. En la semifinal interpretó: “Maldito sea el querer” de Quintero, León y Quiroga y “Callejuela sin salida”, de los mismos autores. Ya en la final se decidió por: “A ciegas” de Quintero, León y Quiroga y “Me valga la Magdalena” de León, Molina Molés y Quiroga.
AMARA TEMPA. En la semifinal interpretó: “Compañero” de Rafael de León y Juan Solano y “Te he de querer mientras viva”, de Rafael de León y el maestro Quiroga. En su actuación en la final se decidió por interpretar “Aquélla Carmen” de León y Solano y “Lola la Cantaora” cuya autoría se cree que fue de su creadora, Lola Montes.
Al final mientras el jurado deliberaba sobre la clasificación final de los intérpretes actuó como invitado el ganador de la edición anterior: OSCAR MANUEL CALDERÓN BARRAQUERO, de Olivares (Sevilla), que interpretó las coplas, “Patio Banderas” de Currito y Monreal. “”A tu vera” de Quintero, León y Quiroga y “Dinero y Riquezas”, de Rafael Farina. Accediendo a la petición del público cantó a capela la primera parte de “Las campanas de Linares”, de Rafael Farina.
El espectáculo se cerró con la entrega de premios por parte del Alcalde de la localidad D. JUAN MARÍA DELFA CUPIDO, Siendo los tres ganadores:
1º Premio. ISABEL MARÍA RICO. de Málaga; 2º Premio. MARISA MARTÍN de Alcalá de Guadaira. Sevilla y 3º Premio. AMARA TEMPA de Málaga.
Todos los intérpretes estuvieron a gran altura.

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EL DESCANSO DE CARONTE
Por Juan Monzú. 25 Octubre 2015

Por alguna razón, los dioses quisieron que una cuestión de precio, fuera la diferencia entre el descanso eterno o permanecer errantes por un invisible inframundo. Un óbolo para comprar al barquero Caronte, separaba la paz después de la vida, de una poco menos que errante eternidad para las almas llegadas con las manos vacías, que después de cien años, el barquero pasará al otro lado del rio Aqueronte y dejarán de vagar. Caronte es inmortalmente viejo, murmurador, incorrecto y maldiciente; Caronte es inmortalmente sombra en mitad de todas las sombras, oscuridad en medio de la misma oscuridad, respuesta sin pregunta, decrepitud, declive, ocaso, noche que no encuentra su mañana. Y al mismo tiempo, Caronte es inmortalmente la fuerza que nos impulsa hasta el ignorado destino final, el aire que nos respira, la figura difusa de nuestra propia figura, la vida de la misma muerte y la inmortalidad en la propia inmortalidad del espíritu. Pero un día, Caronte siente la necesidad de hacerse preguntas que no tienen respuesta y se encuentra buscando algo que explique su existencia, un gesto, una palabra; algo que dé razón a su intemporal monotonía de remar constante entre una y otra orilla, sin más sentimiento que compensar el viaje al Hades; una causa, un por qué, a su permanente bogar cargando pecados, cualidades, sueños, defectos, confesiones, desvelos, inquietudes, fracasos, triunfos, derrotas, victorias y deseos insatisfechos, que se han quedado en algún rincón de la existencia perdida dejando un caleidoscopio de sentimientos que a casi nadie importan; Caronte busca algo que dé coherencia a su persistente cercanía a la muerte sin que nunca haya podido llegar a tocarla; algo que lo conexione con la humanidad, con la vida que nace, vive y termina. ¡Y termina! ¡Porque la inmortalidad lo cansa! Caronte sueña la insatisfacción de su perseverante búsqueda del óbolo en las bocas huecas de las almas muertas; sueña el roce de una caricia en su inmaterialidad, una lágrima, una sonrisa que no sea la última; y sueña una inesperada necesidad de hacerse mañana, puesta de sol, claridad y sentimiento. Caronte llora, sufre por el niño de traje verde víctima de una guerra cruel como todas y cada una de las guerras; y por la anciana, suficiente para subir a la barca y que, aunque no consigue entender casi nada, sabe que es necesario descansar, dormir hasta siempre porque la inmortalidad, utopía sugerente, no parece una opción válida a este transitar de unos pocos de años que es la vida. Caronte se siente derrotado con la mirada de aquel niño cargada con un millón de preguntas, y ante la que sus ojos inmortalmente negros, no pueden soportar mirar porque… ¿por qué? Caronte se aflige con la muerte del niño, él que es parte e instrumento de la misma muerte; y sonríe con la vida, cansada y serena, de la anciana que quiere descansar; llora con el sufrimiento y el dolor y, por una vez, se pregunta, duda, tiembla, no está dispuesto a transigir más con la muerte cargada de óbolos ni con la muerte gratuita de niños. Se siente cansado, humillado y tan viejo, que necesita reposar, dormir, respirar sereno; descansar de la inmortalidad y hasta de sí mismo. Santi Senso, se rompe imbuido de Caronte en un grito a veces mudo y quebrado, desde la negritud de sus ropajes, desde el lamento de su voz y, sobre todo, desde la quilla figurada por cinco sillas sobre las que coloca a cinco espectadores, espíritus anónimos, sin que pueda dejar de remar una intemporalidad que sangra necesidad, sentimiento y cansancio. La muerte aguarda, blanca, serena, sonriente, trovadora de sueños… Por fin, Caronte siente el calor frío de su piel, y de su mano se dispone a descansar ambicionando haber vivido ese instante, ese gesto, esas pequeñas cosas que, los vivos, acostumbramos a ignorar por lentas, por humildes, por insignificantes. El can Cerbero, se sentirá un poco más solo.

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BARROCAMIENTO
Por Juan Monzú.  17 octubre 2015.

Hombres necios que acusáis/ a la mujer sin razón/ sin ver que sois la ocasión/ de lo mismo que culpáis…”,  
En el inesperado Parnaso de la tramoya de un Corral de Comedias, el caprichoso proceder de las musas ha querido reunir las almas de las autoras de los textos que una compañía actual ensaya, sin sospechar no solo su presencia sino, además, su sorpresa al comprobar que lo que un día vieron solo apreciado por unos pocos, ahora es objeto de admiración.
Tres mujeres que pasaron a la historia casi sin hacer ruido y que sobreviven en la memoria, desconocidas por casi todos y lejos del lugar que en estos tiempos de exigencias y reconocimientos les corresponde por derecho. Porque Feliciana Enríquez, María de Zayas y Sor Juana Inés de la Cruz, debieran ocupar, junto a otras que lo hacen, el altar de las justas ansias de las mujeres que creen y defienden la igualdad de derechos; porque ellas creyeron y lo defendieron con su pluma, que desprende una acendrada fuerza en defensa de la mujer. Y lo hicieron, contra una sociedad a la que no le gustaban demasiado por ser mujeres y cultas, aunque Lope de Vega admiraba a Feliciana Enríquez, del trabajo de Maria de Zayas, el censor de Aragón dijo “no hallo que estas diversiones ingeniosas ofendan las regalía de Su Majestad ni a las buenas costumbres” y Sor Juana Inés de la Cruz fue conocida en su tiempo como el Fénix de América y la Décima Musa.
Las vidas de estas tres mujeres del Siglo de Oro de las letras, se deslizan con suavidad por un rastro de versos y frases, en un instante inconcluso y suspendido en el cielo de las rimas y los estrambotes. Sus vidas van y vienen, en forma de velado enfrentamiento, justificado orgullo que asiste a cada cual sobre su forma de defender lo que se niega a la mujer, o de agridulce recuerdo de un tiempo de dificultades. Alguna vez, sus versos claman justicia para la deslealtad con que fueron tratadas, como sucede con Feliciana Enríquez, (“mintiendo su nombre y transformada en hombre”); también como un tristemente desgarrador lamento por los desengaños, que protagoniza Maria Zayas (“¿Que más desengaños aguardáis que el desdoro de vuestra fama en boca de los hombres? ¿Es posible que no reconozcáis que en los hombres no dura más la voluntad que mientras dura el apetito, y en acabándose, se acabó?”); y en ocasiones, en forma de canto en defensa de la esencia femenina, como  Sor Juana Inés de la Cruz, monja jerónima, (“¿Cuál es de más culpar/aunque cualquiera mal haga/ la que peca por la paga/ o el que paga por pecar?”)
En un pausado y continuo suceder, Barrocamiento nos introduce, de la mano de sus propias palabras, en sus sentimientos, sus pesares y sufrimientos no ya como mujeres sino también como seres vivos, víctimas de los tiempos a pesar de su arte y su capacidad para la lírica, la narrativa o el teatro. Y, en un punto de naturalidad que da color a su grandeza, su ingenuidad ante la vida actual y sus propias palabras, a pesar de su saber para imaginar y crear mundos nuevos.
Alicia Lobo pone la templanza de la vida religiosa de su personaje y la fuerza que ha menester para defender a la mujer; Rocío Marín, se desgarra golpeada por los desengaños y se afana como la mujer cargada de experiencias que fue María de Zayas; y Zaloa Zamarreño dibuja un tempo perfecto para Feliciana Enríquez de la que se dice, estudió en Salamanca vestida de hombre. 
Un duelo interpretativo que revive el ímpetu de tres mujeres, vivas intemporalmente, a las que no se les ha dado el mérito necesario como escritoras en un mundo de escritores, y como mujeres haciendo frente a un mundo de hombres.  Un duelo que nos ha dejado un poético sabor de boca.

EL SECUESTRO DE LA BANQUERA
Por Juan Monzú. 16 Octubre 2015

A pesar de que los tiempos son los que son y el poder del dinero ha corrompido a una parte de la sociedad y ha empobrecido a mucho más de una buena parte del resto de los que no somos más que simples espectadores sujetos al vaivén que impulsan los poderosos y los ricos, no siempre el bueno es tan bueno como parece o como quisiéramos que fuera, ni siempre el malo es el despiadado personaje que, por encima de su realidad de déspota y opresor, dibujan sus propios modos tal vez en beneficio propio. ¡O si! ¡O es posible! ¡O no!
Lo malo, es que la verdad está en donde está y nadie sabe cuál es ni dónde está, porque esa verdad, complicada y marrullera, ha sido, es y será perfectamente diseñada y presentada por quienes ejercen el poder, manejan los dineros, compran las intenciones y por los que, además, dicen hacerlo en nombre nuestro.    
De entrada, directo al corazón que diría el viejo roquero, la escena nos sumerge en la facilidad para el abuso del que se vale constantemente el poderoso, que no solo lo ejerce para ganar dinero sino por el simple capricho de darse un capricho más, queriendo controlar hasta la pureza de sangre que al poder, al poderoso o poderosa, le conviene, le cuadra o le satisface.
Y de repente, el poderoso parece convertirse en el débil, el oprimido en opresor, el dominado en dominador, en lo que parece un ataque frontal al sistema, y en especial al sistema financiero, con el secuestro de la banquera, mujer despiadada con propios y extraños, que ni tan siquiera reflexiona porque el poder no se permite perder un segundo para conseguir su propósito. Una mujer manipuladora, embaucadora, que a pesar del papel de víctima que los sayones que la retienen le han asignado, no pierde en ningún momento la posibilidad de ejercer aquel para el que ha sido preparada y que no es otro que el de verdugo que sabe lo que ha de hacer en cada momento, con el triunfo como meta en todo cuanto se propone, para conseguir manejar sin dificultad la situación de lo que resulta un secuestro rocambolesco, absurdo y tan chapucero como imposible
A un ritmo trepidante, espídico, El Secuestro de la banquera nos deja ver con clave ácidamente satírica, revestida en muchas ocasiones de una aparente ingenuidad, la verdad de esta sociedad mercantilizada en la que el rico y poderoso no va a renunciar jamás a sus privilegios y manejos y el débil no tendrá más remedio que luchar, ingeniar, intentar salidas, a la desesperada a veces, para sobrevivir. Aunque en el fondo, la verdad de todo, no tiene más nombre que dinero y poder, y por conseguirlo, los ricos y poderosos, como canta Serrat, “no conocen ni a su padre cuando pierden el control”.
Que a la postre, es la consecuencia y la verdad de El Secuestro de la Banquera, porque lo que parece un ataque contra el sistema, resulta ser una venganza personal y familiar organizada por su propia madre que se resiste a no ser nadie y a pasar desapercibida en un mundo de apuestas y frenéticas carreras por ser el primero y por no dejar de parecer lo que no se es, en multitud de ocasiones. Porque nada es lo que parece, en El Secuestro de la Banquera, nadie es quien dice ser, y solo los ingenuos que creen y confían en el poder, son los verdaderos perdedores de esta y otras muchas historias, reales, a lo largo de los tiempos.
De la amabilidad a la violencia, del consejo a la orden, de la prudencia a la temeridad, de la caricia a la tortura, el poder transita por cuantos caminos y veredas sean necesarios; del amigo al enemigo, del socio al infiltrado, del perdón a la venganza, del amor al desprecio. En el Secuestro de la banquera, todos estos registros están patentes a golpe de humor muchas veces, pero con el regusto amargo de que, tristemente, no parece que las cosas vayan a cambiar a corto plazo y, en definitiva, protestas, gritos, denuncias, llantos y, quien sabe, hasta secuestros, serán solo pequeñas piedras en su zapato, porque el rico y poderoso, siempre va a proteger al rico y poderoso.
¡Disparatada! ¡Incisiva! ¡Precipitada! ¡Burlona! ¡Alocada! ¡Agridulce!

“LA NOCHE DE LAS TRÍBADAS", el cruel retrato de Strindberg.
Por Esmeralda Torres 10 octubre 2015

Jorge Torres y Pepa Gracia brillan con luz propia en el montaje que dirige José Carlos Plaza y que inauguró el XXXIV Festival Nacional de Teatro ‘Vegas Bajas’.

 “Algo se está fraguando”. Es una de las líneas del progresista texto de La noche de las tríbadas, obra que escribió el sueco Per Olov Enquist y que se convirtió en la más traducida y representada del siglo XX. Se trata de un ejercicio de metateatro en el que se relata un momento de la vida que vivió el dramaturgo August Strindberg, quien, a lo largo del siglo XIX, compaginó su oficio con un día a día salpicado por penurias económicas y relaciones tormentosas. Ahora, en pleno siglo XIX, José Carlos Plaza la reinventa bajo su dirección y con la interpretación de Jorge Torres, Montse Peidro, Óscar Ortiz de Zárate y Pepa Gracia. Un espectáculo rebosante de humor negro que descuartiza socialmente a cada uno de sus personajes, y que se ganó el exitoso aplauso de la inauguración del XXXIV Festival Nacional de Teatro ‘Vegas Bajas’.
Pasadas las 21:30 horas, el dramaturgo August Strindberg –Jorge Torres- y la señorita Marie Caroline David –Pepa Gracia- salían a escena deambulando sobre un escenario en penumbra. Telas colgantes de terciopelo rojo decoraban una escenografía presidida por varias cajas de cerveza y un antiguo juego de mesas y sillas que transportaban al espectador al Teatro Dagmar de Copenhague, allá por 1989.
En esos primeros instantes, pocos descifraban la estelar interpretación que haría Torres de Strindberg. En su línea de dramaturgo ahogado por la realidad y misógino desquiciado, el actor se mete al 100% en la piel del viejo holmiense protagonizando momentos de auténtica soberbia e intransigencia que erizan el vello de todos los asistentes. A pesar de algún que otro arranque de debilidad lleno de explicaciones por sus arranques, Strindberg es un monstruo que muere matando.
El monólogo culmen de Gracia
El dramaturgo utiliza la escritura como vía de escape a la realidad que vive. Su mujer, la consagrada actriz Siri von Essen –Montse Peidro-, lo abandona enamorada de su amante, la señorita Marie Caroline David –Pepa Gracia-, alcohólica y atestada de prejuicios sociales por su homosexualidad. Ésta borda al sujeto más cuerdo y próximo a la lógica del cuarteto, con una dispensación de dosis de delicadeza y carácter que le permite plantarle cara a Strindberg. El personaje alcanza su punto álgido con la evocación a su madre y su infancia, un momento teatral que puso la piel de gallina a diestro y siniestro.
Por su parte, Siri, que luce el más vistoso de los atuendos que Pedro Moreno, con la ayuda de Rebeca Durán y Almudena Cerezo, ha diseñado para el montaje, se convierte en la reina de la paciencia durante todo el montaje y redondea su papel brillando con luz propia en la fase final, cuando consigue enfrentarse a su reprobador y declararle su amor a Marie.
Hansel Schiwe –Óscar Ortiz de Zárate- es el único personaje ficticio de la pieza. Un chiquilicuatro con alma de actor que, con asombro y fraternidad, protagoniza los momentos de mayor comicidad con su intento de neutralidad.
Uniformidad creativa con el sello de Plaza
El texto, escrito en 1975, posee carga por sí solo. Enquist hace una dura crítica social y sexual a la sociedad de finales del siglo XIX mostrando cómo las mujeres trataban de luchar por unos derechos y unos principios, y cómo el hombre trataba de desmontarlos continuamente exigiendo siempre una posición central. La obra recalca cómo los países del norte de Europa siempre han ido por delante en la lucha por alcanzar la libertad y vaticina la situación actual al asegurar que “la mujer del futuro no nos necesitará”.
José Carlos Plaza, tan magistral como de costumbre, consigue que el texto no quede obsoleto y que los diálogos mantengan un toque especial dando una uniformidad creativa digna de aplauso. Uno de los momentos más majestuosos, el final a cargo de Ortiz de Zárate que narra el futuro de los protagonistas. Un espectáculo sublime, de los que te hace sentir afortunado por haberlo presenciado.

LA NOCHE DE LAS TRIBADAS
Juan Monzú.  10 octubre 2015

Lo que no parece que vaya a ser más que el ensayo de una obra de teatro, se va a convertir en el escenario de las pasiones y los fracasos de unos seres marcados quizás no tanto por el destino cuanto por sus propias debilidades.
Una actriz, Siri, que se cree diva de la escena, un autor ególatra, Strindberg, que escribe deformando su propia realidad y un segunda actriz, Marie Caroline David, que muestra una fuerte personalidad refugiándose en la bebida para no mirar de frente lo que no puede borrar de su recuerdo, se enfrentan con más crueldad que cinismo, en un conflicto que hierve todavía, a pesar de los años, en su interior. Difuminado en medio de las tormentas personales, el director de la función, Hansel, que une y desune a los personajes, conectados por unos deseos encontrados que son incapaces de subyugar cuando ruge en su interior el pasado, que el autor trasviste de resentimiento y acusaciones, la diva de recriminaciones y Marie Caroline de cansancio y deseos de mirar al frente. Un mequetrefe que solo aspira a adular al autor, a cambio de su burla  y su rencor. 
Las pasiones, se desatan tan incisivas y cortantes que, en ocasiones, parecen llegar a rasgar la misma alma hasta más allá de lo humanamente soportable. El tiempo que los separa, los enreda en un recuerdo cargado de fantasmas. Los reproches pueden herir en lo más profundo, los deseos borbotean a flor de piel, los celos, o quién sabe si la envidia, van y vienen del amor por su mujer y la fobia por la amante de esta, y los resentimientos afloran desde una botella de cerveza, desde la crítica mordaz y cruel, desde la acusación más desleal, y hasta desde la reflexión más coherente, a pesar de todo, que casi siempre nacen de la tercera en discordia.
Papel que representó Pepa Gracia con su bien saber hacer y estar, moviendo a su personaje por los diferentes estados, sobria, indiferente, liberal, triste, humillada, no humilde, y alcohólica, y llenando con maestría su espacio en los largos silencios que requería el personaje, que parece flotar en un ambiente sórdido que no debería corresponderle pero que acepta, como a su botella de cerveza.
El autor, con el que se mimetiza el actor Jorge Torres, divaga y zigzaguea permanentemente entre la realidad y la fantasía, entre la realidad que hubiera deseado y que ha modificado al escribir la obra para satisfacer su egocentrismo y poder lamer sus propias heridas, y que tiene que aceptar por encima de sus deseos y capacidad de perturbar el entorno, de forma tan ingenua como despiadada.
Siri, con ademanes de diva, solo espera representar, mostrarle al mundo la capacidad interpretativa que ella cree tener e intenta defenderse de los reproches recurriendo siempre a la necesidad de ensayar. Importante el esfuerzo de Montse Peidro, para dejarnos ver la verdad de su personaje.
El director de la función, se intercala en los instintos de los tres, a veces como bálsamo, a veces como un inconveniente, y aunque siempre sale mal parado, su pequeñez de espíritu lo lleva a insistir una y otra vez con idéntico resultado. Oscar Ortiz de Zárate, dibuja a la perfección el fracaso que, como dice al final, resultó ser aquella obra que ensayaban.
La noche de las tríbadas, es la noche del ser humano sin calificativos, y nos muestra sus tinieblas sin tapujos, desde una cuidada escenografía y de la mano de cuatro actores que se identifican a la perfección con los personajes y con esas sombras que, a veces, nos empequeñecen y no conseguimos contener. Tal vez porque las pasiones y los sentimientos son parte univoca del ser humano y del personaje, ser humano a la postre, revestido de tal vez y de imposible.

EL JUEGO DEL AMOR Y DEL AZAR
Juan Monzú.  10 octubre 2015

El traje, el disfraz que a la postre reviste al amor mientras no es más que un concepto del que todos oímos hablar más pronto que tarde y al que todos, o casi, queremos llegar, representa un importante papel en este juego en el que los seres humanos nos embarcamos, a veces con más deseo que voluntad y otras, con más desconocimiento que intención, porque algo nos llama, nos atrae o nos conquista.
Ese disfraz, en ocasiones simplemente el azar, es la condición de cuanto ha de venir para que dos seres se encuentren en un camino que han recorrido sin saber uno del otro o, en todo caso, sin saber que cada uno será esa segunda piel que necesitamos todos, aunque venimos desprovistos de ella.
Porque durante mucho tiempo, el amor fue la variable de un negocio, de estado o de familia, pero negocio al fin con el que se sellaban alianzas y se incrementaban patrimonios económicos y sociales, fiel a la tradición la señora Orgón no tiene inconveniente en acordar la boda de su hija, Silvia, que ni lo sabe ni lo supone, con el hijo de un ricohombre, Dorante, que se propone visitarla antes de formalizar la boda. Pero, como hemos de imaginar que a lo largo del tiempo pasó más de una vez, Silvia decide jugar, disfrazarse de lo que no es para ver como espectadora el papel que habría de representar como protagonista, intercambiando sus vestidos, “su disfraz” con los de Liseta, su criada, mientras que Dorante, ha tenido la misma confundida idea y cambia su identidad con Arlequín, su criado.
Las emociones se entrecruzan, el amor no niega su esencia y su presencia haciéndose visible y palpable como le corresponde, y los sentimientos nacen más allá del traje físico de cada uno porque el disfraz, la auténtica emoción, va a ser el azar al que contribuye sobremanera Arlequín, personaje indolente donde los haya, que jugando el papel de su amo va a poner en este cruce de inquietudes y sentidos una pizca de desvergüenza, de frescura y de picardía, que contravienen la razón pero que, a la postre, agradecerá el corazón que no puede hacer otra cosa que rendirse a la verdad más absoluta.
El disfraz del propio disfraz con el que los personajes ocultan sus verdades personalidades, es el enredo, la confusión que, a pesar de todo, a modo de nexo de unión se va convirtiendo en concordia y entendimiento, asaltadas por la desconfianza, la inseguridad en el otro al conocer la verdad, y a las que el amor y su ingrediente el azar ayudará a superar y sobrepasar por encima de normas y convencionalismos.
Arantxa Hernández, en el papel de Silvia, mantiene la atención y el pulso interpretativo casi de forma permanente; Patxi Jericó, es un perfecto Arlequín en expresiones muy bien construidas y gestos muy apropiados; Javier Merino es Dorante al que lleva de la mano hasta ser capaz de renunciar a su identidad por amor; Puy Ruete es perfecta como Liseta, la criada desinhibida de formalismos a quien solo le importa la oportunidad de casarse, y además, creyendo que con un señor de posibles; Pilar Moreno, dibuja muy bien a la madre convencida de haber negociado el casamiento de su hija al tiempo que complaciente con su intención para ser determinante al desenlace final.
Interesante y acertado el recurso empleado por el director, José Gomez-Friha, dejando en escena a los personajes que no intervienen en la acción principal, al fondo, visibles para el espectador que así no olvida que también son parte del juego.
La puerta al fondo, en un decorado colorista y sencillo, que abre y cierra el paso al amor y al desengaño, se convierte en el principal elemento silencioso para entender el desarrollo de este Juego del Amor y del Azar

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